En el Cullen, el 70% de los accidentados SON motoCICLISTAS
En el Cullen, el 70% de los accidentados SON motoCICLISTAS
“No hay noción de la fatalidad”
Es lo que plantea el psicoanalista Adolfo Faya, que hace años que estudia la “psicología del tránsito”. En su visión, el problema es que los conductores no son conscientes del riesgo de muerte. Las motos lideran una estadística que asusta: en tres meses, la guardia del Cullen atendió a más de 1.200 motociclistas.

Drama. Escasos minutos después de un accidente, llega la asistencia médica para socorrer a las víctimas. Durante noviembre, el Cullen atendió a 443 accidentados en moto y 104 en auto. Foto: Archivo El Litoral/Flavio Raina
Ignacio Andreychuk
“La muerte viaja en moto”, tituló El Litoral el viernes 9 de diciembre. Pasaron los días y, sistemáticamente, los accidentes de tránsito que involucran motos elevaron el número de muertos y lesionados tanto en la ciudad como en el resto de la provincia. Sólo en una semana, seis personas perdieron la vida en el territorio santafesino en diversos episodios, según publicó este diario. De hecho, en el Servicio de Guardia del Hospital José María Cullen hubo 1.234 atenciones por accidentes en moto, en tan solo 90 días.
Si se tiene en cuenta que durante el trimestre comprendido entre septiembre, octubre y noviembre, el total de atenciones en ese hospital público por siniestros (se registran los accidentados en todo tipo de vehículos y también peatones afectados) asciende a 1.782 sucesos. Los lesionados por circular en motos (1.234) representan el 69,24 %.
Para el psicólogo y psicoanalista Adolfo Faya, lo más preocupante es que la mayoría de los conductores no tiene noción del riesgo de muerte. “Ya no se puede esperar que la persona que maneja una moto o un auto cuide su propia vida y la de los demás. En 1915, cuando Freud vio la carnicería humana que era la Primera Guerra Mundial dijo: ‘Nadie cree en su propia muerte, en el inconciente todos estamos convencidos de nuestra inmortalidad’. Deberíamos creerle y aplicarlo en las políticas viales”, aseguró el especialista en psicología del tránsito.
Faya recibió a El Litoral bien temprano, en la tranquilidad de su consultorio. Entre mates y un diván negro como testigo inerte, el psicólogo puso énfasis en la problemática de la alta siniestrialidad de las motos como correlato de la falta de reconocimiento a la autoridad y al semejante.
—¿A qué obedecen los reiterados accidentes de tránsito con motos como protagonistas?
—Principalmente porque hubo un mejoramiento en la capacidad adquisitiva en la sociedad. Este fenómeno se produce, generalmente, en sociedades en las cuales hay un crecimiento económico, entonces un gran porcentaje de la población reúne las condiciones para tener una moto. Además, se piensa que es una manera de alcanzar un estatus o determinado nivel de vida frente al resto.
—¿Qué se puede hacer?
—Es fundamental educar en el sentido ciudadano para que haya una comprensión de que la habilitación (el carné) es una aprobación ciudadana que tiene una persona para conducir, por lo tanto debe respetar leyes. Si una moto es signo de progreso económico, mejor confort, herramienta de trabajo, objeto de seducción y prestigio, etc., ¿no es lógico que el dueño quiera mostrarse y no taparse la cara con un casco?
—¿Cuáles son las herramientas para generar un cambio?
—Un paso preliminar sería el relevamiento de todos los accidentes viales en la provincia para analizar las causas de cada accidente y pensar las posibles soluciones. De alguna manera, es lo que hace la gente de aeronáutica con cada accidente aéreo: un estudio en profundidad que permite construir modelos de prevención menos abstractos y más pragmáticos. Sin embargo, en el tema de accidentología hay que utilizar todas las herramientas, porque es un problema muy complejo y produce mucho daño individual, social y familiar.
— ¿La conciencia y la responsabilidad ciudadana también es clave?
— Sí, tiene que ver con la sociedad o la ciudad que pretendemos: si queremos conciudadanos que cedan el paso al peatón, que circulen tranquilos por su derecha dejando libre su izquierda, motociclistas que renuncien al mostrarse por el uso de un casco, ciudadanos que vean a los inspectores de tránsito como representantes de la autoridad legal que busca su cuidado, seguramente el carnet de conducir será una habilitación ciudadana, un verdadero diploma; si no, será la ley de la selva, el tránsito será un caos, la autoridad será meramente un obstáculo a los fines de la picardía y destreza individuales.


/// PERFIL
Adolfo Faya

-Fue presidente del Colegio de Psicólogos de la ciudad.
-Trabajó en el procedimiento de los exámenes para otorgar la licencia de conducir, realizando jornadas de capacitación, conferencias y el primer curso de Psicología del Tránsito con profesores titulares de la Universidad de Buenos Aires.
-Recientemente formó parte del Programa de Infractores Contumaces del Tribunal de Faltas Municipal y el Hospital Vera Candioti, por el cual pasaron muchos infractores reincidentes que realizaron una pasantía, evaluada psicológicamente, para experimentar los estragos que producen los accidentes viales. “Es una experiencia para evaluar y para continuar, ya que cada pasante es un multiplicador de sus propias experiencias”, dice.
ESPECIAL PARA EL LITORAL
OTRA MIRADA
Cuando afecta a los chicos
Andrés Franco (*)
El hogar, la comunidad, la escuela, un auto, un micro o una autopista son lugares cotidianos para los chicos. Y su derecho a la vida estará protegido cuando nos movilicemos, con un cambio social y de manera colectiva, para asegurarnos de que cada uno de estos entornos sea un entorno protector.
Las lesiones por accidentes son un problema de salud pública porque afectan de manera grave el desarrollo social y económico de amplios sectores de la población. Se estima que cada año millones de personas quedan con secuelas transitorias o permanentes de discapacidad que determinan restricciones en las funciones físicas y psicosociales y disminuyen su calidad de vida.
Esto se suma al hecho de que en Argentina, los accidentes de tránsito son la primera causa de muerte en la población de 1 a 45 años y la causa de fallecimiento de 3 de cada 4 chicos entre los 15 y los 24 años.
(*) Representante de Unicef Argentina.