Paul Mc Cartney hizo estremecer a 50.000 fanáticos

Déjalo ser grande

 
El beatle brindó un show inolvidable en el estadio de River. Cantó durante 2 horas y 40 minutos en un recital plagado de historia, emociones y generosidad. Hoy vuelve a tocar. hizo estremecer a 50.000 fanáticos

Sigue el derroche de talento, virtuosismo, magia y emoción arriba de un escenario. Let it be, déjalo ser. Un grande, que se llama Mc Cartney y que anoche llenó de magia el Monumental. Foto: DYN

El beatle brindó un show inolvidable en el estadio de River. Cantó durante 2 horas y 40 minutos en un recital plagado de historia, emociones y generosidad. Hoy vuelve a tocar.

 

Enrique Cruz (h)

(Enviado Especial a Buenos Aires)

Su madre enfermera y su padre obrero jamás pensaron en que iban a gestar a uno de los grandes genios de la historia de la música. El destino, su talento, el encuentro con un alma gemela (John Lennon) y la irrepetible creación de un cuarteto inolvidable, se encargaron del resto. Paul Mc Cartney, a los 68 años, sigue con las mismas ganas de aquel jovencito que a principios de la década del ‘60 se puso como meta la conquista del mundo. “¿Hacia dónde vamos, John? A la cima”, fue el grito de guerra de los Beatles, cuando todavía cantaban en bares de mala reputación de Hamburgo o en el mítico The Cavern de Liverpool o hacían giras extenuantes actuando muchas veces de grupo telonero.

Dicen que Paul embolsará alrededor de 6 millones de dólares por estos dos shows de su vuelta a la Argentina tras 17 años de ausencia, que las entradas agotadas tenían sus versiones auténticas y no tanto en el mercado negro (reventa) a valores exorbitantes que iban desde los 1.000 hasta los 10.000 pesos. Pero lo que verdaderamente importa es señalar a este mito viviente de la historia de la música universal cantando y haciendo delirar a 50.000 fanas durante dos horas y 40 minutos, en un show plagado de generosidad y brillantez.

A las 21, con una puntualidad digna de la mejor tradición inglesa, las luces del estadio se apagaron dando lugar al delirio. Apareció Paul, vestido al más puro estilo beatle. Pantalón y chaqueta negros, camisa blanca y ese famoso bajo de color marrón que lo acompañó durante toda su carrera como beatle. “Jet” fue el primero de los temas, pero la irrupción de “All my living”, el primero de los temas con el sello distintivo de la dupla Lennon-Mc Cartney, nos hizo acercar más que nunca al corazón de aquellos cuatro muchachos que supieron cambiar el curso de la historia.

La fuerza de un nombre

Desde allí en adelante, la historia de Mc Cartney comenzó a transitar por sus distintas etapas, tanto dentro de los Beatles o de Wings, como fuera de ellos, cuando hace mucho tiempo atrás decidió largarse como solista y utilizando la mejor propaganda que podía tener: el de su reconocido y admirado nombre.

“Band on the run” o “Mrs. Vanderbilt”, entre otros grandes éxitos, además de los de siempre: “Hey Jude”, “Let it be”, “Yesterday”, “Day Tripper”, “Un largo y sinuoso camino”, “Eleanor Rigby” y “Sargent Pepper”, marcaron momentos de mayor exitación. Del resto se encargaron la magia inalterable, la calidad incomparable, la tremenda generosidad y la pasión por crear música y ejecutar música de un Mc Cartney gracioso, comediante, que hizo gala de un respetable español (confesó haber aprendido algo en la escuela) y cautivó a los miles y miles de espectadores que no deseaban perderse absolutamente nada de un show perfecto.

Llegaron, promediando el recital, tres recuerdos que hicieron explotar los corazones de sus fanas. Primero, el homenaje hecho canción a “mi amigo John”; después, la inolvidable “My love”, con el recuerdo permanente de Linda Mc Cartney, aquella mujer a la que Paul no olvida y que, evidentemente, se ha convertido en su gran amor; y el tercer homenaje fue para “mi amigo George”, mirando al cielo e iniciando, con una pequeña guitarra con sonido casi de juguete, la no menos inolvidable “Something”, esa canción que, al igual que “Guitarra no has de llorar”, o “Don’t bother me”, entre tantas otras, lleva el indeleble sello del beatle que mejor sabía tocar la guitarra: George Harrison.

Explosión de talento

Paul abandonó dos veces el escenario, dividiendo su show en tres partes. Pero fueron pequeños recreos, de sólo unos pocos minutos. En su segunda vuelta al escenario, lo hizo portando una gran bandera argentina. Allí volvió a explotar el Monumental como en sus mejores tiempos, rememorando ese inolvidable 25 de junio de 1978, fecha ícono para el fútbol argentino. Sus pasos por el piano fueron tan espectaculares como el momento en que hacía sonar con su perfil zurdo los acordes de su bajo o de las guitarras que iba cambiando, varias de las cuales son las mismas que usaba en los ‘60, cuando junto a John Lennon cambiaron el rumbo de la historia de la música y conformaron la dupla compositora más importante del planeta.

A los 68 años, Paul dice que no necesita del dinero y que canta porque le gusta. “Siempre sentí el placer de conectar mi guitarra al amplificador y sentir el calor de la gente”, señala. En tiempos de la beatlemanía, ese aullido provocado por el griterío histérico y enloquecedor hizo que dejaran de actuar en vivo en 1966. Hoy, sir Paul Mc Cartney no parece estar muy cerca de transformarse en un septuagenario y sigue derrochando talento, virtuosismo, magia y emoción arriba de un escenario. Let it be, déjalo ser. Un grande, que se llama Mc Cartney y que anoche llenó de magia el Monumental.