Edición del Sábado 18 de junio de 2011

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Cada paso, un pequeño triunfo - Edición Impresa - Revista Nosotros Nosotros

Cada paso, un pequeño triunfo

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La búsqueda de estrategias de aprendizaje, materiales y recursos se convierte en un motor permanente en la tarea diaria de enseñar.

Quizá desconocida para muchos santafesinos, la escuela Manzitti cumplió hace escasas semanas 26 años en su fecunda tarea de educar, integrar y acompañar a niños y niñas con discapacidad visual.

TEXTOS. ANA MARÍA ZANCADA. FOTOS. AMANCIO ALEM.

No fue fácil ubicarla ya que la mayoría de los santafesinos desconocemos su existencia. La Escuela Dr. Edgardo Manzitti funciona en un moderno edificio ubicado en calle Urquiza al fondo, en el Barrio Centenario. Allí, un grupo de jóvenes y entusiastas docentes, realizan una tarea difícil de imaginar pero con la certeza de cumplir con una vocación. Ellos, tal vez sin saberlo, son hacedores de cotidianos milagros.

El diálogo es con la directora, Vilma Gieco, entrerriana, que accedió entusiasmada a ser la voz de todo el grupo.

- ¿Dónde estudiaste?

- En Entre Ríos estudié Profesorado especializado en Discapacitados Visuales. Ese es mi título. Luego a través del trabajo tuve la suerte de pasar por todas las áreas, los ciegos, los de baja visión, multi-impedimentos. O sea que pude abarcar en general la problemática. Pero, más allá del conocimiento, te tiene que gustar para poder poner la pasión que se necesita.

- ¿Empezaste en esta escuela?

- No precisamente en este edificio. El 24 de mayo la escuela cumplió 26 años.

- ¿Y cómo surge?

- Había un grupo de padres de acá, de Rosario, de zonas aledañas, con niños ciegos, discapacidad visual o con otras patologías agregadas, algunos que no podían concurrir a escuelas comunes. Empezaron a viajar a Córdoba, donde estaba la Escuela Helen Keller, una de las primeras que tuvo el país para discapacitados visuales. De allá traían la información. Así surgió la necesidad de organizar algo aquí. Trabajaron muchísimo. Finalmente presentaron un proyecto en la Legislatura, salió la escuela, la primera que nació con un programa de integración en sí misma en la provincia de Santa Fe, que era para los chicos que ya estaban en las escuelas comunes, uno en Venado Tuerto, algunos en Rosario, otros acá. Chiquitos en su mayoría en Jardín de Infantes... Y bueno, hacían lo que podían. Los papás se organizaron, se autoconvocaron, pidieron asesoramiento a la gente de Córdoba, porque acá no había especialistas en discapacidad visual. La primera directora fue Mercedes Venencia; con tres docentes cordobesas, consiguieron un local en calle 25 de mayo, entre Salta y Mendoza. Un lugar espantoso, en condiciones precarias y contradictorias para discapacitados visuales, porque tenía escaleras, le faltaban barandas, tenía un entrepiso que era un palomar.

- ¿Y cuánto tiempo estuvieron allí?

- Hasta la década del ‘80. Se trabajó lo mejor que se pudo. Es entonces que comienza el profesorado en Entre Ríos, en el Instituto Nº 8 Teresa de Avila. Allí estudié y me vine acá a trabajar. Es por eso que las más viejas (se ríe) somos entrerrianas. Luego el profesorado se organizó aquí, en el Instituto Almte. Brown.

- ¿Y cuándo consiguen este local?

- Acá nos mudamos en el ‘96. Pero en realidad este edificio pertenece a la primera etapa. La escuela está planificada para hacerla en tres partes. Claro que se hizo la primera y nada más. Pero está proyectada con adaptaciones específicas para la discapacidad visual. Por eso ves que en la galería hay una parte con el piso texturado y otra lisa, o vas a ver que cada puerta tiene una pintura diferente para los chicos de baja visión, o sobre la pared exterior en el pasillo hay un cerámico liso, para que puedan hacer un rastreo con la mano y no les haga mal, lucecitas en cada puerta, y en la puerta verás carteles que dicen: “Servicio sicopedagógico”, otro dice “Servicio oftalmológico”, “Consultorio médico” o “Asistente social”, porque estaba pensado para que la escuela tuviese todo eso. Pero lamentablemente no lo tenemos; eso era para las etapas que no se hicieron. Tenemos, sí, dos sicopedagogas, una a la mañana y otra a la tarde.

- ¿Creen que esto se completará alguna vez?

- (Riéndose) Por supuesto, la esperanza nunca la perdemos.

- ¿De quién dependería?

- Lo que pasa es que el Ministerio de Educación no trabaja junto con Salud, o sea, no hacen proyectos en conjunto. Si bien en los reglamentos de las Escuelas Especiales se contempla la figura del médico o asistente social o del fonoaudiólogo, hay escuelas que los tienen, no todas. Yo presento el proyecto todos los años pidiendo la segunda etapa, pero... De todas formas la escuela está hermosa, nos arreglamos bastante bien. Es cierto que necesitamos un par de aulas más. El salón grande cubierto que tenemos lo hizo la cooperadora porque cuando llovía o hacía mucho frío no podíamos hacer Educación Física. Pero, ¿ viste la salita de música?

- Si, es muy pequeña.

- Claro, necesitarían un espacio mas grande. Pero no estamos tan mal, nos arreglamos.

- ¿Qué cantidad de alumnos tienen?

- Eso es importante aclararlo. Este año tenemos una matrícula de 177 alumnos, pero acá nunca vas a ver más de treinta, porque trabajamos con la modalidad de integración. La mayoría están en otras instituciones o en las escuelas comunes o especiales para discapacitados. Hay niños que tienen discapacidad mental y visual, entonces se evalúa cuál de las dos prevalece. Cuando la discapacidad mental prevalece, hacemos el apoyo desde lo visual o va un maestro y hace el seguimiento o lo hacemos desde acá con la sicopedagoga o con el apoyo de Internet, que nos viene fantástico. Son 90 instituciones con las que trabajamos.

- ¿De todo el país?

- No, solamente con la provincia. Hay niños que están en otras escuelas, por ejemplo en Rosario, otro en Rafaela, en Avellaneda. Pero abarcamos todo la provincia. Por ejemplo, dentro de nuestro radio, la Región IV, no entra San Jorge que correspondería a Rafaela. Pero como no tienen colectivos en horarios escolares para allá, y si lo tienen para Santa Fe, los tomamos nosotras. Tenemos niños de Estación Clucellas, de San Javier, Laguna Paiva, Recreo, San Jerónimo Norte, Esperanza, que vienen una o dos veces por semana, nada más para hacer la parte específica que necesitan. Le llamamos así: apoyo específico. Dentro de él, damos materias que son específicas para la discapacidad visual: orientación, movilidad, enseñarles a orientarse y moverse con ese poquito que ven, o a los ciegos totales a usar el bastón, a orientarse por los sonidos, por las claves ambientales, olores y sensaciones.

- ¿Que son esas sensaciones?

- Las de la piel, por ejemplo, cuando vamos caminando y llegamos a una esquina, ¿cómo nos damos cuenta? Porque se terminó la línea de edificación que te está frenando el viento, la brisa... Lo sentís en la cara, es muy fácil de reconocer. Lo que significa que una persona ciega o con discapacidad visual que tenga un buen entrenamiento, puede ser totalmente independiente. Tenemos, por ejemplo, la parte de actividad diaria que es todo lo que cualquier niñito aprende por imitación: lavarse los dientes, las manos, comer, ponerse la ropa. Pensá, desde que te levantás hasta que te acostás, en hechos cotidianos; en eso hay que trabajar. Acá les enseñamos mediante técnicas sencillas para que lo puedan aprender. Y lo hacen, con mucha paciencia, por supuesto. Luego está la parte de la informática, que ahora es muy importante. Ahora en una computadora común, poniéndole un programa que se llama “Jaws”, un lector que te va diciendo todo lo que aparece en pantalla, se puede navegar por Internet.

- ¿Han tenido fracasos?

- Por supuesto, pero nosotros no lo vemos como un fracaso, sino como un proceso que da mejores resultados o no. Entonces sabemos que vamos a intentarlo de otra manera. Acá no hablamos de fracaso porque siempre trabajamos en pos de lo mejor que se pueda lograr. Si lo que intentamos o propusimos no dio resultado, sabemos que hay que comenzar con algo diferente. En esta tarea hay un montón de cosas para hacer y es hermoso, hay que trabajar con alegría y pasión. Lo que te entusiasma en ésto es que nada está totalmente dicho. Hay una permanente búsqueda como profesional: probar, inventar materiales, la mayoría vienen de afuera y son muy costosos. Por eso permanentemente estamos haciendo cosas caseras, creando. Eso, en la profesión docente, es importante, te mueve a seguir, te entusiasma.

- ¿Ha habido casos difíciles?

- Sí, pero no es sólo el niño. Hay situaciones familiares complejas, pero es entendible. Nosotros no juzgamos. Cada niño tiene una problemática específica, diferente y hay que investigar para saber de dónde partir y cómo trabajar. En nuestra escuela no podemos ofrecer a dos niños lo mismo. Trabajamos con diferentes realidades económicas. Desde el que no ve absolutamente nada hasta el que viene a aprender a usar un parche. Todos conviven acá. Es una riqueza que nos enseña que no todos somos iguales.

- Me decías que había un plantel de 30 niños aproximadamente que son los que no concurren a las otras escuelas.

- Y claro, siempre los papás quieren una escuela común para sus chicos. A veces no lo comprenden. Cuando vemos que realmente el niño no progresa, lo que hacemos es un seguimiento del chiquito con un equipo sicopedagógico. Los trayectos escolares pueden ser diversos. Esta es una escuela primaria especial. Lo que pasa es que, por las características de nuestros alumnos, se le adosa la atención temprana y como ahora es obligatorio el secundario, como institución decidimos seguir acompañándolos como podemos, siempre con la misma planta funcional. Porque somos 16 docentes a la mañana y 15 por la tarde: tres directivos, uno por la mañana, otro por la tarde y uno de integración, que recorre todas las escuelas viendo cómo van los chicos.

Calle Urquiza al fondo... La escuela se llama Edgardo Manzitti, que fue el primer oftalmólogo en el país que se especializó en la infancia. Tal vez con el mismo entusiasmo, con el mismo amor y dedicación que ponen estas docentes en la realización de su diaria tarea. Ellas conocen el valor del esfuerzo y el significado de un pequeño paso que encierra horas de empeño y tiene el sabor dulce del triunfo.

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La escuela Manzitti cumplió 26 años el pasado 24 de mayo.

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La matrícula es de 177 alumnos, pero se trabaja con la modalidad de integración, por lo que la mayoría de los chicos están en otras escuelas comunes o especiales.

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TRABAJO EN RED

- Los alumnos que concurren, ¿vienen con un diagnóstico? ¿Cómo detectan las diferentes patologías?

- Ya vienen con un diagnóstico y una derivación oftalmológica. De todas formas, hemos desarrollado una muy buena relación con los profesionales que atienden a los chicos. Hemos formado una red muy importante con todos ellos, también con el Hospital de Niños y el Garraham: nos mandan indicaciones y, a la vez, enviamos nuestros informes. Es una red que se ha formado en todo este tiempo.

- ¿Hay una integración real del chico discapacitado con el resto?

- Sí, pero también depende de cada alumno, del docente, de la familia. No siempre se da todo armoniosamente.

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“Alegría y pasión” son dos de las consignas que el equipo de docentes de la escuela aplica a la hora de trabajar con los niños.

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