La vuelta al mundo

Dominique Strauss Kahn

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Rogelio Alaniz

Daría la impresión que las únicas personas que creen en la inocencia de Dominique Strauss Kahn (DSK) son su esposa, la periodista Anne Sinclair con la que está casado hace más de veinte años y su hija, quien asegura que a la hora en que su padre presuntamente intentaba violar a la camarera negra del hotel Sofitel de Nueva York, ella estaba almorzando con él.

Francamente, no son buenos testigos para una estrategia de defensa. El abogado de DSK, el señor Benjamín Brofmann, algo sabe del tema porque en su momento adquirió celebridad defendiendo a Michael Jackson por una causa parecida. Braufmann es un excelente abogado especializado en defender a violadores indefendibles entre los que se destaca Michael Jackson. Desde mi ignorancia jurídica se me ocurre que Brofmann no debería ser el abogado de alguien que pretende ser inocente.

Los amigos de DSK dicen estar consternados por la noticia, pero en realidad quienes lo conocen bien saben en su fuero íntimo que atendiendo a las inclinaciones sexuales del personaje, todo puede ser posible. La presunción de inocencia le vale a DSK como al más modesto ciudadano, pero convengamos que para el quisquilloso e impresionable tribunal de la opinión pública ese principio no esa fácil de establecer, sobre todo cuando el personaje es el Director del FMI y candidato a la presidencia de Francia.

Es muy probable que a DSK le hayan tendido una trampa, pero también es muy probable que sea culpable y, por último, es muy probable que hayan pasado las dos cosas: que le han tendido una trampa y que afectivamente el haya mordido el anzuelo. Todo poderoso sabe que, como dijera Carlos Pellegrini, vive en casa de cristal y por lo tanto debe ser muy cuidadoso con su vida privada

Por lo pronto, los dirigentes del Partido Socialista de Francia están desolados. Más allá de los avatares de una interna, el hecho de que su principal candidato sea descalificado por un episodio sexual es un escándalo. Es por ello que Martine Aubry, Francois Hollande, Segolene Royal y el propio Jacques Attali, trataron de ser mesurados y prudentes en sus declaraciones. Marine Le Pen, la hija del candidato histórico de la extrema derecha francesa, no se sintió obligada ser prudente y calificó a DSK de cadáver político.

Y esta es otra de las paradojas de este escándalo. Se trata del Director del FMI, la institución considerada por políticos e intelectuales nacionalistas y de izquierda de los países periféricos de algo así como la encarnación de la explotación del hombre por el hombre. Pero este director del FMI da la casualidad de que es socialista y su tragedia en lugar de provocar la alegría de la izquierda, colma de felicidad a los dirigentes de la derecha de todo el mundo, empezando por los de la extrema derecha yanqui que siempre consideró a DSK un peligroso bolchevique y al FMI un invento perverso de la izquierda keynesiana.

Teóricamente DSK puede que sea inocente, pero convengamos que los antecedentes no lo favorecen. Desde el investigador policial más cultivado al más modesto policía, no dejaría de llamarle la atención un personaje imputado de acoso y violencia sexual cuyo prontuario está manchado por las mismas imputaciones. DSK es inocente hasta que se demuestre lo contrario, pero ello no lo inhibe ser el principal sospechoso. Seguramente en esos términos pensó la policía de Estados Unidos que ante la denuncia de la víctima no vaciló en subir al avión para sacarlo, no con las manos esposadas, pero sí con un destino que no era París sino Harlem, una comisaría de Harlem.

Comentario al margen es la eficacia democrática de la policía norteamericana, quien ante una denuncia presentada por una modesta mucama de un hotel donde los huéspedes pagan 3000 dólares la noche, no vacilan en detener al acusado sin reparar que se trata -por decirlo de una manera algo retórica- de uno de los personajes más importantes del mundo.

Las crónicas relatan que la policía de civil subió al avión y sacó al acusado de la manera más discreta posible. De todos modos, no deja de llamar la atención que una persona de la investidura de DSK haya aceptado sin demasiadas protestas que lo lleven a un calabozo de Harlem. ¿Sangre fría, discreción aristocrática o admisión tácita de culpabilidad? Que cada uno responda a estas preguntas como mejor le parezca.

La detención de DSK ha dado lugar a los más sabrosos comentarios acerca de su vida privada. Puede que esta intromisión o fisgoneo de los medios sea injusta pero convengamos que en el mundo que vivimos un escándalo de esa naturaleza expone inevitablemente la vida privada de los imputados. Por lo pronto, lo que se ha ventilado es el refinado y costosísimo tren de vida del dirigente socialista. Según las crónicas dedicadas a estos chismorreos los trajes del caballero valen alrededor de 35.000 dólares y el auto con el que pasea por París es un Porsche tasado en 100.000 euros. Su mansión ubicada en una de las zonas más caras de París , que es decir también una de las zonas más caras del mundo, está valuada en cinco millones de euros, una bicoca al lado de los palacetes de algunos jeques árabes, pero siempre se supuso que un político democrático, socialista por añadidura, era algo más sobrio con sus gastos.

De DSK no se sabe bien si ponderar su ostentoso estilo de vida o su brillante y acerada inteligencia que lo ha convertido en uno de los políticos más prestigiados de Europa, o su adición compulsiva a las mujeres. Nació en un hogar rico y desde niño lo educaron para disfrutar del estilo de vida de los ricos. A los placeres del dinero le sumó pronto los placeres de la inteligencia. Los padres de DSK vivían como burgueses pero gozaban de las bellezas del espíritu como aristócratas. Su mansión en Marruecos, levantada a orillas del Mediterráneo, era un lugar de cita obligada para los intelectuales “progres” de los años sesenta y setenta. DSK se crió en ese universo refinado y exquisito donde se conversaban los temas políticos, se ponderaban las pinturas de Caravaggio o Picasso y los poemas de Paul Eluard y todo esto en cinco o seis idiomas, porque al inglés, al alemán, al español y al francés, DSK los aprendió a hablar desde niño. Digamos, para ser justos que DSK no necesitó ser funcionario del FMI para conocer los placeres de la buena vida.

Según mis informaciones, hasta la fecha se ha escrito una sola biografía, tarea que estuvo a cargo del escritor Michael Taubmann. Seguramente en el futuro llegarán otras, pero en todos los casos sería interesante registrar cómo se conectan en la vida de un hombre las exigencias intelectuales, las obsesiones sexuales con el regodeo del poder. Se dirá que una vocación pertenece al mundo público y la otra al privado. Más o menos. La distinción entre lo público y lo privado se establece trazando una raya bastante difusa y arbitraria. La sexualidad de DSK es privada hasta un límite, sobre todo cuando lo privado se conecta con el Código Penal y, además, el personaje aspira a ser el presidente de Francia.

Formado en los mejores institutos de Francia, políglota, frecuentador de obras de arte y de los textos canónicos de la izquierda socialista, su itinerario biográfico podría ser graficado con dos paralelas: en una circula el intelectual, el funcionario y en el otro el sibarita, el personaje obsesionado por sus fantasías sexuales. El primer escándalo parece que lo protagonizó durante su adolescencia cuando les exigió a sus padres que lo autoricen a casarse con Helene Dumas. Después llegaron dos casamientos más. uno con Brigitte Guillamette y el otro con Anne Sinclair, la periodista estrella más famosa de Francia.

Los matrimonios parece que no impidieron las más diversas aventuras amorosas. Periodistas de la farándula lo denunciaron con fotos incluidas ser uno de los habitúes de uno de los burdeles más caros de París: el “Club les Chanelles”.

En estos días, la periodista Tristane Banon admitió que en una entrevista debió recurrir a la astucia y al filo de sus uñas para evitar ser violada. En su condición de titular del FMI protagonizó un sonado escandalete con la economista húngara Piroska Nagy, quien, por esas casualidades de la vida es la ex esposa del economista argentino y funcionario del FMI, Mario Blejer.

Los escándalos sexuales en la vida de este hombre siempre estuvieron acompañados de escándalos políticos. El más sonado fue el que ocurrió durante la gestión de gobierno de Lionel Jospin de quien fue Ministro de Finanzas. Sus vicios, sus amoralidades parecen convivir en armonía con su simpatía personal, su trato exquisito y su portentosa inteligencia. Todo ello muy bien sazonado con un encantador toque de cultura socialista.

No deja de llamar la atención que una persona de la investidura de DSK haya aceptado sin demasiadas protestas que lo lleven a un calabozo de Harlem. ¿Sangre fría, discreción aristocrática o admisión tácita de culpabilidad?