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Chino Mansutti en el Centro Cultural Provincial

Las penas se van al cantar

Las penas se van al cantar
Las penas se van al cantar

Refutadores versión 2011: Damián Gómez (percusión), Gastón “Cata” Briggiler (guitarras y bajos), “Nano” Filosi (batería), Chino Mansutti (voces y guitarras), Juane Voutat (bajos, teclados y coros) y Hernán “Pacho” Geller (piano y coros). Foto: Gentileza Florencia Farioli

Ignacio Andrés Amarillo

iamarillo@ellitoral.com

A principios de 2009, Gonzalo “Chino” Mansutti inició un viaje por Europa que terminó llevándolo a lugares insospechados, especialmente de su propia alma. En el camino de vuelta, de Europa y de la oscuridad, fue encontrando un puñado de canciones que se convirtieron en el disco “Lleva”, y que el artista compartió el pasado viernes con su público en el Centro Cultural Provincial, en el marco de su presentación oficial, de la mano de los Refutadores del Pensamiento.

Dos caras del adiós

El furibundo bombo legüero de Damián Gómez (baterista y percusionista en el disco, esta vez reemplazado en el drum set por “Nano” Filosi) y los coros de Juane Voutat (además, bajista y tecladista, y el productor que definió el perfil del disco) y de Hernán “Pacho” Geller (pianista, el primer Refutador en ser reclutado) abrieron “Va a pasar”, la furibunda chacarera que le granjeó el ingreso a la semifinal del concurso YPF Destino Rock: una canción que desdice el título cuando afirma “tiempo al tiempo y nada, nada terminó”. Todo recubierto con voces cruzadas, pianos inteligentes y un solo de bajo.

Luego llegaría “Lleva”, compuesta cuando Farah aún era viable, y que hablaba del inicio de ese periplo. Ahí la banda (completada con el Refutador más nuevo, el ex Alkimia Gastón “Cata” Briggiler en guitarras y bajos) encaró para “Alessandria”, imágenes de un abandono vivido a la distancia, en esa ciudad italiana, otro de los picos altos del disco (“que adonde estés te vaya bien, yo ya soy otro”).

Volver a empezar

El primer invitado de la noche no sería otro que el mítico Raúl Segades, para (al igual que en el álbum) aportar sus dotes de guitar hero en “Sanar”, otra purga de demonios internos. El Chino presentó a este rocker de peculiar humor y corazón tierno como uno de los motivadores “de que uno esté arriba de un escenario”.

“Frágil” fue la primera evocación de Farah, el proyecto que Mansutti integró durante un lustro, y del que insistió (en un discurso entrecortado a veces por la ansiedad y las emociones cruzadas) en mostrarse orgulloso. Tras la fuerte presencia de este tema (con el cantautor colgándose la guitarra eléctrica), llegaría el que tal vez es el más pequeño, intimista, sentimental y superador de “Lleva”: “Mi mundo sin vos”, ese valsesito vestido por el acordeón de Lucas González Carballo: “El duelo se vuelve canción, las penas se van al cantar, y la soledad me la saco cantando este vals que de a ratos me ayuda a soñar”.

Tras esto llegaría la potencia de “Revolución”, tal vez el tema más rockero del disco: “Libertad es poder volver a cero”, dice la letra, que se vio ampliada por las líricas de Ignacio Sobrerilla, integrante de Rap Activo, con su aparición desde el fondo de la sala.

Solo y acompañado

Abandonado en el escenario, y un poco nervioso, Mansutti encaró solo con su guitarra de nylon “Santa Fue”, otro tema de Farah, para engancharlo con “Redemption Song”, el clásico de Bob Marley. Regresados Voutat y Geller, arrancaron una reversión pianística de este último de un viejo tema del cantautor, que durmió años entre viejos cuadernos: “Por y para”.

Después vendría “Belén”, el tema “carneavaleado” que el artista dedicó a la morocha homónima que terminó de sacarlo a flote, demostrando que (como afirmara Rodolfo Páez) que existe “El amor después del amor”: “Agarraste medio tipo y te llevaste uno entero”, fue la dedicatoria, y en la letra confirma: “Negra vengo roto y de a poco me vas a arreglar”.

Para el principio de la retirada, se sumaría la última invitada: la entrañable Carolina Bordón, ex tecladista de Farah, en representación de toda la banda. Así, fue el turno de “De otra esquina” y “Fríos de agosto”, dos clásicos de aquella agrupación.

La vuelta al disco llegaría de la mano de “Mateo”, una canción de cuna dedicada al sobrino del cantante, y que cuenta con unas voces en off (detalle algo aristimuñano) del propio Mateo Rolón y de Mateo Geller.

Los sueños

El final de la velada fue con el candombe moderno “Pa’ que la lluvia pare”, lleno de arreglos vocales, que dejó la clave en las palmas de los espectadores, mientras los artistas empezaban a pensar en la celebración a la altura de lo que se había vivido.

Así terminó otro viaje, el que una de las voces refrescantes de la música local le propuso a quienes fueron a ver la puesta en escena de un concienzudo trabajo artístico y un proceso de maduración personal.

“Hoy sólo puedo saber que la posibilidad de transformar la tristeza en arte ha sido lo más cercano a la felicidad que pude experimientar. Y si estas canciones logran transmitir algo de todo lo que me ocurrió en los dos últimos años, supongo que el pedido de ayuda funcionó, que la terapia fue efectiva. Que la honestidad ha dado sus frutos. Nunca me sentí tan orgulloso, nunca me sentí tan libre”, escribió el Chino para el programa de mano del concierto.

Al final, tenía razón el cantante de los ojos chiquitos: la tristeza se podía transformar en arte. Gracias por todo, Agostina: que adonde estés te vaya bien.

 



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