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Los aforismos de “El cristal mutante”

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Norma Segades Maniás, Osvaldo Barbieri y Jorge Taverna Irigoyen en la presentación de “El alebrije” y “El cristal mutante” Foto: Flavio Raina

De la redacción de El Litoral

En el Centro Cultural Municipal se presentaron recientemente dos libros de Osvaldo Barbieri. En primer lugar, el libro de cuentos El alebrije, al que se refirió Norma Segades Maniás, obra editada por la Asociación Trabajadores del Estado, para su colección Bienes Culturales, en 2008.

Segades Maniás destacó el lenguaje claro de este conjunto de nueve cuentos, “de una manera si se quiere irónica, en la que se reflejan con sarcasmo las cosas que nos pasan. De ese modo consigue que el discurso no caiga en la sentencia inapelable”. Señaló también la seguridad en la expresión, la solidez en el dominio de lo narrativo y la eficacia en lo formal. “Su palabra convoca a penetrar misterios de la hondura y a avanzar de su mano, cómplices absolutos de la magia y el ritmo”.

La escritora santafesina juzgó a El alebrije como “nueve puertas abiertas hacia nosotros mismos. Y toda la pasión puesta al servicio de una lectura abierta, expansiva, que acrecienta las posibilidades del encuentro con el hombre que narra”.

La verdadera novedad del encuentro fue la presentación del flamante libro titulado El cristal mutante, en el cual Osvaldo Barbieri recoge una consistente suma de aforismos, y al cual se refirió Jorge Taverna Irigoyen, quien también firma el prólogo de este libro editado por Dunken.

“Osvaldo Barbieri, conocedor de la palabra y de su vibración interna, busca expresión en este género. Sus aforismos -directos y a veces agudos como saetas- están trabajados a conciencia y a experiencia. No son palabras sueltas las suyas, ni conceptos baladíes en torno a la aventura de vivir. Formado en el estudio semántico y semiótico puros, antes que en la lingüística o la filología, su escritura goza del tono coloquial, reflexivo, maduro, por sobre la intención tantas veces censurada de probar sabiduría”, expresa el escritor Taverna Irigoyen.

Por su parte, Barbieri habló de su historia personal, de una libretita con aforismos copiados por su hermano, que encontró en su adolescencia y que lo subyugó; contó de sus primeras lecturas, de su traslado a Buenos Aires, de su iniciación en el cine, de la lectura reveladora de Roberto Arlt, de su integración al taller literario de Roger Pla.

También habló de la avidez por el conocimiento que se notaba en las décadas del 60 y 70. “Todo se discutía, todo era cuestionable, todo era incierto e inseguro. Siempre me he preguntado por qué existía entonces tanta hambre por el saber, por el conocimiento. Y no hace mucho, fíjense ustedes, encontré la respuesta en un aforismo de mi libro. ¿Casualidad o causalidad? Este aforismo dice:

El espíritu rico en inseguridades/ resulta fructífero; la seguridad/ no da frutos; se va en vicio.

“Vale remarcar en esta expresión que no hablo aquí de la seguridad física ni material, sino del espíritu”.

Barbieri se definió cuentista, y cómo este libro de aforismos es el resultado de muchos años de anotaciones. Puntualizó que el aforismo, “contrariamente a lo que algunos creen, no es un género menor. Nietzsche, Ciorán, y muchos otros autores de proyección universal han escrito aforismos, sin mencionar a pensadores orientales y filósofos presocráticos, que incidieron con ellos en el conocimiento y elevación del ser humano”.

Finalmente se refirió a la importancia de la lectura para el crecimiento de una persona; “para el crecimiento de su conciencia, para el enriquecimiento de su espíritu, para un mayor conocimiento de su ser, y de la sociedad con la cual interactúa. Me causa un poco de pena ver cómo se promociona la lectura desde los ámbitos oficiales. Un chico, mal aleccionado, termina pensando por qué, para qué debe abocarse a la lectura. En esas promociones, sencillas y breves, no le explican cuáles son esas razones valiosas. Entonces, frente a jueguitos electrónicos, frente a entretenimientos que no demandan esfuerzo del intelecto, el libro pierde. Una persona joven, en formación, que no lee, que no elabora pensamientos profundos ni reflexiones filosas, que no juega a meditar, que no percibe otra cosa que la inmediatez práctica y utilitarista, de acuerdo a los pobres valores en boga, esa persona vivirá siempre en una realidad chiquita, estrecha y aparente, que no va más allá de lo elemental, dictado por sus sentidos primarios. ¿Por qué debe leer, entonces? Para ampliar esa realidad estrecha, para ensanchar su conciencia, para descubrir la ficción de su realidad a través de la realidad en la ficción literaria. Porque de ese modo, a través de la buena lectura, que refleja una diversidad de conductas, experiencias, y reflexiones impropias de él, ajenas a su micromundo, se van encendiendo luces que descubren las potencialidades de su ser. En definitiva, se va tallando una nueva persona, que sabe expresarse porque ha enriquecido su vocabulario, que sabe pensar porque ha entrenado su raciocinio, que sabe conducirse en sociedad porque ha aprendido de otros comportamientos sociales, que sabe diferenciar lo esencial que permanece de lo banal que se desvanece, que sabe mucho más quién es él, diferenciándose de quién creía ser. Por todo eso, y mucho más, es necesaria la lectura. Por supuesto, el libro no es el único medio para ampliar esa realidad chiquita; pero, a mi entender, es el más apto y eficaz”.

Y concluyó considerando distintos aspectos de la cultura y recitando tres de sus aforismos, atinentes a este tema::

La cultura y la inteligencia,/ sin la virtud como guía,/ pueden ser prostitutas atractivas.

Con frecuencia, una elevada cultura/ se utiliza para sacar partido de la/ ignorancia, más que para eliminarla.

La ventaja de un libro es que no chilla,/ no interrumpe, no ordena, y sin esperar/ nada de ti, te espera cuanto quieras.