Los problemas de la educación en la argentina . Parte VI
Los problemas de la educación en la argentina . Parte VI
El pensamiento creativo

Hay muchas maneras de encontrar actitudes personales que favorecen la creatividad. La más importante es dejar de lado los prejuicios y el temor a los juicios adversos. Foto: Archivo El Litoral
Por Alberto Cassano
“La creatividad requiere del valor para abandonar las certezas y llegar a la verdad, hasta que ésta sea nuevamente cuestionada y abandonada”. (Erich Fromm)
En ésta y en mi próxima contribución trataré de exponer en forma resumida y basándome en lo que considero las opiniones más autorizadas en este tema, tales como en ésta de hoy, las del profesor R. Harris, de la Universidad de Southern California o la de la profesora K. Adsit del Walker Teaching Resource Center, las ideas principales acerca de dos maneras complementarias de pensar, la creativa y la crítica, necesarias para poder tener un desarrollo con menos tropiezos a lo largo de nuestros estudios o nuestra actividad laboral. Sólo pretendo que mis interpretaciones de las lecturas, puedan ser una guía útil para maestros y profesores, consciente de que se trata sólo de algunos bosquejos de algo mucho más extenso y profundo. Y sobre todo, para estimular el desarrollo de la creatividad y aptitud crítica, aún en las actividades más simples.
Se podría creer que la creatividad es la simple habilidad de pensar o inventar algo nuevo. No es tan así. Es mucho más amplia como veremos más adelante. Por otro lado, implica una actitud para aceptar el cambio y la novedad y saber que lo que hay, siempre puede ser mejorado, en vez de pensar que lo que ya existe es suficientemente bueno. Y en tercer lugar, se trata de un proceso de trabajo arduo y continuo para aportar ideas y soluciones no siempre en forma explosiva, sino, como es más frecuente, por medio de la búsqueda de la excelencia en forma progresiva, lenta y laboriosa. En lo que sigue, subrayaré los que podrían editarse como títulos separados por razones de espacio.
Formas de creatividad
Es posible que se comprenda mejor el concepto, si se trata de clasificar descriptivamente las diversas formas de producir una creación en el sentido lato. La primera que aparece es la “transformación profunda”; implica un cambio amplio y trascendente (por ejemplo pasar un estudio secundario de un currículo rígido a otro de muchas materias optativas o, hace ya tiempo, la aparición de la heladera eléctrica). Una segunda, la “síntesis”, que es la combinación de dos o más ideas preexistentes (yo solía usar el ejemplo del ya viejo “walkman”; hoy me podría referir a los teléfonos inteligentes). Una tercera forma se denomina “redireccionamiento”. El popular “hot-dog” nació del problema que creaba la venta de la salchicha alemana caliente y con los condimentos que les gustan a los norteamericanos. Les quemaba y ensuciaba las manos. Un creativo alemán, las rodeó de pan y posteriormente, un periodista le puso el nombre. Un modo muy común es la “evolución” que produce mejoras graduales (para ello basta mirar la mutación del automóvil desde su aparición en Alemania a fines del siglo XIX, que está siendo también motivo de un redireccionamiento con los automotores híbridos). Finalmente, se puede mencionar la “reaplicación” cuyo ejemplo más llamativo es la utilización de la Coca-Cola para aflojar tuercas endurecidas por el tiempo o la corrosión.
Estímulo a la creatividad
Hay muchas maneras de encontrar actitudes personales que favorecen la creatividad. La más importante es dejar de lado los prejuicios y el temor a los juicios adversos. Un claro ejemplo es lo que ocurrió con el uso del material plástico y el teflón en la cocina o los pegamentos modernos para las alas de los aviones más fuertes que el propio metal que unen. Pero hay muchas otras. La curiosidad o el hábito de preguntarse y buscar respuestas a cada experiencia desconocida (y esto es fundamental en escuelas y colegios). El desafío, como fue el viaje a la Luna luego de que la URSS lanzara la perra Laica al espacio. El convencimiento de que casi todos los problemas pueden ser resueltos, que la aparición de uno, puede conducir a mejoras importantes o que un dado problema, puede a su vez ser una solución. Por ejemplo, en su momento, las naftas de bajo octanaje llevaron a descubrir más y mejores aditivos para ellas. El descubrimiento del peligro de la “gotita” en manos de los niños, llevó a su uso para cicatrizar cortes y es bien conocido que la falla en la fórmula de un producto, llevó a 3M a la comercialización de las exitosas notas adhesivas amarillas. La habilidad de ver algo de bueno en lo que aparece como malo (reprobó una materia; hacerle buscar a fondo las causas del resultado para que le sea útil la próxima vez). La disconformidad constructiva que tiene muchísimas aplicaciones en la enseñanza (la solución obtenida no es del todo buena; es necesario estimular al estudiante hasta hacerle encontrar una mejor). Reconocer que la existencia de un problema puede ser interesante y aceptable; es decir, si el problema existe, ¿por qué ignorarlo si tal vez se puede resolver? Y por encima de todo se debe aceptar que, con muy contadas excepciones, sin “perseverancia”, sin ejercitar permanentemente la “imaginación” (en oposición a la búsqueda de dónde copiar la respuesta) y sin “dejar siempre de lado el temor a equivocarse” (sabiendo que de los errores siempre se aprende) la creatividad estará permanentemente cohibida.
El freno a la creatividad
Hay muchas actitudes muy negativas para el ejercicio de la creatividad. Por ejemplo, la afirmación “¡Otra vez un problema!”, negando que éste es siempre una oportunidad para actos positivos, que se los debe afrontar sin temor, porque muy difícilmente no haya algo mejor que lo que nos mortifica. El conocido “no se puede hacer” que significa rendirse antes de empezar o el típico “no es para mí”, como pretendiendo que para abordar algo nuevo se debe tener una preparación específica sin ni siquiera probar, con la excusa de su falta de preparación profesional (Biro, creador de la birome, lo hizo como un rechazo a su incomodidad porque su trabajo como corrector de pruebas de imprenta, le exigía escribir con molestas lapiceras comunes. Pero no tenía ninguna preparación especial. O en todo caso los hermanos Wright, fabricantes de bicicletas, cuando inventaron el aeroplano). La popular excusa “no soy creativo” y por lo tanto no me pidan una salida, desconociendo que mucho o poco, todos tenemos algo de ingenio. Descalificar la realización de alguna actividad, como si se tratara de tareas que una persona madura ni siquiera las miraría. En otras palabras, el temor a hacer el ridículo. El temor a fallar, generalmente resultante de creer que se puede estar poniendo en peligro un prestigio adquirido (Edison hizo 1800 pruebas antes de dar con el filamento adecuado para las lámparas incandescentes). Uno de los mayores obstáculos a la creatividad es creer que todo problema tiene una única solución correcta. Pensando de esta forma, la imprenta, la máquina de escribir o la fotocopiadora nunca se hubieran inventado. Pensar que la creatividad debe ir acompañada de alta tecnología. Tal vez no se hayan detenido a pensar en el papel que separa las rodajas de queso cortado para sándwich. El pensar que “una idea se tiene o no” y que, por lo tanto, nada se puede hacer para buscarla y no entender que para ello existen la bibliotecas y ahora Internet.
Los prejuicios, con una tendencia a aumentar con la edad y el miedo a cambiar hechos aceptados unánimemente (como por ejemplo cambiar una clásica receta de cocina o seguir usando los incómodos cordones de los zapatos o el paradigmático caso de Galileo con muchas más connotaciones todavía). Como así también, tomar los objetos por su nombre y no por lo que pueden hacer. Las empresas telegráficas se fundieron ante la aparición del teléfono al confundir la herramienta con la función comunicación; lo mismo ocurrió en muchos países con el transporte de trenes ante la aparición de los autobuses o la aviación en gran escala y, muy recientemente, la quiebra de Kodak en el tema de la reproducción fotográfica, confundiendo el objetivo con el lucrativo negocio de la venta de la película para sus máquinas. O los bloqueos psicológicos, como evidentemente no tuvo la turista australiana maltratada cuando sobrevivió en las proximidades de Bariloche alimentándose con raíces y algunos insectos, por ejemplo.
(Continuará)
Reconocer que la existencia de un problema puede ser interesante y aceptable; es decir, si el problema existe, ¿por qué ignorarlo si tal vez se puede resolver?
El temor a fallar generalmente resulta de creer que se puede estar poniendo en peligro un prestigio adquirido (Edison hizo 1800 pruebas antes de dar con el filamento adecuado para las lámparas incandescentes).