Egipto
La Junta Militar, tras los pasos de Mubarak
Egipto
La Junta Militar, tras los pasos de Mubarak
Los manifestantes se mantienen en la plaza Tahrir pidiendo la renuncia de los integrantes. Los disturbios ya provocaron 33 muertos.

Manifestantes egipcios huyen del gas lacrimógeno en la calle Mohamed Mahmud, epicentro de los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los manifestantes de la plaza Tahrir.
Foto: EFE
Enrique Rubio - EFE
EFE
Como si se tratara de un “déja vu”, la Junta Militar egipcia parece caer en los mismos tropiezos que llevaron a la caída de Hosni Mubarak en febrero, y su demora en responder a las demandas de la plaza Tahrir ha arrastrado al país a un callejón de difícil salida.
En esta ocasión no hubo zapatos al aire como cuando Mubarak anunció que seguía en el poder el 10 de febrero -solo un día antes de dimitir-, pero la reacción de la plaza Tahrir ante el discurso anoche del mariscal Husein Tantaui fue sorprendentemente similar.
Es probable que la Junta Militar haya ido más lejos de lo que nunca lo hizo Mubarak en sus concesiones, pero el dictamen de la plaza sigue siendo el mismo: “Fuera”.
Tantaui se comprometió anoche a celebrar elecciones presidenciales antes del 30 de junio, a mantener los comicios legislativos en su fecha, a partir del próximo lunes 28, y a crear un gobierno de salvación nacional.
Remató su discurso con una extremadamente ambigua oferta de convocar un “referéndum popular” para abandonar inmediatamente el poder “si lo situación así lo requiere”.
Las palabras a Efe del joven Ahmed Gharib en Tahrir resume de forma nítida la sensación predominante: “Si Tantaui hubiera pronunciado ese mismo discurso hace tres días, la situación sería diferente”.
Ahora, con 33 muertos -considerados “mártires” por los activistas- sobre el tapete, el enconamiento hace complicado vislumbrar un final para la protesta.
Al igual que sucedió con Mubarak, los manifestantes ha ido elevando el techo de sus demandas conforme pasaban los días. Si al principio podían haber aceptado una fecha para las presidenciales y un nuevo gobierno de salvación, ahora el desafío se ha convertido en una enmienda a la totalidad, sin apenas margen de negociación.
El líder del Movimiento 6 de Abril, germen de las protestas que acabaron con la presidencia de Mubarak, Ahmed Maher consideró, en declaraciones al diario “Al Masry al Youm”, que “las palabras de Tantaui no responden a las demandas; el discurso es igual a los de Mubarak en sus últimos días”.
Antes de soltar las riendas, el “rais” dio tres discursos: en el primero, el 29 de enero, anunció un cambio de Gobierno y nombró al jefe de los servicios secretos, Omar Suleimán, como vicepresidente; el 1 de febrero dijo que no se presentaría a la reelección; y un día antes de renunciar delegó parte de sus poderes en Suleimán.
Menos de 24 horas después, con su renuncia forzada por las Fuerzas Armadas, se comprobó que ya era demasiado tarde.
Para el analista Issandr el Amrani, autor del prestigioso blog “The Arabist”, la intervención televisada de Tantaui fue un “discurso gris que no ofreció un camino claro para pacificar a las multitudes en Tahrir”.
Amrani considera que la única salida pasa por “un gesto mucho mayor de lo que Tantaui ofreció anoche, que contenga una visión convincente para el futuro de Egipto”.
Lo cierto es que, incluso si la Junta Militar cediese ya el poder a una autoridad civil como reclaman los manifestantes, no está claro quién podría asumir el mando y qué legitimidad le otorgaría Tahrir y el conjunto del país.
Una opción extendida entre los jóvenes de la plaza es un gobierno de unidad nacional en el que estén representadas todas las sensibilidades y se apuntan tres nombres: el premio nobel de la Paz Mohamed el Baradei, el islamista y exmiembro de los Hermanos Musulmanes Abdelmoneim Abul Futuh, y el independiente Hosam Eisa.
Otra opción, como señala Amrani, sería transferir el poder a una consejo de magistrados, que conduciría al país hasta las presidenciales.
Sin embargo, en este momento no parece probable que Tantaui y los generales estén dispuestos a soltar el poder, ni que Tahrir vaya a aceptar cualquier cosa que no sea el fin de la Junta Militar.
Condena
El ministro del Exterior británico, William Hague, manifestó hoy su preocupación por la “inaceptable violencia y pérdida de vidas” en Egipto y condenó el uso de “peligrosas formas de gas”, contra los manifestantes. Por ello exigió a las autoridades egipcias que respeten el derecho de los manifestantes pacíficos y demandó un inmediato fin de la violencia contra los mismos, incluyendo “disparos y el uso de gas”. Todos los responsables de la violencia desproporcionada contra los manifestantes pacíficos deben responder por ello, dijo Hague, que pidió la puesta en libertad de los detenidos por participar en manifestaciones pacíficas.
La ONU pide investigar la represión
La ONU pidió hoy que se investigue la represión de las protestas de los últimos cinco días en Egipto y que se depure judicialmente la responsabilidad penal de quienes han empleado una violencia excesiva contra los manifestantes.
“Debería haber una investigación urgente, imparcial e independiente y se debería garantizar que se castiga a los responsables de los abusos que se han cometido”, declaró la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay.
En un comunicado, Pillay urgió a las autoridades a “poner fin al claramente excesivo uso de la fuerza contra los manifestantes en (la plaza de) Tahrir y en otros lugares del país, incluyendo el uso inapropiado de gas lacrimógeno, balas de goma y munición real”.
“Algunas de las imágenes procedentes de Tahrir, como las palizas brutales a manifestantes ya inmovilizados, son profundamente impactantes, al igual que las informaciones sobre manifestantes desarmados con disparos en la cabeza”, agregó.
Para la Alta Comisionada, las acciones del ejército y de las fuerzas de seguridad no están mejorando la situación de seguridad, sino todo lo contrario, con decenas de miles de personas saliendo a las calles en respuesta a la violenta represión.
Pillay recordó la proximidad de las elecciones parlamentarias y presidenciales en Egipto, tras el derrocamiento del expresidente Hosni Mubarak, y consideró que “el pueblo de Egipto merece ejercitar su derecho al voto (...) en un entorno de ausencia de violencia”.
También expresó su preocupación ante “el deterioro de los espacios públicos para ejercer los derechos fundamentales”, como las libertades de expresión, prensa, asamblea y asociación, y la necesidad de levantar de manera inmediata el estado de emergencia.
En vez de asistir a “una nueva sociedad democrática abierta en Egipto”, denunció Pillay, “estamos viendo otro estallido de violencia por parte del Estado contra sus ciudadanos, que de manera legítima expresan de manera creciente su indignación”.