Experiencia inolvidable
Una noche mágica en la NBA
Experiencia inolvidable
Una noche mágica en la NBA

El imponente estadio American Airlines Arena, propiedad de los Heat de Miami, totalmente colmado de espectadores. Foto: El Litoral.
El Litoral fue testigo privilegiado del segundo juego final entre Miami Heat y Dallas Mavericks en el American Airlines Arena, con 40.000 almas en La Florida.
Darío Pignata
Miami/Especial para El Litoral
Una cosa es que te lo digan y otra cosa es verlo. Todo el mundo habla de lo que es el show de un juego de NBA. ¡Imaginen lo que es ese mismo show montado para uno de los 7 juegos finales! En la experiencia personal, como periodista deportivo, sólo lo comparo con haber comentado un partido de Argentina en la Copa del Mundo de fútbol. No estaba preparado para ver 40.000 almas blancas aquí en Florida gritando con su habitual “Lets Go Heat” en un estadio cubierto como lo es este imponente American Airlines Arena, que tiene cuatro pisos: El Litoral observó el juego Miami Heat-Dallas Mavericks en la parte más alta de un recinto reservado sólo para los grandes: Luis Miguel, Marc Anthony, Shakira y similares.
En la capital del sol como se conoce a Miami, la ciudad preferida de La Florida, todo calienta. El día, con sus 28 grados, la arena, los cayos, los majestuosos hoteles de los famosos. Pero también calienta la noche en South Beach, lugar elegido por excelencia para los amantes de la noche sin final.
En esta ciudad que nunca duerme, todos quieren ser por estas horas LeBron James, aunque en realidad nosotros terminamos viendo más y mejor a Dwyane Wade, que juega al básquetbol como Messi o Maradona al fútbol. Sin embargo, todos enloquecen con James, mucho más después que Scottie Pippen, miembro del Salón de la Fama, considerara que el alero de los Heat de Miami puede llegar a ser mejor encestador y jugador de lo que fue el legendario Michael Jordan, con quien construyó la dinastía de los Bulls de Chicago.
“No hay ninguna duda que Michael (Jordan) es el más grande de todos los tiempos, pero ahora James ha demostrado que va camino de ser todavía mejor porque es imparable en su juego ofensivo, de transición y ha mejorado muchísimo en defensa”, declaró Pippen, que ganó seis título de liga junto a Jordan.
Toda esa presión le jugó en contra a James. Sin ir más lejos, en el juego del jueves, nos vinimos de Argentina para ver al sucesor de Jordan y terminamos viendo a Nowitzki, un alemán más duro que un Panzer. Nunca se entrega y contagia. Cuando en el último cuarto quedaron 15 puntos abajo, él solo levantó a los Dallas y dejó la serie abierta para Texas con un fatídico doble final.
Nowitzki, el gladiador
Si uno mira para atrás debe pensar que los Bucks de Milwaukee no podían saber ni intuir al menos que ese delgado y alto muchacho alemán se convertiría en unos años en uno de los mejores jugadores de la NBA, capaz de tomar una franquicia adormecida como Dallas y situarla como eterna invitada a los playoffs.
Este simple germano se transformó en el primer jugador europeo en ganar el premio de Jugador Más Valioso. Y, de paso, es uno de los únicos cuatro jugadores en la historia que ha promediado más de 25 puntos y 10 rebotes en playoffs, y que sólo Nowitzki y el legendario Kareem Abdul-Jabbar han logrado sumar cuatro choques seguidos con al menos 30 cartones y 15 rebotes. Un último dato: Nowitzki es el único en la NBA que ha totalizado más de 100 bloqueos y más de 150 triples en una campaña.
Todo esto quedó en claro cuando los Mavs enmudecieron el Arena con esa arremetida final. De golpe, las 40.000 almas blancas en negro de luto y allá abajo ese puñado de casacas azules festejando como Uruguay el Maracanazo.
Todo un show
Lo que rodea al show es inexplicable. Desde cada espectador sentado y hasta 100 fanáticos de Dallas mezclados con los miles de Miami, chocando las manos en medio de la multitud de los Heat.
Ya lo dije: me impactó ver 40.000 almas bajo techo y encima instalado en el cuarto piso, donde los gigantes parecen enanos. Desde lo cultural, es inadmisible lo que comen y toman antes, durante y después de cada juego. En cada piso, hay de todo: cervezas, bebidas blancas, pizzas, perros calientes, comida al plato y los tradicionales copones con pororó. ¡Comen de todo y toman mucho mientras se está jugando el partido, como una verdadera salida social y en familia!.
En las tiendas deportivas dentro del estadio se compran todo tanbién: a nadie le falta la camiseta blanca oficial, a un costo de 250 dólares la original, que en los shoppings (ejemplo: el Sawgrass Mills) se consigue a sólo 80.
No de casualidad la gente se disfraza lo mejor que puede. Y como todo está sponsoreado, hay una marca que ofrece la cámara de los fanáticos y recorre en cada tiempo muerto todo el lugar con un ojo giratorio. La gente aplaude y sigue el ritual a través de la pantallas gigantes que están por todos lados. Los mejores y más ocurrentes de Miami se ganaron los tickets, pasajes de avión y hotel para ver los juegos en Dallas.
Al refrescante espectáculo de las porristas se le agrega la mascota oficial que siempre sorprende con algo: en el juego donde estuvo El Litoral apareció con un pistolón de lanzamiento y regaló como “balas” lanzadas a las tribunas, camisetas oficiales firmadas por Le Bron James y Dwyane Wade. Nadie saltó de su asiento: al que le tocaba, le tocaba y listo.
Así, los menos importante para quien esto escribe fue el 95-93 con el cual los Mavericks llevan a Dallas la serie igualada en 1. Lo que rodea a un juego de NBA es fantástico como espectáculo. La gente alienta con el “GO” cuando su equipo ataca y sufre con un “DEFENSE” cuando retrocede.
Lo que pude conocer de básquetbol se lo debo a 20 años de café con Marcelo Mendoza en “La Calandra” y a mis amigos de Sunchales. Sin embargo, las tres horas se me pasaron volando.
Acá, en el mejor básquetbol del planeta, los grandes también fallan y también sienten la presión cuando hay que ganar algo. A Le Bron James le temblaron las piernas, en realidad las manos. A Nowitzki no le tembló nada. Por eso ahora nos vamos 1-1 de Miami a Dallas.

Los seguidores de LeBron James adquieren los distintos objetos que están puestos a la venta en el shopping del estadio. Foto: El Litoral