Al margen dela crónica
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Famosos y traviesos
A Alec Baldwin ni siquiera le sirvió su intento de escapar hacia los baños. El martes, la estrella de Hollywood tuvo que abandonar un avión cuando estaba a punto de despegar porque la tripulación no lo aguantaba más. El motivo: el actor se puso a jugar con su teléfono, aunque las azafatas le dijeron que no lo hiciera.
No es la primera vez que los famosos se ven obligados a desembarcar porque no cumplen las normas indicadas por la tripulación. Pero estas normas no les afectan sólo a ellos, y hace tiempo que su utilidad es polémica.
Apagar los teléfonos, mantener abrochado el cinturón, los respaldos de los asientos en posición vertical y, por supuesto, nada de fumar. Estas son las reglas que todo el mundo conoce, pero no todos cumplen. Hace dos meses, la diva del pop Whitney Houston estuvo a punto de ser expulsada de un avión porque se negaba a abrocharse el cinturón de seguridad.
El actor irlandés Jonathan Rhys Meyers (Match Point) ni siquiera pudo embarcar, porque había pedido alcohol mientras esperaba en el lounge, a primera hora de la mañana. El cineasta Kevin Smith tuvo que bajarse de un avión por sus kilos de más y el actor Josh Duhamel (Transformers) también fue expulsado, igual que Baldwin, porque no quería apagar el teléfono.
“No hacemos estadísticas de famosos”, dijo Les Dorr, de la administración federal de aviación estadounidense. Sin embargo, las autoridades aéreas del país sí registran los vuelos que son cancelados o sufren retrasos debido a problemas con los pasajeros.
“La buena noticia”, dice Dorr, “es que el número de casos no aumenta”. La mala es que hay problemas casi a diario. Para las compañías aéreas, estos incidentes suponen elevadas pérdidas, mientras que el resto de pasajeros debe soportar a menudo largos retrasos.
Por ejemplo, un vuelo de París a Dublín se prolongó casi cuatro horas en lugar de la hora y media prevista porque a bordo iba Gérard Depardieu. El astro del cine francés quería ir al baño antes de que el avión despegara, pero una azafata se lo prohibió. Así que Depardieu tomó una botella. “Dije, señorita, tengo que orinar. No estoy enfermo, no soy un terrorista. Sólo necesito orinar”, contó después. Pero parte del líquido se salió de la botella (“era demasiado pequeña”) y Depardieu desató la indignación entre los pasajeros y titulares por todo el mundo.
La supermodelo Naomi Campbell acabó incluso ante los tribunales cuando hace tres años desapareció una de sus maletas. Campbell insultó a la tripulación llamándolos racistas, los escupió y se presentó estilosa ante la policía. Pero no le sirvió de nada: como multa, tuvo que limpiar los baños. Se presentó con un abrigo de pieles. Un chófer con un Rolls-Royce la esperaba al terminar.
“Seguramente, no es un problema entre los famosos”, comenta el portavoz de una aerolínea europea. “Simplemente, llama más la atención”. Así, gracias a Baldwin se ha vuelto a abrir el debate en la red sobre el sentido de las normas de vuelo. “¿Por qué tengo que plegar la mesa?”, se pregunta un usuario. Otro prefiere renunciar al avión. “No quiero sentarme en un medio de transporte donde un simple MP3 puede ser peligroso”.