Historia de la pequeña Italia

Un puñado de emigrados del pueblo de Lioni, en Italia, decidieron formar una asociación para preservar las costumbres de su terruño, la forma de ser de cada uno y el idioma, entre otras pertenencias. Se cumplieron 25 años de aquel sueño hecho realidad.

TEXTOS. MARIANA RIVERA.

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Miembros de las primeras comisiones directivas de la institución.

“Hizo falta tiempo, tolerancia y mucho anhelo para concretar el sueño de un grupo de lioneses residentes en nuestra ciudad, bajo la invitación e idea de don Ángel Cosentino: construir una asociación”, reseña Carlos Nittoli, presidente de la Asociación Ítalo Argentina Figli di Lioni, que el pasado 22 de junio festejó el 25 aniversario de su creación.

Una cena y una serie de actos alusivos convocaron a miembros de la institución -que funciona en Alvear 6379-, en su mayoría formada por integrantes -o sus descendientes- de aquellas familias pioneras que decidieron dejar su Lioni natal (un pequeño pueblo de Italia, provincia de Avellino, región de Campania) para radicarse en el barrio de Villa María Selva de nuestra ciudad.

Estos italianos formaron -según se suele decir- “la pequeña Italia” santafesina, una comunidad de familias lionesas que llegó aproximadamente a mediados de 1920, entre la que se contaban los Perna, los Sansone, los Contursi, los D’Amelio, los Napa, los Recce, entre otras pioneras. Fue la primera oleada de lioneses emigrantes, ya que después de la guerra del ‘50 apareció una segunda gran oleada, llamados por los parientes que ya estaban en el barrio.

Según recordó Victorio Di Salvatore, secretario general de la institución, “a principios del siglo XX, el barrio Villa María Selva comenzaba a despertar con motivo de la urbanización; era una villa tranquila, con calles de tierra, muchos baldíos y veredas desparejas. En las décadas del 20 y 30 comenzaron a llegar estos inmigrantes lioneses, que le empezaron a dar un nuevo impulso a la zona”.

Por eso, esta institución sería un punto de encuentro y de apoyo para estos inmigrantes, un centro de difusión de la cultura y las costumbres de aquella región italiana, y una manera en que los lioneses agradecerían a este país por haberlos recibido con los brazos abiertos.

La Vecinal Unión y Trabajo fue el lugar donde se firmó el compromiso de crear la asociación. Era el 22 de junio de 1986 y el sueño de aquel visionario Cosentino estaba comenzando a hacerse realidad.

DOS GRUPOS

Según explicaron los miembros de la comisión directiva, “quienes llegaron en este primer grupo de familias, generalmente trabajaban en el puerto, en el Molino Franchino-Lupotti o en el ferrocarril y estaban cerca de estos lugares. En la segunda oleada vino la gran mayoría que está hoy en el barrio. Entre ellos, llegó Ángel Cosentino, de un temperamento fuerte, luchador y emprendedor, quien tenía este sueño de formar una institución de lioneses, para charlar, contar nuestras historias, vivir los recuerdos. Estar fuera de la patria es un poco feo”.

Aquellos mismos lioneses que “pegaron ladrillos y mosaicos y pusieron su corazón para construir la sede social de la institución, tras la compra de un terreno”, eran los que consiguieron trabajo en el puerto, el ferrocarril, los molinos, la cervecería, las fundiciones, o hacían tareas agrícolas, ganaderas o de comercio, demostrando “cómo se trabaja duro y con esmero”, destacaron.

La sede propia -que se fue ampliando y mejorando durante las sucesivas comisiones directivas- sirvió para organizar diferentes actividades para esta pequeña comunidad de italianos, que seguía creciendo, pero también para los vecinos del barrio. Así, se dictan cursos de idioma italiano pero también de informática, yoga, pasticeria, danzas folclóricas y modernas y porcelana fría. Preferentemente hay que ser socio para participar pero no se discrimina a gente que no lo sea.

En la sede también funciona una filial de ACLI (Asociaciones Cristianas de Trabajadores Italianos), como oficina de atención al público permanente. La institución -que atiende gratuitamente en el primer piso de esta institución, de lunes a viernes, de 8 a 13- promueve los derechos de las personas, tutelando y protegiendo a los trabajadores y sus familias, y brinda asesoramiento y gestiona los trámites vinculados con el área de la previsión y seguridad social argentina e italiana. Por ejemplo, asesora sobre documentación requerida por Italia para obtener el pasaporte, las pensiones o las declaraciones juradas de los pensionados, entre otros trámites.

ALGUNOS RECUERDOS

“En 2001 organizamos un viaje a Italia, en el que participaron 52 personas”, recordaron algunos miembros de la comisión directiva. Y agregaron: “Fue realmente un encuentro muy emotivo, ya que viajó mucha gente que no había vuelto nunca a su país natal; algunos hacía 50 años que no regresaban. Tuvimos un recibimiento espectacular, tanto de los familiares como de la intendencia. Nos atendieron muy bien. Les llevamos un ceibo como recuerdo y se descubrió una placa recordatoria”.

También destacaron que “en el pueblo de Lioni hay una plaza con un obelisco, en donde se dejó tierra de todos los pueblos adonde han emigrado sus habitantes. Hay tierra nuestra, además de Australia, Canadá y Estados Unidos, entre otros países”.

Otra gratificación que tuvo la institución -reconocieron- fue la ayuda que les llegó desde aquel pueblo italiano durante la inundación de 2003. “Llegaron algunos políticos para colaborar con medicamentos, semillas y otras cosas que se necesitaban. Gracias a Dios, éste es un barrio y una comunidad próspera porque todos trabajan, así que no tenemos indigentes, pero ellos ayudaron igual”.

Aporte femenino

La Subcomisión de Damas de la Asociación Ítalo Argentina Figli di Lioni surgió en 2000 para colaborar con la institución. Está formada mayoritariamente por las esposas de los hombres que están en la comisión directiva.

Según relató María Lucía Blanche de Cosentino, “desde entonces empezamos a ayudar organizando almuerzos y cenas para recaudar fondos para la institución. Después nos fuimos independizando: organizamos té bingos de manera independiente y después colaborábamos con lo que a diario necesitaba la asociación. Algunas veces, una parte del dinero es destinado para beneficio: por ejemplo, compramos pañales para el hospital de Niños, colaboramos con el centro de salud del barrio o con alguien que lo solicita”.