Edición del Lunes 10 de enero de 2011

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Murió María Elena Walsh - Edición Impresa - Escenarios & Sociedad Escenarios & Sociedad

Tras una larga internación

Murió María Elena Walsh

La escritora y cantautora falleció hoy a los 80 años. Fue autora de recordados temas infantiles, como “El reino del revés” o “Manuelita”. Será velada desde la tarde en la sede de Sadaic, y sepultada mañana en el cementerio de la Chacarita.

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En su aquilatada trayectoria, la autora consagró su vida al público infantil, pero no eludió el compromiso de dejar testimonio de su pensamiento crítico. Foto: Archivo El Litoral

 

De la redacción de El Litoral

cultura@ellitoral.com

La escritora y cantautora María Elena Walsh, creadora de recordados temas infantiles como Manuelita o “El reino del revés”, falleció hoy a las 11.20 a los 80 años (a días de cumplir los 81). Walsh se encontraba internada en el Sanatorio de la Trinidad en la ciudad de Buenos Aires, tras una prolongada internación.

Según el parte médico difundido por el hospital, su deceso se produjo como epílogo de padecimientos crónicos que la aquejaban, contra los cuales luchó en los últimos tiempos. Sus restos serán velados desde las 17 hasta las 0 en la sede de Sadaic (Lavalle 1547, Ciudad Autónoma de Buenos Aires), y mañana a las 11 será el entierro en el cementerio de La Chacarita.

Artista

La grande, que revolucionó el mundo de los pequeños con sus canciones, había nacido en Ramos Mejía el 1º de febrero de 1930. Era una artista popular que encontró distintos caminos para la expresión: escritora, música, cantautora, poetisa, dramaturga y compositora argentina.

Su papá era un ferroviario inglés que tocaba el piano y cantaba canciones de su tierra; su madre era una argentina descendiente de andaluces y amante de la naturaleza. Tímida y rebelde, leía mucho de adolescente y publicó su primer poema a los 15 años en la revista El Hogar. Poco después escribió en el diario “La Nación”.

Un año antes de finalizar sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes publicó su primer libro (en 1947), “Otoño imperdonable”, que recibió el segundo premio Municipal de Poesía y fue alabado por la crítica y por los más importantes escritores hispanoamericanos. A partir de allí su vida dio un vuelco: empezó a frecuentar círculos literarios y universitarios y escribía ensayos. En el año 1949 viajó a Estados Unidos, invitada por Juan Ramón Jiménez.

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La gran poeta en la mirada de Lucas Cejas. Foto: Archivo El Litoral

Para chicos y grandes

Varias canciones infantiles la recuerdan: “Manuelita la tortuga”, “La vaca estudiosa”, “Canción de Titina”, “El Reino del Revés”, “La pájara Pinta”, “La canción de la vacuna (El brujito de Gulubú)”, “La reina Batata”, “El twist del Mono Liso”, “Canción para tomar el té”, “En el país de Nomeacuerdo” y “La familia Polillal”; también los libros “Tutú Marambá”, “El reino del revés” y “Dailan Kifki”.

Pero también fue la autora de las canciones populares para grandes, las difundidas “Serenata para la tierra de uno”, “El valle y el volcán”, y “Como la cigarra”. “...Tantas veces te mataron, tantas resucitarás, tantas noches pasarás desesperando. A la hora del naufragio y la de la oscuridad alguien te rescatará para ir cantando”.

En los años “50 publicó “Baladas con Ángel” y se autoexilió en París, junto con Leda Valladares. Ambas formaron el dúo “Leda y María” entre 1951 y 1963: actuaron en varias ciudades como intérpretes de música folclórica, recibieron premios, el aplauso del público y grabaron el disco “Le Chant du Monde”. Por esa época comenzó a escribir versos para niños.

En 1962 estrenó en el Teatro San Martín “Canciones para mirar” (una obra que se ha transformado en un clásico y que se lleva a escena periódicamente), que luego grabó con CBS. Al año siguiente estrenó “Doña Disparate y Bambuco”, y en 1968 “Juguemos en el mundo”.

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Este retrato de Sara Facio muestra a María Elena en su época de mayor plenitud. Foto: Archivo El Litoral

Algo más que Manuelita

El 9 de febrero de 2010 y bajo el título “Algo más que Manuelita”, María Alejandrina Argüelles escribió en El Litoral que “¿Será que aún no hemos egresado del país- jardín-de- infantes? Pienso que es así, tras leer algunas reseñas con motivo de los 80 años de María Elena Walsh. Porque supongo que esas reseñas de agencias, radios y diarios diversos provienen de un click en un buscador de Internet... y nada más (aclaro que Internet me parece fabulosa, pero es un inicio, no el non plus ultra, y menos cuando se trata de intelectuales cuya obra es necesario conocer no sólo de nombre).

“Es verdad que creó canciones infantiles que perduran generación tras generación con una magia singular, y que escribió cuentos infantiles, y que hay una estatua de Manuelita en Pehuajó. Permítanme recordar que fue algo, bastante más que eso.

“Trabajadora de la palabra, ésa fue su herramienta y, cuando hizo falta, su arma: para llegar al corazón de los chicos, sí, pero también para valorizar permanentemente a la mujer y sus derechos, para abogar por una educación creativa, para clamar por democracia y libertad, para llorar por los que no estaban, para recordar a genios caídos en el olvido, para rescatar canciones casi perdidas, para redondear poemas de singular lirismo, para decir siempre lo que pensaba a través de verdaderas lecciones de humor sutil, de metáforas simples, de ironía, esa forma tan elevada del pensamiento como decía Oscar Wilde.

“Permítanme recordar que escribió uno de los más punzantes alegatos contra la pena de muerte, que sería necesario leer en todas las clases dedicadas al civismo y los derechos humanos: con imágenes penetrantes pasea por momentos terribles de la historia y concluye: a lo largo de la historia, hombres doctos o brutales supieron con certeza qué delito merecía la pena capital. Siempre supieron que yo, no otro, era el culpable. Jamás dudaron de que el castigo era ejemplar. Cada vez que se alude a este escarmiento, la Humanidad retrocede en cuatro patas.

“Esa pieza contundente valdría para ponerla en un pedestal, darle su nombre a una plaza o cualquier homenaje semejante. Pero hay más: escribió y dijo lo que pensaba en momentos en que era no digamos difícil, era imposible hacerlo sin consecuencias: se rebeló contra la censura, contra el amordazamiento, contra la falta de libertad en todo sentido. No lo digo yo, lo dicen sus palabras, escritas durante los años de plomo, y no a posteriori. Lo hizo en diarios de gran tirada (Clarín, La Nación) cuando la dejaron, o a través de la música.

“Posiblemente para la misoginia subyacente en los y las mayorías argentinas es más conveniente recordarla en una sola de sus facetas (y que sin dudas la hizo muy bien) muy aceptable para el género: la literatura infantil. ¿O será que seguimos con la enorme goma de borrar incrustada y sentaditos en las sillitas del jardín de infantes, 30 años después?”.




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Lunes 10 de enero de 2011
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