MURIÓ EL PADRE RINCÓN
MURIÓ EL PADRE RINCÓN
“Fue un gran sacerdote, un gran ser humano”

Despedida. En el templo en el que vivió en los últimos 60 años se celebraron misas de cuerpo presente; y en su galería tendrá descanso eterno. Foto: Guillermo Di Salvatore.
Fray Adriano Rincón Domínguez, conocido por todos como el Padre Rincón, falleció ayer al mediodía, a sus 97 años. El recuerdo de sus colaboradores más cercanos y de los fieles.
Florencia Arri
“¡Se nos fue el padrecito Rincón!” exhaló Bruno tranquilo y con congoja. Es vecino de Santo Tomé y desde hace varias décadas acude a misa en el Convento de San Francisco (Amenábar 2557), y en su pena sólo quiso decir que Rincón “fue un santo”. Su pesar se reproduce de diferentes modos en el templo erigido por franciscanos, mocoretás y calchines donde Fray Adriano Estanislao Rincón Domínguez es sepultado hoy a las 17.
Sus restos descansarán en la esquina noreste de la galería que transitó por seis décadas; bajo las baldosas rojas y a sólo dos puertas de su habitación: la Nº 4. Allí le dieron en los últimos meses cuidados de enfermería y recibió a “la hermana muerte” ayer a las 11.30. Había sido internado quince días atrás en la Clínica de Nefrología por una afección pulmonar. Sólo estuvo “un par de días, porque pedía irse a su casa, al Convento” contó Emma Freyre de Iturraspe, quien desde hace 41 años preside el Apostolado de la Oración del Convento, con el que colabora desde entonces. Con la profunda pena de quien lo siente “como un padre”, agregó que Rincón “murió tranquilo, casi sin darse cuenta. Hacía tiempo que pedía a la Virgen que se lo llevara.Ya no podía vivir más, con tanto sufrimiento”. Susana Costa, secretaria del Convento desde hace 24 años, agregó que este desenlace fue precedido por una serie de deterioros: “Su cuerpo estaba cansado. Hace tres años estuvo al borde de su muerte el día de su cumpleaños... y Dios nos concedió tres años más de gracia al dejarlo con nosotros”.
“Era parte del Convento”
Este sacerdote cordobés, santafesino por adopción, fue mito mucho antes de su deceso. En el sur de nuestra ciudad, hay quienes todavía lo recuerdan en sus recorridos diarios con una bolsa de arpillera al hombro llena de recortes de carne que había conseguido a modo de donación para los chicos de la Escuela San Francisco; y al mando de un deteriorado Renault 4 con el que “recorría cincuenta panaderías para llevar pan a los chicos. “Fue un gran sacerdote, no conocí igual. Siempre con alegría, siempre dispuesto para todo -expresó Emma Freyre-. Gracias a Dios, murió en Santa Fe como quiso siempre”. El cariño era mutuo: en 1992, esta ciudad lo distinguió como ciudadano ilustre por su entrega a los más necesitados.
De extensa la trayectoria que forjó aquí, en seis décadas de vida pastoral, Fray Juan Ambrosioni destacó que Rincón “fundó una pastoral misionera, porque siempre se ocupaba de los pobres. Fue director del Colegio San Francisco, el primero de la ciudad, lo mantuvo desde sus inicios de un modo casi milagroso (...) Dejó en Santa Fe un legado pastoral, su dimensión humana fue muy apreciada”. Ambrosioni lo conocía de cuando tenía 15 años y él 30; ahora tengo 82 y él 97” en el Seminario de Buenos Aires, donde Rincón dictaba clases de Historia y Letras.
Ambrosioni conocía la vida del Convento de San Francisco -donde fue sacerdote de 1968 a 2001-, y hace un año fue llamado para regresar al Convento ante el deterioro físico de Rincón. Desde entonces, “el padre venía a la misa en silla de ruedas; y el 7 de mayo pasado se alegró al ver la cantidad de gente que vino a misa para celebrar su 97º cumpleaños. Era un hombre muy instruido y también un gran sacerdote”.
El elogio, recurrente, cobra mérito en el recuerdo de quienes lo conocieron de cerca. Con ojos vidriosos, Susana Costa expresó que Rincón vivirá en su recuerdo “fue un gran sacerdote, un gran ser humano. Era muy generoso, cumplió lo que encarna el sacerdocio. Su recuerdo será imborrable: era parte del Convento, su ausencia se va a notar muchísimo. Para quienes lo conocimos, su ausencia va a costar... aunque sabemos que él ahora está bien, con Dios y la Virgen”.
Vida y obra
“Tengo muchísimo cariño por Santa Fe, aquí encontré un regazo de paz, comprensión y de bienestar. Aquí me siento en mi casa”, expresó Rincón a este diario, hace diez años. En el Convento que atesora la historia de 321 años de vida, este fraile franciscano forjó una vida sacerdotal ejemplar de casi 72 años.
Nació el 7 de mayo de 1914 en la Estancia Los Naranjos, de Potrero del Sauce, en el Valle de Calamuchita, Córdoba. Junto a sus ocho hermanos, cursó sus estudios primarios en su pueblo natal y los secundarios en el colegio franciscano de la ciudad de Córdoba. A los 18 años ingresó al convento franciscano de Catamarca y más tarde se trasladó a Buenos Aires, donde completó sus estudios en Filosofía y Teología y, años después, profesor del Seminario. Se ordenó sacerdote el 21 de diciembre de 1940 y el 6 de enero de 1941 celebró su primer oficio religioso en su pueblo natal.
Fue profesor de los colegios Moreno y San Antonio de Padua de Buenos Aires; y del Colegio San Buenaventura de Mendoza, donde primero dictó clases y más tarde regresó como director. También presidió el Colegio Franciscano de la localidad santafesina de Aarón Castellanos, donde también fue párroco y fundó el Movimiento de Acción Católica y la Tercera Orden u Orden Franciscana Seglar.
Llegó a nuestra ciudad el 13 de marzo de 1953, donde vivió por seis décadas. Aquí fue docente del Colegio Nacional y de la Escuela Industrial Superior. En 1955, fue designado guardián del Convento, funciones que ejerció en cuatro oportunidades, y director de la Escuela de San Francisco. Desempeñó -además- los cargos de comisario nacional de la Venerable Orden Franciscana Seglar y asesor espiritual de la Tercera Orden.
