SEÑAL DE AJUSTE
La venta de humo y el tap según Cormillot

“La gran astucia consistió en crear una sensación de familiaridad en escena que también involucra al público”, sostiene Maurer. Foto: Gentileza Ideas del Sur
SEÑAL DE AJUSTE
La venta de humo y el tap según Cormillot

“La gran astucia consistió en crear una sensación de familiaridad en escena que también involucra al público”, sostiene Maurer. Foto: Gentileza Ideas del Sur
Roberto Maurer
Como sucedió con Bin Laden, se ha sobrevalorado la influencia de Marcelo Tinelli en la sociedad. Por su gran audiencia, la paranoia de la clase política le atribuye una influencia ilimitada sobre las masas, y basta con recordar el nerviosismo que acompañó a la última versión de “Gran Cuñado” en un año electoral como éste. Tinelli ha jugado con esos temores, y ante una reedición de “Gran Cuñado” en el corriente año, ha respondido con un incierto “veremos”, que sólo consiguió acentuar la inquietud.
En este orden, se ha escuchado el rumor de que hubo presiones del gobierno a los canales para evitar el fenómeno de multiplicación producido en años anteriores, es decir, la repetición diaria en otros programas de los canales competidores de El Trece de lo que ocurre en “Showmatch”, como una forma de recortar el poder que le atribuyen a Tinelli. En este aspecto, los consejos persuasivos habrían sido transmitidos a América, un canal que se ha ido acercando al aparato de propaganda oficialista. Parece inverosímil, pero puede ser posible en un país cuya contradicción principal está encarnada en Mirtha Legrand y Paka-Paka.
Esperando a Ronaldinho
Ya se encuentra en marcha la temporada 2011 de “Bailando por un sueño” y, al momento de escribir estas líneas, seguramente ya se produjo la aparición de Ronaldinho, que era la gran estrella anunciada para el debut, y que no pudo llegar por los horarios del avión, con lo cual se demuestra una vez más que Tinelli no es omnipotente, o que por lo menos no controla el espacio aéreo.
Sin Ronaldinho, quedó un show estruendoso pero flaco por lo doméstico, prácticamente montado con personajes de la casa, al punto de que le hicieron bailar tap al Dr. Alberto Cormillot, que se convirtió en la figura principal de la noche. Es la magia de Tinelli: lograr la consagración del conductor de “Cuestión de peso”, que ha cumplido 72 años de edad y cumplirá 50 con la medicina, gracias a su afición senil al zapateo americano.
Como apertura de la gala, se vieron imágenes de los fastos reales de la boda del príncipe William de Inglaterra, acompañadas por un audio falso de humor chusco pero divertido, referido al regreso del programa. A la parodia siguió un largo pasaje inspirado en el Cirque du Soleil, superpoblado de bailarines y acróbatas: fueron 400 personas realizando un virtuoso esfuerzo de danza aérea, acrobacia, habilidades circenses y cama elástica, pero sin un sentido definido, o sea un espectáculo empalagoso.
Lo que siguió, expresado con la exactitud del idioma popular, fue pura franela y humo: bromas cómplices, abrazos y picardías de familia, principalmente intercambiadas entre Tinelli y el gerente Adrián Suar, siempre presente en los debuts. Hubo palabras de doble sentido dirigidas a Pergolini, el viejo adversario de Tinelli, ya que acababa de ser visto en su participación especial en “Los Únicos”, y una invitación a incorporarse a las filas de El Trece. Tinelli también envió un beso a “Su”, con quien ha tenido algunos roces: solamente los dioses, en su infinita bondad, pueden ser tan magnánimos con los enemigos.
Pobre, sin que se note
Luego de los saludos, la serpiente se dedicó a comerse la cola, es decir, a ofrecer números del elenco de la casa que comenzaron con Mariano Martínez interpretando a su personaje de “Los únicos” en clave de parodia y bailando un tema de Rodrigo. Luego, se quedó el resto del programa en musculosa, el vestuario que lo llevó a la fama.
Fue el turno de Griselda Siciliani, la pareja actual de Suar y otra protagonista de “Los únicos”, que se prestó a chistes domésticos con su marido, antes de participar en una coreografía, en una noche en que hasta el Burrito Ortega bailó, sin mayores consecuencias. Pampita no es de la casa pero fue ganadora en 2008 y apareció acompañada por su pareja Benjamín Vicuña, que participa en la tira “Herederos de una venganza”, también de la casa, con quien se juntó para unos pasitos de cumbia. En cuanto a imitaciones, la de Riquelme realizada por Freddy Villarreal fue lastimosa, en tanto resultó bastante cómica la de Ricky Martin que ofreció Martín Bossi, con vaqueros ajustados y agarrándose la entrepierna, a quien le sumaron sus dos nenes en brazos de su pareja masculina mezclados entre el público.
Aparte de lo barato que resulta programar con la propia tropa sin ofrecer una pantalla patética, la gran astucia consistió en crear una sensación de familiaridad en escena que también involucra al público, provocando la reconfortante ilusión de que los famosos son como nosotros, y que bajan de la montaña para confraternizar con la plebe.
Y rematar el show con Cormillot de camisa blanca, moñito y tiradores en un zapateo americano aprendido en un centro de jubilados, sin que resulte grotesco, o sea logrando la parálisis transitoria del sentido común.