Un Delta sensorialmente trágico

“LA LEÓN”
Un Delta sensorialmente trágico

Vidas ásperas. El agreste paisaje isleño se interioriza en los personajes que habitan el Delta del Paraná. Una historia con muy pocas palabras y mucha imagen, donde se destaca la espléndida fotografía y la dupla actoral integrada por Jorge Román y Daniel Valenzuela. Foto: Gentileza 791 Cines.
“La León” Argentina-Francia, 2007. Dirección y guión: Santiago Otheguy. Fotografía: Paula Grandio. Montaje: Valeria Otheguy, Sebastián Sepúlveda. Música Original: Vincent Artaud. Diseño de producción: Sergio Rud. Edición de sonido: Martín Limonovich. Sonido: Abel Tortorelli. Duración: 85 min. Se exhibe en LOA Proarte, 25 de Mayo 1867.
Rosa Gronda
“La León” es una película contemplativa (su fuerte es la fotografía) de imágenes en blanco y negro, con las que se construye un universo propio y singular en el Delta del Paraná. Este mundo, básicamente masculino y de geografía agreste, también alberga (como “Secreto en la montaña”) pequeñas historias secretas, sensuales y violentas, que desnudan prejuicios atávicos.
La atmósfera sensorial que invita al regodeo visual, se quiebra en momentos de suma tensión, con una lúcida utilización dramática de la geografía salvaje del paisaje, el gran protagonista, junto a la excelente dupla actoral de Jorge Román (“El Bonaerense”, “Nordeste”) y Daniel Valenzuela (“Mundo Grúa”, “Tiempo de valientes”).
Jorge Román es Alvaro, un joven islero, silencioso y solitario. Su vida transcurre entre peces y juncos, que son su forma de sustento. Signado por la orfandad, ha heredado el oficio y la canoa de su padre. Su relación más cercana es con Iribarren, un anciano que teje canastas con los juncos del lugar, a pesar de sus manos deformadas por la artrosis y las cicatrices de trabajos rigurosos. También repara libros para la escuela de la isla, con una sensibilidad inusual en un medio que no parece interesado en la lectura pero siempre tiene un televisor prendido.
El nexo entre la vida urbana y la isla es una lancha “El León” (que se menciona con el artículo femenino del vehículo, suprimiendo el correspondiente al nombre). Este vínculo socializador es conducido por “El Turu” (Valenzuela), un personaje gregario y charlatán que debajo de su barniz amistoso es profundamente intolerante, agresivo y reprimido. Es el que congrega en los partidos de fútbol, los bailes y las reuniones sociales en el boliche de la isla. De personalidades opuestas, choca permanentemente con Alvaro, a quien agrede verbal y físicamente, cada vez que se rozan.
Este duelo de opuestos (con un crescendo y un clímax) se da también con el trasfondo de un paisaje en permanente transformación, que da pie para los discursos xenófobos de “El Turu”, quien permanentemente alerta contra “los misioneros que vienen a robar la madera y a quitar trabajo”, aunque todos comparten la misma pobreza y las mismas incertidumbres.
Fisicalidad y otras búsquedas
El ritmo de la película es lento y despacioso, la otra cara de las versiones cinematográficas de este espacio del Delta del Paraná, como “Isla Brava” de Mario Soffici y otras películas que explotaron la sugerencia de la aventura servida en bandeja. Sin embargo, lo trágico estalla a su manera y con elecciones arriesgadas
que generan imágenes muy potentes. Particularmente, “La león” agrega una intensidad sexual que suele estar ausente en el cine argentino. En este sentido es interesante la concepción plástica en relación al cuerpo del protagonista, porque es una película con desnudos masculinos muy naturales.
La elección de la fotografía en blanco y negro priva del color avasallante natural, para que predomine el paisaje espectral de los grises. La renuncia a la expresividad del color en pro del dramatismo y la austeridad, enfría y distancia también la violencia, el estallido pasional y la brutalidad.
“La León”, empezó su recorrido de festivales de la mejor manera: ganó un premio Teddy en Berlín 2007, dedicado a películas con temáticas homosexuales, el más importante dentro de ese segmento del mercado, lo que la sitúa como una película con reconocimiento en el circuito que defiende los derechos gay, aunque no parece limitarse a ese círculo. La película pone en crisis la idea de masculinidad y expone prejuicios pero -sobre todo- bucea con bastante escepticismo en una profunda búsqueda identitaria, desde el género hasta los vínculos parentales. Desde la no concordancia masculino-femenino del título La/León, todo remite al caos y al quiebre, a una realidad que avanza agresivamente y siempre es más difícil para el más débil.