Mesa de café

Camionetas y marihuana

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Remo Erdosain

-Así que una camioneta del Ministerio de Desarrollo de la Nación fue encontrada cerca de la ciudad -comenta Abel.

-¿Y con eso qué? -reacciona José que ya se imagina por dónde viene el chuzazo.

-Que la señora Alicia Kirchner debería dar explicaciones acerca de los cientos de kilos de marihuana que había adentro.

-Ya dio explicaciones -contesta José, mientras revuelve con la cuchara el café que Quito acaba de servirle.

-Las explicaciones que dio no me convencen -puntualiza Marcial.

-¿Y se puede saber qué explicaciones dio? pregunto.

- Dijo que la camioneta no era de su ministerio, que las inscripciones estaban falsificadas y que los que pretendían levantar un manto de sospecha contra la repartición eran hombres de mala fe -responde José.

-O sea, que dijeron lo de siempre -señala Marcial.

-Lo de siempre -digo-, incluido el ataque al gobierno de la provincia, al que responsabilizan por el triple crimen de Rosario.

-¡Que tendrá que ver mate de leche con ropero provenzal! -salta Abel.

-¿Se puede saber por qué decís eso? pregunta José amoscado.

-Lo que quiero decir -explica Abel- es que una cosa es encontrar una camioneta con inscripciones del gobierno, documentación del ministerio y cargada con drogas; y otra, muy diferente, pretender responsabilizar al gobierno de Santa Fe por la muerte de tres jóvenes mediante un ataque de ribetes mafiosos.

-Entonces, lo que vos querés decir es que el Ministerio de Desarrollo Social usa sus camionetas para transportar drogas -observa José con tono irónico.

-Lo que quiero decir -contesta Abel- es que se encontró una camioneta con drogas y que esa camioneta, hasta que se demuestre lo contrario, pertenece al Estado o ha sido contratada por el Estado.

-Pero no dicen una palabra del triple crimen -objeta José- es lo de siempre: los malos somos los peronistas y los gorilas son unos santitos.

-A no mezclar las cosas como se les da la gana -advierte Marcial- Se trata de dos episodios que no tienen punto de comparación. Hay una camioneta de una repartición nacional con drogas y, por el otro lado, tres adolescentes muertos en Rosario por una banda criminal. La camioneta quiero creer que no la mandó la señora Alicia, pero pertenece a su repartición y alguna explicación debe dar acerca de lo que pasó. El triple crimen fue perpetrado por asesinos que están siendo buscados. Para que los casos sean comparables, los autores del triple crimen deberían ser funcionarios del gobierno provincial, acusación que nadie hace porque a nadie le gusta caer en el ridículo.

-Sin embargo no es ridículo sospechar que esa camioneta es oficial, y que en algunos intersticios del Estado el narcotráfico tiene luz verde.

-¿Y vos crees que la señora Alicia usa las camionetas de su repartición para trasladar droga?

-Lo que yo creo -digo-, es que se encontró una camioneta con drogas tirada a un costado del camino. Y que las explicaciones que hasta el momento dio el gobierno nacional no me convencen.

-El ministerio ha dicho que la pintura de esa camioneta es falsa, que los delincuentes le pusieron las insignias del ministerio para transitar por las rutas sin problemas. Por otro lado, eso es lo que suelen hacer los narcotraficantes en distintas partes del mundo.

-No me interesa cualquier parte del mundo, me interesa la Argentina -enfatizo.

-Yo creo que no resultará difícil probar si la pintura es original o es falsa -dice Marcial.

-Es lo que espero que se haga rápido -agrega José.

-También sería deseable que expliquen con rapidez -señalo- el origen de las facturas de compras que aparecieron a nombre del ministerio.

-Digamos que tene varias cosas que explicar -acota Abel.

-¿Y ustedes no van a dar ninguna explicación por el triple crimen?

-¡Otra vez! -exclama Abel.

-Se está investigando; la Justicia de la provincia está buscando a los autores y hay un detenido. No creo que Bonfatti tenga la culpa de esas muertes.

-Como Alicia tampoco tiene nada que ver con esa camioneta -responde José.

-Es lo que espero -digo.

-Lo que yo espero -expresa Abel- es que nunca más una camioneta con drogas ande por las rutas argentinas protegida por una inscripción oficial.

-Y lo que yo espero -apunta Marcial- es que el año 2012 baje un cambio, como dicen los chicos, porque a esta velocidad nos estrellamos en la primera de cambio.

-Recién estamos en el mes de enero -resalto- y las novedades saltan a la tapa de los diarios todos los días.

-El año arrancó con el asesinato de un gobernador. Y siguió con la operación de la presidente por un cáncer que no era -comenta Abel.

-Ahora se habla de los aumentos salariales. Y a juzgar por las declaraciones de los sindicalistas, los tambores de la guerra ya empezaron a sonar -indica Abel.

-Lo que empezaron a sonar no son los tambores, sino los bombos de los peronistas -observa Marcial.

-Son como las declaraciones de guerra de los indios -agrega insidioso Abel-, anuncian tropelías, incendios, dolor y desastres por todas partes.

-Ya está el gorila -dice José incómodo.

-Gorila o no -respondo- admití que la mano viene complicada. Complicada en la Nación y en las provincias. Los gobernadores no saben si van a poder pagar los sueldos. Algunas provincias están literalmente fundidas, empezando por Santa Cruz, el paraíso pingüinero.

-Y mientras tanto en la ciudad de Buenos Aires -puntualiza Marcial-, el gobierno de los Kirchner no hace otra cosa que sabotear a Macri con las peores armas.

-Y el aliado que tiene para tan noble tarea es esa maravilla de juez probo y democrático que se llama Oyarbide.

-¿Y se puede saber -dice José dirigiéndose a Marcial -por qué decís “el gobierno de los Kirchner”, cuando Néstor está muerto?

-Digo el gobierno de los Kirchner -explica Marcial con su mejor tono docente- porque “Él” según palabras de la presidente, sigue gobernando. Y si esto no alcanza, también gobierna Máximo, a quien muchos lo consideran un ministro sin cartera, en tanto que no pocos los que lo imaginan como candidato del peronismo en 2015.

-No comparto -dice José.

-¿No compartís que Máximo sea candidato?- pregunta Abel sorprendido.

- No comparto -repite José-, no comparto el tono en el que están hablando.