El poncho no aparece
El poncho no aparece
En cinco años, la intervención oficial en el mercado de trigo le costó muy caro a los productores. U$S 4.600 millones de promedio, en una tendencia que ahora se puede expandir al maíz.
Federico Aguer
En el reciente brindis de fin de año con los periodistas agrarios, el ministro Julián Domínguez se comprometió a abrir las exportaciones de trigo y a lanzar una línea crediticia. Se trata de una línea del Banco Nación para financiar hasta 300 tn. a tasa cero y con garantía para sostener su valor comercial. Domínguez pidió a los molinos, que tienen la “obligación moral” durante diciembre, enero y febrero, que anticipen la compra de 1,5 millón de toneladas trigo para harina para evitar el “estrangulamiento de precios”.
“Todo muy lindo, pero el poncho no aparece”, le respondió Eduardo Buzzi, en referencia a que la mejor señal es la que brinda la solución concreta de los problemas y no los anuncios rimbombantes. “el productor no necesita créditos, necesita un mercado abierto”, disparó un analista del mercado de granos, en referencia a la clara política oficial en la materia, la que prefiere tener controlado al sector con la chequera en la mano.
La Federación de Acopiadores de Cereales elevó una carta al ministro solicitando “urgentes cambios” en el sistema de comercialización de trigo, ante las “inexplicables transferencias de ingresos hacia sectores no necesitados, empresas y competidores externos”.
La Bolsa de Rosario se sumó al clamor para regularizar el mercado. La entidad sostiene que ésa es la condición necesaria para la normalización “ya que sólo así será posible que los demandantes compitan por la oferta disponible y los precios reflejen esa realidad”.
Encima, esta semana, su entidad colega de Buenos Aires aumentó las estimaciones a 13,5 millones de toneladas para la presente campaña, en la que gran parte del cereal no será demandado por la molinería por no llegar a cumplir los requisitos panaderos. Por eso mismo, la BCR pide “autorizaciones especiales para la colocación del trigo fuera de estándar en mercados externos”.
Finalmente aclara que “una condición necesaria para la normalización del mercado de trigo es terminar con la incertidumbre que generan las intermitencias en las habilitaciones de exportación” y que “sólo de esta manera será posible que los demandantes compitan por la oferta disponible y los precios reflejen esa realidad”.
Lo curioso es que este esquema no ha beneficiado a los sectores más necesitados o marginales de nuestra sociedad. Esos márgenes obscenos de renta fueron a parar a los molinos y a la exportación. Claro que eso no figura en ningún discurso.