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El lado oculto del Dr. Jekyll y Mr. Hyde - Edición Impresa - Artes y Letras

El lado oculto del Dr. Jekyll y Mr. Hyde

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Placa en el Saranc Lake Stevenson Memorial, diseñado por Gutzon Borglum en 1915.

Por Raúl Fedele

 

“El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, de Rober Louis Stevenson. Traducción, notas e introducción de Mariel Ortolano. Ediciones Colihue. Buenos Aires, 2010.

No es casual que los dos principales representantes de lo que dio en llamarse posmodernismo literario, o para ser más concretos y certeros, dos de los principales autores de la renovación literaria de la segunda mitad del siglo XX, Vladimir Nabokov y Jorge Luis Borges, hayan sido entusiastas admiradores de Robert Louis Stevenson (Escocia, 1850 - Samoa, 1894). En este escritor, que había sido casi olvidado o abandonado en los estantes de la literatura juvenil, con sus relatos de aventuras exóticos y fantásticos, Borges y Nabokov advirtieron un pudoroso pero firme formalismo y una transparente pero precisa construcción de los argumentos, una tendencia opuesta al realismo (sobre todo francés) que se imponía en la época. En uno de sus ensayos Stevenson escribió que la tendencia al detalle del realismo resulta útil al moralista pero “presenta un interés menor para el artista. Todo arte representativo que se pueda considerar vivo es a la vez realista e ideal y el realismo que hoy analizamos es una tendencia puramente exterior. No se trata de un verdadero culto a la naturaleza, sino de una extravagante moda verista que nos obliga a regresar al arte más amplio, más variado y romántico de antaño”. Que es precisamente también el “regreso” que a su vez practicaron Borges y Nabokov.

También escribía Stevenson: “El estilo perfecto no es, como dicen los necios, el más natural, porque el más natural es el parloteo inconexo del cronista, sino el que alcanza de una forma discreta el más alto grado de elegante y fecunda implicación; o si lo hace sin discreción, llamativamente, lo hace con el máximo provecho para el sentido común y el vigor... Una telaraña, una pauta a la vez sensorial y lógica, una trama elegante y fecunda: eso es el estilo, ése es el fundamento del arte de la literatura”. En la imaginación (que el autor debía acicatear en el lector) se centraba la máxima preocupación formal de Stevenson.

El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde es una de la novelas más célebres de Stevenson. Ha dado pie a múltiples interpretaciones y a incontables versiones radiofónicas, teatrales y cinematográficas. Se cuenta que el argumento le fue revelado a Stevenson en un sueño. Una noche su esposa lo oyó gritar dormido y lo despertó pensando que era presa de una pesadilla, pero él se indignó: “¿Por qué me despertaste?”, le dijo. “Estaba soñando un dulce cuento de terror”. Se cuenta también que la novela fue escrita en la cama, a orillas del Canal de la Mancha, en 1885, entre hemorragias pulmonares. Y que el primer manuscrito fue quemado por Stevenson, debido a las críticas que despertó en su esposa, probablemente debido al fuerte contenido sexual. Y que en pocos días fue reescrito.

El abogado Gabriel John Utterson investiga la extraña relación entre su viejo amigo, el noble Dr. Henry Jekyll y el maligno Edward Hyde. A través de expedientes varios se va descubriendo que ambos personajes son uno, a quien una poción provoca la metamorfosis. La parte maléfica se va haciendo cada vez más fuerte hasta manifestarse espontáneamente, mientras uno de los componentes de la droga necesaria para que el Dr. Jekyll recobre su persona se agota sin poder reemplazarse.

Chesterton, con sus acostumbradas volteretas paradojales, señaló que hay quienes criticaron la banalidad “de la idea de que un hombre sea realmente dos hombres y pueda dividirse en uno bueno y uno malo. Desafortunadamente para ellos, sucede que ésa no es realmente la idea. La auténtica puñalada del relato no es el descubrimiento de que un hombre resulta ser dos hombres, sino el descubrimiento de que dos hombre son un solo”.

Tanto Nabokov como Borges previenen contra la usual lectura de este libro como si se tratara de una novela detectivesca, sobre todo porque en general ya todo lector moderno sabe la resolución del enigma. Se trata más bien de acercarse con el mismo espíritu que a una obra clásica, de la que se esperan no sorpresas argumentales sino la manifestación de la sabiduría que ha sobrevolado los tiempos; de la fuerza, en suma, de la poesía. Incontables ediciones populares, a veces distorsionadas y siempre descuidadas, atentan contra tal lectura. La cuidada edición que presenta Colihue en su colección Clásica, viene a salvarnos de este percance.


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Robert Louis Stevenson, en un retrato de 1887, por W. Blake Richmond.

 



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