Editorial

El shopping para todos

“Un shopping con precios de feria” es el eslogan del nuevo emprendimiento impulsado por el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, que abrió sus puertas en el conurbano bonaerense, específicamente en José C. Paz. El singular centro comercial ofrece algunos alimentos a precios compatibles con las mediciones del Indec, junto a ropa deportiva con etiquetas falsificadas de primeras marcas, o películas y CD’s musicales pirateados.

La merluza, la milanesa, el asado o el cerdo “para todos” es hasta ahora el privilegio de unos pocos, que pueden asistir al Mercado Central de Buenos Aires y a un puñado de efímeros locales, de repercusión irrelevante en el escenario nacional.

Después de crear el Centro de Agrupación de Productores entre empresarios allegados, el gobierno nacional ahora sale a impulsar más puestos de venta directa de alimentos a precio oficial, como en el caso de José C. Paz. En el ingreso al predio, la cartelera es compartida por la presidencia, la intendencia y el propio secretario de Comercio; en funcional alineamiento político, el próximo centro comercial de estas características se abrirá en la capital del Chaco.

El kilo de asado a $ 10,50, el de pollo a $ 5,88, el pan a $ 2,50 el kilo o la leche a $ 2 el litro son ofrecidos en base a la eliminación de la intermediación. Si ese es el método para llevar buenos precios a la “mesa de los argentinos”, sumado a cierta tolerancia por la ilegalidad, sólo haría falta que el gobierno multiplique su intervención con nuevos mercados por todo el país.

Eso supondría eliminar distribuidores, comercios pequeños y medianos o puestos de empleo. Pero aún no hay quejas o advertencias conocidas de organizaciones empresariales o sindicales, hoy afectadas por un esquema de poder que premia los alineamientos y castiga las críticas, por fundadas que sean.

La lógica de llevar -a cualquier costo- buenos precios a la “mesa de los argentinos”, es la misma que impulsó en su momento el cierre de las exportaciones de carne para volcarla al mercado interno. Sin un sustento económico, los productores liquidaron su ganado; los frigoríficos cierran sus puertas; los sindicatos del sector temen la protesta abierta porque perderían los subsidios; las organizaciones empresariales están atravesadas por la mano estatal oficial y el país dejó de recibir divisas. Y lo más importante: la carne vacuna está cara como nunca, mientras que el consumo interno bajó.

El shopping para todos es, como el asado para todos, propaganda de corto plazo. No hay más beneficio que el que se verifica para unos pocos privilegiados vecinos, mientras la intervención del gobierno desalienta las inversiones necesarias para expandir la oferta y llegar a más consumidores con mejores precios.

Aún para la más radicalizada de las propuestas que se conciba como progresista, el concepto de sustentabilidad es un requisito indispensable, si lo que se persigue es un beneficio que se derrame y se sostenga. De lo contrario, la promesa no es más que un abuso camuflado para la ocasión.