Coyuntura

Llovido sobre mojado

F.C.

No pasó una semana desde que Cristina Fernández asumiese su segundo mandato presidencial, cuando el horizonte empresarial, que ya venía cargado de dudas, se oscureciese más. No se trata de anunciar catástrofes, sino de prever acontecimientos.

Los choques entre la presidenta y el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, eran previsibles luego de que Fernández, en su juramentación, arremetiese contra “el chantaje y la extorsión” de la corporación sindical. No tan previsible, en cambio, fue la detonante respuesta del jefe gremial durante el festejo del Día del Camionero.

Todos los analistas que van a tientas, porque no intuyen con certeza en qué puede terminar la fricción, dieron mayor importancia al aspecto político, especulando sobre las consecuencias de una profundización en la ruptura al interior del peronismo.

Menos atención recibió el impacto que la radicalización “opositora” de Moyano puede tener en el horizonte económico de los próximos meses.

Nuevos aliados

Un primer dato es que los sindicatos críticos del “modelo”, por los motivos que fuere, lícitos o bastardos, se encolumnaron en apenas 48 horas tras las declaraciones del máximo dirigente cegetista.

“El movimiento obrero se debe unificar para esperar lo peor de este Gobierno, que es quitarle conquistas a los trabajadores”, declaró Gerónimo Venegas, secretario general de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre) y jefe de las 62 Organizaciones Peronistas, a Radio Mitre.

Casi al mismo tiempo, en otros medios, se sumaron opiniones favorables a Moyano de Luis Barrionuevo, que comanda la disidente CGT Azul y Blanca, y de Pablo Micheli, quien encabeza una fracción de la CTA. Micheli condicionó su apoyo a que la CGT de Moyano se atreva a “salir a la calle”.

Los empresarios

Toda esta efervescencia “activista” (hay quienes mencionaron en la semana el nombre de Raymundo Ongaro, aunque puede ser exagerado) impacta frontalmente contra las expectativas empresarias, alentadas por Cristina Fernández en su última visita a la UIA en noviembre.

Allí por primera vez pronunció públicamente la palabra “inflación” y también, por primera vez, adelantó la necesidad de una “sintonía fina” para tratar temas como la competitividad, que para los empresarios está directamente relacionada con las pautas salariales y la regionalización de los convenios.

Ese borrador de intenciones estalló cuando Moyano, otra vez, dijo que la única inflación que la CGT reconocerá, para plantear reclamos salariales en 2012, es la que dicten los supermercados. Los registros independientes de las provincias están cerrando el año con un crecimiento promedio interanual del IPC de entre 22 y 23 por ciento.

Si los sindicatos resuelven reclamar una “recomposición”, el IPC de las provincias puede ser un techo. Pero si deciden cubrirse de la inflación venidera, la situación será insostenible para empresas (básicamente Pymes) que ya tienen un costo salarial superior al 32% dentro de sus costos totales de producción.

El interlocutor

Si Moyano agudiza la confrontación (peleando por espacios de poder dentro del peronismo) la UIA perderá a su mejor interlocutor, luego de Cristina Fernández, para dialogar sobre alguna forma de coincidencia entre desarrollo industrial y aspiraciones laborales.

Algunas letras de molde en las que no hay que creer (como propone Fernández), deslizaron que antes del discurso del jefe cegetista en el acto de los camioneros, éste tuvo una breve entrevista con Ignacio de Mendiguren, titular de la UIA. Negociador como es, el empresario argumentó a favor de atemperar cualquier disidencia sin retorno. Moyano ya tenía trazado otro mapa de ruta.

Es posible que Moyano sea reemplazado como jefe de la CGT por otro gremialista con capacidad de diálogo. Pero para eso habrá que esperar hasta el próximo junio y las paritarias comienzan dentro de 60 días.