Artes Visuales

“Artistas Plásticos Solidarios”

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Obra de Ana Maldonado.

Domingo Sahda

“Somos un grupo de artistas que comenzó a reunirse hace varios años, decididos a comprometerse con la lucha por los derechos humanos y la dignidad de las personas. Nos solidarizamos con las luchas que se proponen terminar con el hambre, la desocupación y la exclusión. Apoyamos a los pueblos que luchan por su liberación”.

El entrecomillado, a modo de presentación pública, responde al compromiso asumido por el colectivo de artistas plásticos integrado por León Ferrari, Luis Felipe Noé, Adolfo Nigro, Diana Dowek, Ana Maldonado, Juan Carlos Romero y Ricardo Longhini, quienes, a excepción del último citado, exponen sus trabajos desde días atrás en las salas del Museo Municipal de Artes Visuales Sor Josefa Díaz y Clucellas, Peatonal San Martín 2068, ciudad de Santa Fe.

El hilo conductor de la exhibición conjunta permite constatar que estamos frente a una muestra que se recorta y se desprende del contexto convencional del arte visual, tomando partido por este lenguaje visual como herramienta que se suma a la voluntad sociopolítica propulsora de un cambio social destinado a erradicar las iniquidades de la sociedad argentina contemporánea, la que tanto hoy como ayer, proteica en exaltados discursos conducentes a una promoción más equitativa y justa en el diario vivir diluye su augural liberación en patéticas mezquindades y trágicas constataciones a la hora de calificar y verificar lo pregonado.

Distantes del concepto un tanto machacón del Arte Visual como fenómeno de laboratorio, de exploración sensoperceptiva e intelectual en tanto entidad autónoma con sus propias leyes de realización y evaluación social, los expositores han tomado partido por una posición absolutamente contrastante: la del Arte como fenómeno de toma de conciencia individual y colectiva del arte plástico como lenguaje vinculante de lectura directa entre emisor -el artista- y receptor -el público-, sin caer en la descripción visual temática o la ilustración simplista. Apela al código subjetivado de la imagen interrelacionándola con el repertorio codificado del lenguaje gráfico directamente escrito o impreso para explicitar sin ambages ni dubitaciones el potencial liberador del arte de la imagen visual entendido y sentido como compromiso social constante.

La imagen, plana o de volumen, el sobrerrelieve, el discurso gráfico verbal como protofondo y sostén de la imagen, o como entidad autónoma que requiere de la lectura comprensiva anudada a la imagen como constatación o evidencia discursiva de absoluta libertad de concepción y ejecución se dan cita en esta colección a la vista.

Cada uno de los expositores, cuya trayectoria artística es absolutamente reconocida y valorada, se permite, con absoluta solvencia, plantar su obra como testimonio o proclama “Urbi et Orbi”.

Exposición que sin lugar a dudas desata controversias en tanto desecha artilugios y virtudes afines a la pintura entendida como plano proyectivo de conflictos intersubjetivos o especulaciones metafísicas, admite diversos caminos en la construcción de la obra, privilegiando el ítem de connotación ética por sobre la constatación estética.

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Asomándose tangencialmente al panfleto en tanto recurso e impacto de señalización objetiva, en todos los expositores se advierte un profundo conocimiento técnico-plástico supeditado a la direccionalidad conceptual predeterminada y asumida. Ausente la idea del cuadro como ventana a través de la cual la organización plástica autosuficiente “per-se” se justifica estéticamente cristalizando una escena, estamos frente a manifestaciones en las cuales, en mayor o menor medida, el artista deviene en testigo social que direcciona sus recursos específicos en función del significado. En este marco conceptual Inés Maldonado apela al marcado contraste entre figura/fondo en una de sus piezas, tanto como a la uniformidad cromática de sus relieves de directa implicancia socio-política. En estas obras a la vista las imágenes operan como testimonio social directo estructuradas como elaboraciones plásticas sin ceder a la tentación de cierto realismo descriptivo y superficial. Lo testimonial nace a partir de la concepción artística. El controlado nivel de sus relieves evidencia un profundo conocimiento que se define en sólidas construcciones sobre el plano, el que opera tangencialmente como plano de sostén. Párrafo aparte amerita el volumen corporal cuya tensión expresiva lleva al máximo la posibilidad discursiva del tema privilegiando la monocromía matérica y el contraste pleno, sus armas de expresión aquilatan la tensión plástica de las formas. Sus personajes actúan prontos a entrar en el espacio circundante e instalarse por derecho propio en el mismo.

Los trabajos de León Ferrari, ajustados a su personal itinerario discursivo, ratifican una postura en torno al arte visual contaminado, con proposiciones que “no escabullen el bulto”, remitiéndonos constantemente a la idea y a la hipótesis del Ser-No Ser. Pintar opinando al margen de modos y modas, fiel a sí mismo, asumido como vocero alerta, ratifica la dignidad del lenguaje visual que en este autor no desciende en ningún momento a la frivolidad del arte como placentera manualidad preñada de trivialidades. Dejando de lado la sensualidad propia de la forma y el color, se interna en el concepto y la idea política que sostiene el corpus de su obra.

Diana Dowek construye su discurso desde la pintura como práctica directa sobre el plano. A partir de un diseño sobreimpreso en la tela ajusta su hacer a la práctica plástica directa, ajustando el arco de tintes y luces a la escala de valor luz-sombra. La dramaticidad inherente a esta díada plantada como antagonismo se enlaza a la grisalla pictórica que implica a su vez la idea de la grisalla social en torno. Su figuración particularizada se organiza en el cruce de las diagonales obligando a la mirada a centrarse en el proceso y en el producto, a su validez como obra plástica y su valor como documento social. La pintura entendida como registro y documento de un tiempo en un determinado lugar. Pintura de compromiso situado, que admite un recorrido moroso por sobre la superficie internalizando cada instancia pintada, dirigiendo la mirada hacia un paisaje propio como elaboración de tensión subjetiva que se nutre del paisaje social. Aparece como una artista situada que desde su “aldea” intenta pintar el mundo.

En Juan Carlos Romero el enunciado visual se une a la palabra, la grafía como explícito mensaje, otorgando a la palabra escrita la densidad de la imagen plástica contrastada. La elección de los tintes para la realización de sus carteles, a saber, el rojo y el negro con la carga dramática inherente a estos pigmentos, más el blanco como puente de contraste y fractura a la vez, responden a la idea subyacente del arte visual como discurso de ordenamiento espacial y la definición de los espacios texturados y de vacío formal predetermina un modo del lenguaje visual en los límites de su especificidad. Al destacar la idea de contenido, sobrepasando a la idea de continente y de lenguaje de las formas, tensa los límites reivindicando el impacto visual como recurso de manifiesto contenido perturbador.

Luis Felipe Noé, reconocido maestro del arte argentino contemporáneo, presenta trabajos de pintura directa sobre tela, ajustando su oficio y su excelencia de pintor con la absoluta y libertaria licencia que le es propia. La unidad de sentido entre palabra e imagen aparece a cada paso y sin fisuras. El desdibujamiento, el frotado, la frase irónica como recursos de comunicación-expresión puestos con sensitividad giran en torno al conflicto del Ser-No Ser. Pintar opinando es un modo insobornable de ratificar la dignidad de las formas y el plano plástico sin excederse en trivialidades.

Por su parte, Adolfo Nigro muestra trabajos de mayor complejidad compositiva apelando a la resemantización del espacio plástico mediando el encolado de contrapuestas formas irregulares tensionadas entre el blanco-negro. El conjunto de obras de este artista es en el que aparece con mayor hermetismo la idea que los sostiene y exige un moroso atento recorrido para adentrarse en el sentido último de cada obra a la vista, con la multiplicidad de signos e índices que desplaza o reitera sobre el plano.

Una exposición colectiva que, eventualmente, puede sacudir el polvo de la inercia a unos cuantos, que explicita que el arte visual es un lenguaje inherente a la condición humana, que sale a la calle para nutrirse del diario vivir, en suma, para atestiguar al hombre y sus contingencias.