FUENTE. JULIETA GROSSO (TELAM). FOTO. EL LITORAL.
EL PRIMER PASO. “Como sucede con casi todo, lo que cocinamos puede ser un éxito o un fracaso, y eso depende de aquello que hicimos antes, de decisiones previas. Por eso, el secreto de un plato empieza con la compra. Cuando compramos nuestra comida hacemos mucho más que un intercambio de bienes: lo que comemos pasa a ser parte nuestra. Deberíamos prestarle la atención que se merece”.
UNA DECISIÓN. “La pérdida de calidad es culpa de que compramos lo que nos dan sin chistar y de que en general el consumidor bajó su nivel de exigencia porque prioriza tiempo y velocidad a tener que pensar y tomar decisiones relacionadas con la alimentación”.
OFERTA Y DEMANDA. “Hablar con los vendedores, con nuestro proveedores habituales de lo que consuminos, sirve para que ellos sientan el compromiso de vender un mejor producto. Igual, aclaremos que tenemos la oferta que la demanda se merece, y eso no es culpa del verdulero o del carnicero, sino nuestra”.
DE ESTACIÓN. “Hay que tener en cuenta sólo las frutas y verduras cuando tienen lo mejor para dar, es decir, en la estación donde son cosechadas. Una dieta alimentaria ideal debería contar con, al menos, noventa productos distintos por semana. No estoy en contra de la biotecnología. Simplemente digo que es mejor consumir productos en su estación: están más ricos, más maduros y a la vez más baratos. Después, si están genéticamente modificados o son transgénicos forma parte de otra discusión de la que los argentinos estamos muy lejos todavía”.
SOMOS LO QUE COMEMOS. “Lo que comemos es indudablemente parte de los que hacemos. Comer es una expresión de la idiosincrasia. ¿O acaso qué otra cosa hacemos durante unas tres veces al día todos los días durante toda la vida? Si comés hamburguesa todas las días, eso habla mucho de vos como persona y como sociedad”.
MONOTONÍA VS. VARIEDAD. “Los argentinos tenemos una dieta muy monótona, aunque paradójicamente creemos que es muy variada porque comemos queso, harina, papa, carne... en 18 formas distintas durante la semana. Si no es milanesa con puré es carne con ensaldas, si no tarta, pasta, pizza, empanadas... Lo único que hacemos es cambiarle la cocción a los mismos ingredientes”.
CAMBIO DE HÁBITOS. “Antes en la casa había olor a pollo, a sopa y generalmente siempre había alguien en la cocina haciendo algo. Después las mujeres empezaron a salir de las casas y se produjo un quiebre que llevó a la gente a distanciarse de la cocina. A ese fenómeno de alejamiento de la cocina se le suma hoy una cosa muy irresponsable del marketing acerca de cómo se venden los productos y qué se dice de ellos. Hay publicidades que te venden la idea de que si no le das ese potecito a tu hijo va a quedar petiso y tarado. Y después se preocupan si uno dice culo en un programa. Me molesta que las publicidades te remarquen que no tenés tiempo y hay que optar por todo lo más simplificado posible. ¿Cuánto de ese tiempo que supuestamente no tenés te la pasás mirando televisión?”
CONSEJOS. “Salí a la calle, conocé. Recorré otros barrios, hablá con tus vecinos y vecinas. Consultá dónde compran tus familiares y conocidos. Probá a hacerte cliente de una verdulería, carnicería o fiambrería y notá la diferencia en tu calidad de vida. Si sos habitué, no te venden cualquier cosa: te recomiendan y te cuidan porque quieren que vuelvas”.
CONDUCTAS. “A diferencia de lo que ocurre con otros rubros, en el supermercado la mujer suele ser más medida a la hora de comprar y el hombre es más proclive a las tentaciones y a llevar lo que no necesita. Eso se da porque generalmente la mujer es la que cocina y tiene una idea de lo que necesita específicamente para cada menú, mientras que el hombre se fija más en otras cosas y es capaz de tentarse, por ejemplo, con un aceto especial que vio por ahí o con un jamón crudo”.