llegan cartas

Colegio Nacional “Simón de Iriondo”

Prof. M. Carlos Visentín.

DNI. 6.287.237.

Señores directores: Todos los colegios santafesinos tienen gran importancia y merecen ser permanentemente recordados. Por haber sido alumno —mi secundario lo cursé en ese establecimiento, y terminado mi carrera docente como directivo en 1951— guardo un amor especial por el Nacional “S. de Iriondo”. Mi otro amor es el Liceo Militar Gral. Belgrano donde dicté cátedra en carácter de fundador.

El colegio que es motivo de esta nota se levanta en los terrenos ocupado por un antiguo cementerio llamado San Antonio, donde estaba también la capilla del mismo nombre. En la reunión capitular del 26 de enero de 1908 el alcalde don Agustín de Iriondo propone establecer en ese lugar un hospital en el sitio donado por la extinta doña Cruza López, donde estaba también una Capilla y cabe recordar que por las leyes de India el “enterratorio” —así figuraba— de españoles e hijos de estos, se realizaba a en las iglesias y monasterios. Los cementerios eran destinados a esclavos o personas no pudientes.

Pero antes de continuar, en honor a la verdad, debo manifestar que la mayor parte de los datos de esta carta, han sido extraidos del libro “Memorias” de la extinta profesora Natalina Miotti, texto que en su momento fue definido en 1992 por el presidente de la Asociación de ex alumnos, Dr. Eleazar Wulfsohn como “un documento valioso del devenir histórico de ese importante establecimiento educacional”.

No fue fácil lograr su nacimiento, en tiempo de la ciudad colonial y su aparición impulsado por vientos liberales y del libre pensamiento significó el despertar de una nueva época. Es principio de siglo, la acción del progreso comienza hacerse sentir. Si bien el movimiento económico tenía como eje el puerto, la ciudad se va agrandando, van mejorando las calles, los tranvías a tracción van uniendo los diferentes puntos de la ciudad, se multiplican los establecimientos comerciales e industriales; los edificios mejoran y las antiguas construcciones van siendo reemplazadas por otras más elegantes y de mayor belleza. Tales arrolladores impulsos hace sentir, cada vez con mayor énfasis, la necesidad de contar con establecimientos educaciones. Si bien las grandes obras no son producto de un solo hombre, es necesario reconocer que todo movimiento necesita una cabeza que los guíe, y en ese sentido el doctor Manuel Menchaca se distinguió del resto y fue el principal gestor del éxito logrado. Tuvo también participación el doctor Menchaca en la fundación de la escuela Normal Nacional y obras de bien público como el hospital Italiano; la UNL; la Facultad de Farmacia; la escuela de Obstetricia. Siendo gobernador Menchaca el 30 de abril de 1915 se logró que se colocara la piedra fundamental del futuro edificio del Colegio Nacional debiendo esperar hasta comienzo del año 1927 para estrenar su sede definitiva. El colegió nació pobre, sin sede propia, y debió funcionar en varios lados antes de su actual situación, primero en el chalé de don Eugenio Aleman sito en ese momento en calle Tucumán y Avda. Urquiza; luego pasó a calle 25 de Mayo 2379; luego a San Martín 1828; luego a San Martín 1841. Por decreto del 17 de febrero del año 1906 son designados como vicerrector Enrique J. Muzzio y los profesores Dr. Julio Busaniche (Castellano); Dr. Ramón Lassaga (historia); Tobias Garzón (H) (geografía); Edmundo Escobar (historia natural); Enrique Muzzio (aritmética); Víctor R. Moschini (francés); Jacinto Demaría (ejercicio físico). Escribiente Dr. Antonio Alvarez Roldán. En ese mismo año son designados después rector Nicanor Molinas; Segundo A. Gómez, Antonio Herrera; José Parpal; Enrique Sandoz; Manuel Beney; Antonio Monjes Muñoz; Alfredo M. Bello secretario Juan Eduardo Vincent. Las clase se iniciaron con 75 alumnos 1º año 51 (45 varones y 6 niñas); 2º, 8; 3º, 9 y 4º, 9 alumnos. Las alumnas fueron: Margarita Anzarini; Giorgina Anzarini; Eloisa Clausell; Angélica Coria; América Lombella; Italia Lombella. En 1907 egresan los primeros 7 bachilleres: Alcides Greca; Gustavo Montyn; Federico Montyn; Luis Niklison; Alcides Ramos; Alberto Yost; Francisco Zuviría. En una segunda carta me referiré al turno noche de ese importante colegio.