Ensayo premiado por BASF

Dos para quererlos (en mi lote)

Aplicar los fungicidas Pyraclostrobin y Epoxiconazole cuando la soja recién empieza a formar vaina (R3), aún sin detectar ningún síntoma, le da al cultivo una protección casi definitiva contra Enfermedades de Fin de Ciclo. Lo comprobó Margarita Sillon y un equipo de profesionales y estudiantes. El rinde aumentó 27%, con granos de mejor tenor graso.

Dos para quererlos  (en mi lote)

Maldito fusarium. La muerte súbita causada por este hongo fue uno de los problemas detectados.

Foto: Gentileza Edith Wede

Campolitoral

campo@campolitoral

En colaboración con Edith Weder (AFA Humboldt)

Con el trabajo “Validación de paquetes tecnológicos para sanidad y productividad del cultivo de soja”, la fitopatóloga de la UNL Margarita Sillón constató la ventajas del uso preventivo de fungicidas y consiguió un nuevo reconocimiento a sus investigaciones sobre sanidad agrícola.

Apoyada por un grupo de profesionales y pasantes, la profesora adjunta de la Facultad de Ciencias Agrarias de Esperanza obtuvo una Mención Especial en el concurso Top Science, que organizó la empresa BASF, tras comprobar los beneficios que reportó la aplicación temprana y combinada de Pyraclostrobin (Estrobirulina de última generación) y Epoxiconazole (el Triazol de mejor performance).

El experimento se hizo en campos santafesinos (San Justo y María Juana) y uruguayos (Dolores y Paysandú) con pulverizaciones en R3 (formación de vainas) sobre cuadros sin síntomas visibles de Enfermedades de Fin de Ciclo (EFC). Entre los resultados finales se destacó un incremento de hasta 27% en la productividad al momento de la cosecha y un mejor contenido graso de los granos. También confirmó que los patógenos causantes de EFC estaban presentes (latentes) aún antes que el técnico pueda detectarlos; y que los tratamientos los mantuvieron casi en los mismos niveles hasta el momento de la cosecha (o sin que alcancen umbrales de aplicación), promoviendo una mayor proporción de área verde, así como mayor cantidad de vainas por nudo y por planta, mientras en lotes testigos la incidencia de enfermedades alcanzó al 40%.

CAMPO_P8-9_A.JPG

Diferencia evidente. Por los efectos conseguidos, es muy simple saber cuál es la franja tratada y el testigo sin pulverizar.

Foto: Gentileza Edith Weder

Un mal moderno

El informe de Sillon explica que las EFC cobraron mayor importancia desde la instalación de la Siembra Directa (SD) en la agricultura argentina. La tecnología se extendió sin la suficiente variabilidad de cultivos, cultivares y bajo sistemas de monocultivo, situación que ha generado excelentes condiciones para la multiplicación y supervivencia de patógenos, especialmente de aquellos que pueden nutrirse de restos vegetales muertos o en descomposición (necrotróficos). “Muchas de las enfermedades han agravado su ataque bajo este sistema generando importantes epidemias”, sostiene el trabajo. Incluso aquellas de menor importancia “comienzan a prevalecer en los cultivos, año tras año, generando manchas foliares de distinto tipo que en definitiva provocan pérdidas de área foliar activa”. Entre ellas, pueden mencionarse Alternaria spp (Mancha parda).; Ascochyta spp. (Cáncer de las Ramas) y Phyllosticta spp.

Los parásitos necrotróficos permanecen en el lote alimentándose de los rastrojos y luego se trasladan a las plantas. Son “potencialmente controlables por rotación” —explican los especialistas—, además del tratamiento de semillas y por la aplicación de fungicidas en los órganos aéreos.

Las condiciones ambientales propicias para el desarrollo de patógenos (temperaturas superiores a 25º C y alta humedad ambiental) durante los primeros estadios reproductivos, entre R1 y R5, pueden causar mermas en los rendimientos y pérdidas de calidad de semilla. Esas condiciones han caracterizado las últimas campañas sojeras en el área central de Santa Fe (Departamentos Las Colonias y Castellanos).

Manos a la obra

Frente a esta problemática, desde comienzos de la década la Facultad de Agronomía realizó estudios que analizaron la prevalencia de EFC en los departamentos Castellanos, Las Colonias y La Capital. A partir de 2006, se disparó al 100% de los lotes la mancha marrón (Septoria glycines) y el Tizón foliar por Cercospora kikuchii. También se confirmó, al igual que en Uruguay, que los patógenos característicos de estados reproductivos avanzados como Colletotrichum spp. (Antracnosis) y Phomopsis spp. (Tizón de la vaina) se presentaron todos los años, a partir de R5, con severidades que dependieron del régimen pluviométrico.

Ante estas evidencias, Sillon y su equipo se propusieron en el trabajo premiado “determinar posibles beneficios de aplicaciones de fungicidas en cultivos de soja que no presenten síntomas de enfermedades”. Para ello apuntaron a comparar situaciones similares en Santa Fe y Uruguay; analizar enfermedades latentes al momento de aplicar los fungicidas y desarrollar ensayos comparables entre ambas regiones, entre otras acciones.

CAMPO_P8-9_B.JPG

Midiendo en granos. Las parcelas tratadas incrementaron el rinde 7 qq/ha en los lotes de Argentina, sobre rindes de 27 qq.

Foto: Gentileza Edith Weder

Iniciado el trabajo, primero encontraron que sobre los folíolos sin síntomas el nivel de infecciones latentes era muy alto. “Los patógenos encontrados con mayor frecuencia fueron Cercospora kikuchii, varias especies de Fusarium y Alternaria, y Peronospora manshurica (patógeno causante de mildiu)”, señalaron. Este análisis demostró la ineficiencia de la observación directa de síntomas para determinar la prevalencia de enfermedades, ya que “están presentes en el cultivo mucho antes que el técnico pueda medir su avance a través de la cuantificación de umbrales”.

También concluyeron, al evaluar las aplicaciones de Pyraclostrobin+Epoxiconazole en R3, que el progreso de las EFC fue muy lento y recién mostraron un avance leve en R5 (inicio de llenado de granos) “sin llegar a los umbrales de aplicación reconocidos”, mientras en un lote testigo en María Juana (soja de segunda de ciclo largo sin tratar) “se presentó una severidad general del 40%”. En todos los ensayos verificaron que el tratamiento temprano había mantenido las enfermedades en los mismos niveles que al momento del tratamiento.

En cuanto a Roya Asiática de la Soja (RAS), el informe indica que “sólo se detectó en los lotes de Argentina, con incidencia final en San Justo del 50%, sin progreso en severidad y por lo tanto no se visualizaba a campo”.

Números que gustan

Uno de los efectos generales observados fue que, a pesar de presentar bajos niveles de EFC, en todos los sitios bajo ensayo se comprobó un mayor porcentaje de área verde hacia el final del ciclo de cada cultivo.

Al analizar los componentes de rinde, constataron una mejora en la cantidad de vainas por nudo, “que prácticamente se duplicó en los dos lotes de Argentina”. También mejoró la cantidad de chauchas por planta, incrementando el rinde. “El incremento logrado llegó a 7 qq/ha en los lotes de Argentina, sobre rindes de 27 qq, lo que implica un 27% de mejora, en una situación donde se hubiera dudado en la aplicación de fungicida en R3 porque sólo había síntomas iniciales de Septoria glycines (mancha marrón), muy por debajo del umbral de acción conocido y recomendado para fungicidas”, detalló el trabajo.

A su vez, “los estudios de materia grasa en granos dieron, en promedio, mejoras de 2% a 3% en los distintos ensayos, sobre valores de testigos de 16.3%”.

Entre las conclusiones, Margarita Sillon y sus colaboradores confirmaron que “el uso de Pyraclostrobin+Epoxiconazole en lotes de soja con bajos niveles de EFC en el momento de formación de vainas es una estrategia válida y correcta, porque se disminuye el estrés ocasionado por la presencia de patógenos en estado de infección latente y genera beneficios al proteger las vainas, evitando la pérdida y por ende promoviendo la productividad”.


Equipo completo

La autoría del trabajo galardonado es de Margarita Sillon (Profesora adjunta, FCA-UNL). Como co-autor/es: Ing. Agr.: Hugo Fontanetto (INTA Rafaela), Ing.Agr. Weder Edit (Agricultores Fed. Argentinos SCL Humboldt, Lucas Sobrero y Cristian Vaudagna (asesores privados).

También participaron alumnos pasantes en prácticas profesionales de la FCA-UNL: María Florencia Magliano, Marina Buemo, Eugenia Debenedetti, Diego Nocenti.

CAMPO_P8-9_RELACIONADACOMOSEHIZO.JPG

Cómo se hizo el trabajo

Se plantearon ensayos de campo bajo condiciones reales de producción y se seleccionaron lotes que sólo tuvieran en común la ausencia de enfermedades en R3, o la presencia de una sola patología, con niveles por debajo de los umbrales de decisión y la ausencia completa de roya de la soja.

En esos lotes se instalaron ensayos en DCBA con 4 repeticiones y con mochila experimental se aplicó Pyraclostrobin+Epoxiconazole a 500 cc/ha. Y como otro tratamiento Tebuconazole + Carbendazim, dejándose un testigo sin tratar.

Luego se determinó el nivel de enfermedad visible y se realizaron aislamientos para identificación de infecciones latentes. Con posterioridad a las aplicaciones se estudió el progreso de enfermedades, área verde remanente en R7, número de nudos por plantas, vainas por nudo, presencia de vainas caídas, vainas totales por planta, rendimientos y peso de 1000 semillas. Una vez realizada la trilla las muestras se remitieron al complejo de laboratorios de la Bolsa de Comercio de Rosario para determinación de materia grasa.

CAMPO_P8-9_C.JPG

De las más populares. El tizón foliar por Cercospora kikuchii, junto a la mancha marrón (Septoria glycines), se detectó en el 100% de los lotes desde 2006

Foto: Gentileza Edith Weder