Al margen de la crónica

Nunca lo hagas frente a un marinero

La amante y luego esposa de Eduardo VIII de Inglaterra, que abdicó del trono por su amor, no era guapa y tenía, además, “una voz americana metálica y chillona”, según la carta de un marinero que se ocupó de la pareja durante un crucero.

El rey y su amante, la estadounidense Wallis Simpson, son objeto de burla en la carta que envió en 1936 el marinero Jim Richardson desde el yate Nahlin y que se subastará próximamente, informa el Daily Telegraph.

El camarero cuenta una pelea que tuvo a bordo la pareja: “Una noche salieron (a cubierta) a eso de las dos y se habían peleado evidentemente”. Y agrega que la pelea, a gritos, duró “una hora aproximadamente para después calmarse poco a poco”.

El autor de la carta dice que el rey, que “estaba muy bebido”, no quiso nunca la corona de Inglaterra, pero lo habían obligado a aceptarla el primer ministro, Stanley Baldwin, y el Parlamento. La carta, de dieciséis páginas y manuscrita, describe el crucero real por el Mediterráneo y en ella el marinero cuenta a la destinataria, su madre, que, “como la mayoría de las americanas, (Wallis Simpson) lleva mucho maquillaje encima”.

Del monarca dice que “habla con acento de Oxford y tartamudea a veces un poco... es fácil llevarse bien con él y, de hecho, no parece rey”, para describirlo luego como “un estudiante universitario que no ha crecido”.

La carta estuvo guardada en una caja fuerte durante setenta años antes de que la vendiesen y el 18 de noviembre será subastada en la localidad inglesa de Ludlow.

Eduardo VIII (1894-1972) fue monarca del Reino Unido y emperador de la India durante solamente 326 días, desde la muerte de su padre, Jorge V, el 20 de enero de 1936, hasta su abdicación el 11 de diciembre del mismo año para contraer matrimonio con Wallis Simpson. Se casaron en Francia en 1937. Después de abdicar, Eduardo había sido nombrado duque de Windsor (con tratamiento de Alteza Real) por su hermano menor, el nuevo rey Jorge VI. Su nueva esposa recibió el título de duquesa de Windsor, pero no la dignidad de Alteza Real. Este hecho encolerizaría al duque durante muchos años.