Al margen de la crónica

Sólo quedan dos semanas

Llegamos a las últimas semanas del año. Un año largo pero que pasó rapidísimo. Son esas paradojas del tiempo, el espacio y las obligaciones. Parar, tomarse una pausa: imposible. En los próximos trece días queremos hacer todo, todo, todo lo que no hicimos los 352 que ya pasaron. Eso, mezclado con la llegada de la Navidad, el año Nuevo y las posibles vacaciones (que nos quedemos o nos vayamos, siempre hay que organizar qué hacer).

La semana que pasó transcurrió entre acontecimientos sociales y políticos que se precipitaron entre usurpaciones, muertos y desalojos. Cuando los gobiernos nacional y de la ciudad de Buenos Aires parecían haber calmado las cosas, otros lugares fueron tomados y empezamos de nuevo. Al mismo tiempo que en los canales de noticias aparecían esas imágenes tristes y dolorosas de una realidad compleja al borde de la guerra social, en los canales de chimentos podíamos encontrar a los últimos participantes del show de baile de la noche y a un jurado que ha degradado como nadie el hecho de juzgar, peleando como si jugaran sus vidas -su pasado, su presente y su futuro- dentro de la caja boba. Ya siendo viernes nos enteramos que somos, ni más ni menos, 40.091.359 personas las que vivimos en Argentina y que de esos el 38.9 % vive en la provincia de Buenos Aires, ¿cómo entonces no tener todos los problemas que tienen?

Al margen de los acontecimientos públicos están los privados. Fiestas, despedidas, juntadas, brindis y saludos (“por si no nos vemos de nuevo antes de las fiestas”) terminan de completar la cotidianeidad de estos últimos días del año. Pero este tiempo globalizado que vivimos tiene una particularidad que se suma al fragor de todos los fin de año. Es la aparición en nuestras vidas de todos los viejos amigos y conocidos -esos que dejamos de ver hace años- a través de las pantallas de nuestras computadoras en las nuevas redes sociales.

De repente el número de personas con las que nos tenemos que juntar aumentó exponencialmente. Porque esas juntadas que nos prometimos a lo largo de todo el año para vernos las caras en vivo y en directo después de tanto tiempo y que nunca hicimos, seguro se concretan en estos días en los que el final -no se sabe de qué- está cerca para empezar de nuevo, aunque más que un empezar es un continuar de eso que nunca terminó.

En fin, para aquellos que tantas juntadas, tantos brindis y trasnochadas mezcladas con el cierre del año laboral los tortura y pone de mal humor, siempre está el saludo a todos y a ninguno que uno escribe frente a su computadora y lo manda por mail, lo sube al facebook o lo twittea en menos de 140 caracteres.