Histórica visita de la monarca británica a Irlanda
Histórica visita de la monarca británica a Irlanda
La reina Isabel visitó el estadio donde se produjo el Domingo Sangriento
El 21 de noviembre de 1920 fuerzas del ejército británico ingresaron al campo de juego y mataron 14 personas, entre público y jugadores.

Hubo distintas manifestaciones y decenas de carteles en contra de la visita de la reina Isabel II de Inglaterra por las calles de Dublín, Irlanda. Foto: AGENCIA EFE
Télam-EFE-DPA
La reina Isabel II de Inglaterra recorrió el escenario donde se produjo el llamado Domingo Sangriento al iniciar hoy el segundo día de visita a la República de Irlanda, considerada histórica por ser la primera de un soberano británico desde la independencia del Reino Unido en 1922.
La monarca, rodeada de las mayores medidas de seguridad en la historia irlandesa, recorrió el estadio deportivo de Croke Park, en Dublín, donde hace 91 años ocurrió el primer Domingo Sangriento durante un partido de fútbol.
El nacionalismo irlandés quedó marcado por la tragedia ocurrida el 21 de noviembre de 1920, en plena guerra por la independencia (1919-1921), cuando fuerzas del ejército británico entraron en el campo de juego y abrieron fuego contra el público y los jugadores, causando 14 muertos y decenas de heridos.
Previamente, la reina, de 85 años, visitó la cervecería Guinness Storehouse, el museo de la fábrica de la famosa cerveza negra Guinness, una de las mayores atracciones turísticas de la capital irlandesa.
Isabel II, quien realiza la gira acompañada por su esposo Felipe, el duque de Edimburgo, tiene previsto participar de un servicio religioso para honrar a los 50.000 soldados irlandeses caídos en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), antes de un encuentro con la primera ministra, Enda Kenny.
Por la noche, la soberana hablará en el Castillo de Dublín, sede del gobierno británico durante la ocupación de Irlanda, donde asistirá a una cena de gala en el mismo sitio donde su tatarabuela, la reina Victoria, cenó en el siglo XIX.
Según la BBC, durante la cena, a la que asistirá el primer ministro británico, David Cameron, Isabel II admitirá los “errores del pasado” cometidos por Gran Bretaña en Irlanda, pero no pedirá disculpas por ese comportamiento colonialista.
Ayer, en el inicio de la visita, la monarca depositó una corona de flores y guardó un minuto de silencio ante el monumento que honra en Dublín a los irlandeses caídos por la causa de la liberación nacional.
En las inmediaciones se dieron cita manifestantes republicanos, que prendieron cohetes y arrojaron botellas, pero fueron controlados por la policía. Posteriormente, Isabel II fue recibida en la residencia oficial de la presidenta irlandesa, Mary McAleese.
Pocas horas antes de su llegada, las fuerzas de seguridad descubrieron cerca de Dublín un aparato explosivo de fabricación casera totalmente “funcional”, según el ejército.
Para la visita de la reina se tomaron las medidas de seguridad más estrictas en la historia de Irlanda. Por temor a que activistas norirlandeses perpetren un atentado, están activos unos seis mil policías y soldados.
El viaje es el primero de un monarca británico desde el que hiciera Jorge V en 1911, 11 años antes de la independencia del país en 1922.
Las relaciones entre ambos países estuvieron estancadas décadas por el conflicto en Irlanda del Norte, que sigue formando parte de Reino Unido, pero los Acuerdos de Viernes Santo en 1998, firmados tras casi 30 años de violencia entre católicos y protestantes, allanaron el camino a la normalización.

La reina Isabel II de Inglaterra (2ª izq.) y el príncipe Felipe (izq), duque de Edimburgo, son agasajados con una pinta de cerveza Guinness en su visita al almacén de Guinness en Dublín (Irlanda). Foto: AGENCIA EFE
Rechazaron probar “la pinta perfecta”
La reina Isabel II de Inglaterra y su esposo Felipe, duque de Edimburgo, protagonizaron hoy la anécdota del día en su histórico viaje a Irlanda, cuando durante su visita al museo de la fábrica de la cerveza Guinness rechazaron probar la que los irlandeses denominan “la pinta perfecta”.
La escena tuvo lugar en el Gravity Bar de la emblemática fábrica de Saint James, en la última planta de un edificio reformado para albergar un museo dedicado a la llamada “sustancia negra”, en referencia a esta cerveza “stout” famosa en el mundo entero.
La pinta fue servida por el “maestro cervecero” Fergal Murray, una de las pocas personas que conoce la cantidad y tipo exacto de lúpulo, malta de cebaba y levadura contenida en la fórmula secreta de la Guinness.
Aún así, Isabel II y su esposo rechazaron paladearla, quizá porque el duque de Edimburgo bromeó al preguntar si el agua para su elaboración procedía del Liffey, el río que transcurre por la capital irlandesa, cuando, de hecho, ésta se recoge en los manantiales cristalinos de las montañas de Wicklow.
Después de este pequeño “fracaso”, sus anfitriones guiaron a la Reina y al duque de Edimburgo alrededor de los ventanales del Gravity Bar, desde los que se puede disfrutar de una vista de 360 grados de toda la ciudad.
También pudieron observar el famoso contrato firmado por Arthur Guinness en 1759 para alquilar la citada fábrica por un período de 9.000 años a razón de 45 libras esterlinas anuales.