Tribuna política
Vivir en paz, en una Santa Fe segura

La educación, la escuela doble jornada, el desarrollo de actividades deportivas y la escuela-hogar son un camino impostergable para construir una Santa Fe segura. Foto: Archivo El Litoral.
Tribuna política
Vivir en paz, en una Santa Fe segura

La educación, la escuela doble jornada, el desarrollo de actividades deportivas y la escuela-hogar son un camino impostergable para construir una Santa Fe segura. Foto: Archivo El Litoral.
Dr. Oscar Martínez (*)
“Los políticos tímidos e interesados se preocupan mucho más de la seguridad de sus puestos que de la seguridad de sus comunidades”. Thomas Macaulay
Un tema de acuciante recurrencia, que nos preocupa a todos los ciudadanos es el de la seguridad. La seguridad es una temática en la que deberíamos ocuparnos con el mayor de nuestros esfuerzos, para garantizar a los habitantes de nuestro territorio la paz necesaria para desarrollarse plenamente.
En la actualidad, las discusiones ideológicas han alejado a la sociedad de las soluciones concretas para un tema que nos preocupa a todos, como es el legítimo derecho de vivir en paz. Conviven en las diferentes posturas posiciones que, en principio y por la ideologización de los remedios, parecieran antagónicas. Unos establecen la necesidad de orden y un sistema de premios y castigos (como si estos valores no fueran pautas indispensables de la convivencia social sino patrimonio de un signo ideológico); otros plantean la necesidad de no desconocer las circunstancias que van forjando la violencia y la falta de respeto hacia la ley y hacia el otro, manifestando un análisis profundo de las causas que nos llevan al conflicto con los hombres y la ley, donde la mayor responsabilidad recae sobre aquellos que están en mejor situación para trazar un camino de realización colectiva. Al respecto, considero que ambas cuestiones deben ser abordadas pensando en construir una provincia pacífica y segura. Es necesario atacar los síntomas -el delito y la violencia- y las causas, que son la injusticia, la desigualdad, la ausencia de educación y de cultura.
Perón decía que el problema social en la Argentina se resolvía con trabajo, pero también manifestaba que mientras tanto era necesario la acción social directa para que la gente no muriera de hambre.
Está claro que para avanzar en la construcción de una provincia en paz y segura tenemos que construir una sociedad donde todos puedan realizarse a través de la educación, del trabajo y el hacer el bien, pero mientras tanto tenemos que actuar para que los que han tomado otro camino paguen las consecuencias y no lastimen a nuestros hijos, a nuestras esposas, a nuestros maridos, a nuestros padres. Son dos caras de una misma moneda, y deben abordarse en forma conjunta sin prejuicios ni ideologizaciones que atenten contra el objetivo único que es construir una Santa Fe segura y en paz.
Las causas
Camino por Cabín 9, en Pérez, y veo a los chicos en la esquina fumando marihuana. Imágenes parecidas de San Pantaleón en Santa Fe se cruzan por mi cabeza. El pibe está en banda, nadie quiere hacerse cargo. Los funcionarios no quieren, no saben o no pueden. La resultante es el camino de la zoncera. Para muestra basta un ejemplo: miles de pesos destinados a pegar afiches con un cartelito que dice “desarmate”. Está claro que hemos errado el camino. El pibe ya se metió en la droga. He visto cómo se produce su ingreso. Empieza con el poxirrán, después agarra el porro, le roba la plata a los padres; y de ahí, al delito y a la violencia, un pasito nomás. El pibe en el barrio ve que el que anda por zurda anda con “llantas” nuevas y el gil es el que a la mañana temprano va a trabajar en bicicleta, si es que de “caño” un vivo no se la afana en el camino.
Estamos perdiendo una generación. Y el tema de fondo, que multiplica todos los problemas, es la droga. El delito ya no es racional, yo lo viví: Jorge Brochero les entregó la bicicleta en barrio Transporte e igual lo mataron de un tiro. Dice un vecino con sabiduría: “Los chorros de hoy no tienen conciencia del valor de la vida, no saben ni siquiera agarrar un arma”. Es como ya dijimos: el pibe está en banda; la mamá y el papá en el mejor de los casos están laburando, no lo pueden educar. Trescientos mil pibes en la provincia no trabajan, no estudian, no tienen actividades culturales, deportivas, ni capacitación para el empleo. Como ya se ha dicho: al hombre parado, lo tienta el pecado.
La educación, la escuela doble jornada, el desarrollo de actividades deportivas y la escuela-hogar son un camino impostergable.
Algunos sectores sociales, a pesar de su instrucción, son ignorantes. Cuando dialogás con ellos te dicen cosas como “a estos negros hay que matarlos a todos”. Sería importante darse cuenta de que también son hijos nuestros, y que los necesitamos para construir el futuro. No hay que matar a nadie, hay que educar, como hacían los jesuitas. “Ociosos mozos y ociosas mozas, no aumentan hacienda y causan deshonra”.
Hay que hacerlos estudiar, disfrutar del deporte, trabajar, aunque sea pintando la escuela, que ya ayuda. Debemos cansarlos. Si hacemos eso, van a salir buenos. Hay que explicarles que es mejor hacer las cosas bien y hay que ocuparse de brindarles las posibilidades para que a través del esfuerzo puedan lograr un porvenir.
Es nuestro deber hacer docencia en la juventud, de lo que significa a lo largo de la vida andar en el camino del delito. Hay que hacer como hacen en esos videos contra el alcoholismo donde a los pibes en vez de mostrarles que tomando son unos vivos bárbaros, se les muestra las imágenes de lo degradados que están cuando se emborrachan. Hay que publicar lo que es estar preso, lo que significa para la familia, que vean que la novia termina con otro, que al canchero en la cárcel no lo visitan ni los perros, que cuando salen no consiguen laburo, que el pícaro que andaba con las zapatillas nuevas murió a manos de otro vivo a balazos. Esto es más importante que subir las penas, porque la sociedad quiere vivir en paz, no que gastemos el presupuesto en cárceles. Tenemos que invertir en educación y esto también es educación. Porque si no nos terminamos comiendo al caníbal, como decía Borges.
Al delito hay que atacarlo no sólo desde los aspectos morales, sino desde la construcción de una racionalidad que les explique a los pibes que no es negocio, que el gil es el que delinque, y que los vivos son los que estudian. Si hacés macana sos carne de cañón, si hacés las cosas bien, podés formar una familia y tener futuro. Hay que manifestar que a los hijos y a la mujer de los que van presos los termina atendiendo otro. Y hay que educar a los pibes y tenerlos ocupados todo el día, porque el ocio es la madre de todos los vicios. Además como el delito contagió, empezar a contagiar a la inversa.
Cuando los pibes entienden, influyen sobre el hogar. Yo lo sé porque, por ejemplo, yo no usaba cinturón de seguridad en el auto, mis hijos sabían que hay que usarlo porque si no te morís, insistieron tanto que lo usé. Tuve un accidente y me salvé. En realidad, me salvaron mis pibes.
Hay que trabajar con la Iglesia y con los evangélicos, que están cerca de los pibes y pueden ayudar a construir esa masa crítica que necesitamos para revertir la tendencia. Hay que involucrar a la madre. La mujer es importantísima y no se le da importancia. Hay que explicarle que lo mejor que puede hacer por su hijo es hacerlo estudiar. Si no tiene pilchas de moda, no importa, que use las que tiene pero que estudie. Y si no tiene plata para salir que espere y que se la aguante, que estudie. Hay que mostrarle a la madre dónde llegaron los chicos que estudiaron y dónde están los que no lo hicieron y metieron la pata. Crudo, sin anestesia. Hay que controlar muy bien si la mamá que cobra el plan manda al pibe a la escuela, pero para que lo mande tiene que haber escuela. Y si la familia no existe o no ayuda, o peor aún, lo tira para atrás, no podemos dejarlo sin comer, hay que tratar de ver cómo rescatar a esos chicos. Tal vez la solución sea la escuela-hogar.
Yo sé que a alguno no le va a gustar, pero la Fundación Evita tenía todo organizado, hasta el cronograma de actividades para los chicos. Tal vez haya que actualizarlo, pero ahí hay un camino hecho. En Baigorria, la vieja escuela-hogar tiene un salón de actos con butacas para los pibes. Estaba claro dónde estaba la prioridad. Los municipios y las comunas tienen que ayudar, por ejemplo con el deporte; pero no hacer playones deportivos para que el que pasa con el auto vea el cartel, sino preocuparse porque el pibe se canse, que aprenda del deporte; que para jugar, como en la sociedad, hay que respetar ciertas reglas de juego. En la canchita, los pibes no necesitan el referí. Se dan cuenta solos de que si no se respetan las reglas no se puede jugar. Debemos limpiar los baldíos y poner arcos para que los chicos jueguen y se cansen. Como hacía Martí en Córdoba. Y que un vecino tenga la pelota y se la dé a los chicos, en tanto y en cuanto ellos cumplan con alguna obligación, como por ejemplo mantener la canchita.
Con un poco de organización, es posible convocar al pastor o al cura. Moullión, un párroco salesiano en Don Bosco, nos hacía jugar seis meses y el premio era un juego de camisetas y una pelota; pero para poder jugar primero era necesario comerse el sermón, cortito pero educativo: te decía que no tenías que romper el foco, que tenías que arreglar tu cama, ayudar a limpiar tu casa para no vivir en la mugre, tenías que hacerle caso a la maestra, y que para ir para adelante había que estudiar. Si uno dispone de más organización, hasta se puede juntar a los vecinos y hacer un club. Hasta las comunas y los municipios más pequeños tienen un abogado para hacer la personería, y un terreno tal vez vale poco desde lo económico pero está justamente donde vale mucho para que los pibes hagan deporte.
Volviendo a la educación, si la educación no es para el trabajo, estamos listos, porque ¿para qué los educamos si después no les damos empleo? Es indispensable educar para actividades que van a generar empleo. Si no sólo postergamos el problema pero no terminamos de resolverlo.
(*) Presidente Fundación Centro
Dirigente 100 % santafesino
En el deporte, como en la sociedad, para jugar hay que respetar ciertas reglas de juego. En la canchita los pibes no necesitan referí. Se dan cuenta solos de que si no se respetan las reglas no se puede jugar.
Si la educación no es para el trabajo, estamos listos, porque ¿para qué los educamos si después no les damos empleo? Es indispensable educar para actividades que van a generar empleo.