Editorial
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Después de las elecciones, la economía
Las urnas han dado su veredicto y ahora les corresponde gobernar a quienes ganaron y prepararse a ejercer la oposición a quienes perdieron. Las consignas, los jingles publicitarios, las justificaciones o las impugnaciones deben dar lugar al ejercicio responsable de la gestión. Las próximas elecciones están previstas para dentro de dos años, motivo por el cual ahora es el momento de empezar a atender los problemas económicos que persisten y los que se avecinan.
En principio, es necesario saber que las dificultades son serias. Si bien en algunas oficinas del oficialismo se siguen ponderando las virtudes del “modelo”, a nadie se le escapa que está agotado o, por lo menos, necesita de serias rectificaciones para adaptarse a los nuevos tiempos. La crisis económica internacional es grave, al punto que para más de un economista su intensidad no es muy diferente a la de 1929. En ese contexto no es responsable ni es serio suponer que nosotros nos vamos a mantener al margen de sus consecuencias porque las virtudes del “modelo” son tan excelsas que nada ni nadie puede afectarlo.
Por el contrario, lo que la prudencia y el saber recomiendan en estos casos es prepararse para afrontar la crisis como garantía de que sus efectos sean lo menos nocivos posible. Si bien durante la campaña electoral tanto el oficialismo como la oposición -por razones diferentes- relativizaron los peligros de la crisis, ahora que la competencia electoral ha llegado a su fin, se hace necesario actuar con responsabilidad tanto en el gobierno como en la oposición.
En el último año se sabe que la economía argentina ha funcionado con piloto automático. Sostener esa situación hacia el futuro sería más que riesgoso, irresponsable. Los datos de la realidad son los que señalan que el país ha perdido competitividad, el déficit del comercio industrial ha crecido, la Argentina hoy es un país importador de energía, la inflación persiste golpeando el bolsillo de los sectores de menos recursos y la sangría de divisas es alarmante.
En ese contexto mirar para otro lado o pretender resolver los problemas declamando que es necesario “profundizar el modelo” es una imprudencia que se puede pagar muy caro. Mas allá de la retórica oficial, el país vive de los commodities y cualquier variación de precios en el comercio internacional pude ser una verdadera catástrofe para nosotros.
Nos guste o no, ningún país puede vivir por encima de sus recursos. Los ajustes nunca son agradables, pero mucho más desagradables son las crisis desatadas sobre una sociedad no preparada para ello. La Argentina ha elegido a sus nuevas autoridades y el poder político obtenido en las urnas permite un amplio margen para tomar medidas que permitan afrontar las consecuencias de la crisis. En ese sentido, la tarea de un jefe de Estado responsable es avizorar los peligros que se ciernen en el futuro para obrar en consecuencia. Lo demás es irresponsabilidad o amateurismo político.