Llegan cartas
El control de las emociones
Tito L. Rochetti.
Ciudad.
Señores directores: El mundo de las emociones es algo que ocupa un lugar especial en el goce de la vida porque se pueden regular los sentimientos ordenando la propia motivación, evitando dejarse llevar por ellos. No se trata de ahogar o reprimir necesariamente las emociones sino acercarnos a lo que se conoce como inteligencia emocional, es decir, la capacidad que se tiene de sentir las propias emociones e incidir sobre ellas cuando se manifiestan, reconociendo los propios sentimientos mientras fluyen. Tal actitud tiene un propósito determinado porque sin una guía que ponga freno a las eventualidades de la espontaneidad emocional eso puede generar situaciones no deseadas.
Un ejemplo individual de la falta de control de las emociones ocurrió en el reciente torneo de tenis de Wimbledon, donde un encumbrado participante, al cabo de intercambiar pelotazos con su rival, arrojó la pelota fuera de la cancha perdiendo el punto. De inmediato, con furia demencial, en forma bochornosa, comenzó a aporrear su raqueta contra el césped. Minutos más tarde se disculpó públicamente por el exabrupto, pero eso no enmendó su falta de control. En lo colectivo tenemos la actitud de numerosos parciales de un club de primera división que luego del partido en que descendió de categoría, atentaron contra el bien común y propiedades de terceros, ajenos al hecho.
Entendidos expresan que las emociones son, en esencia, impulsos que nos llevan a actuar y que los sentimientos alteran el pensamiento cuando se está dominado por la ira. En tal circunstancia la razón y el pensamiento no tienen oportunidad de detener o triunfar sobre el arrebato. Asimismo se sostiene que hay emociones básicas como la ira, la sed y el miedo que están arraigadas y forman parte de nosotros al margen de nuestra voluntad. En cambio el modo en que manejamos este tipo de comportamientos innatos está en nuestras manos y podemos considerar las posibilidades de reacción y de decidir de acuerdo con nuestros motivos y criterios. Es decir que en una situación dada, con el control emocional podemos regular, controlar o eventualmente modificar estados anímicos y sentimientos.
Un aspecto importante de este autocontrol es la habilidad de moderar la propia reacción emocional porque si bien no podemos elegir nuestras emociones, desconectarnos de ellas o evitarlas, sí es posible conducir nuestras reacciones emocionales y completar o sustituir el programa de conducta congénito primario. Por otra parte el hecho de manejar nuestras emociones en forma inteligente depende de nuestro nivel de emociones en forma acorde con el proceso que las provoca. Y si se desarrolla empatía se adquiere la habilidad de adaptarse a las útiles señales sociales que indican lo que otros necesitan o quieren. En tal virtud las personas dotadas de inteligencia emocional se comportan y comunican socialmente en forma fluida con una notable capacidad de compromiso, asumiendo responsabilidades, siendo solidarios y expresando sus sentimientos abierta y adecuadamente. Para ejercer el conveniente control de las emociones se requiere la voluntad de la persona en tal sentido y practicar ese dominio en forma directa o asistida.




