editorial

El trabajo en el siglo XXI

Como era de esperar, los intentos de los gobiernos de España, Italia, Portugal y Grecia -entre otros- de flexibilizar el mercado laboral, ha provocado el rechazo categórico de sindicatos y partidos de izquierda, una reacción que no es muy diferente de la que tuvieron estas mismas instituciones en países como el nuestro a fines de los 90.

Hoy existe acuerdo entre economistas de diferentes orientaciones en cuanto a que la alarmante desocupación que se verifica en la actual coyuntura histórica tiene directa relación con la rigidez de la legislación laboral, ya que si bien ella beneficia a los que disponen de un empleo formal, perjudica a quienes aspiran a ingresar al mercado de trabajo.

En etse sentido, resulta previsible que la oposición más dura a las reformas provenga de los sindicatos que nuclean a trabajadores de menor nivel de preparación dado que son ellos los que tienen más dificultades para adaptarse al irreversible proceso de cambio provocado por las innovaciones tecnológicas.

De todos modos, los datos de la crisis en España -por ejemplo- son elocuentes. La desocupación ha subido al 23 por ciento y llega al 50 por ciento de las personas menores de veinticinco años. La consistencia de estos datos debería fortalecer los argumentos de los partidarios de la flexibilización pero, al mismo tiempo, los dirigentes sindicales se empecinan en cerrar filas alrededor de lo que califican como “la defensa de las conquistas históricas de los trabajadores”.

Por lo pronto, el presidente conservador Mariano Rajoy se ha comprometido a acelerar el proceso de reformas. Cuenta a su favor con el respaldo popular de este momento y el apoyo que le brinda la canciller alemana Angela Merkel. Según Rajoy, las medidas programadas serán duras en lo inmediato, pero en el mediano plazo reactivarán la economía y reducirán los niveles de desocupación, un punto de vista que no comparten sindicalistas e izquierdistas, para quienes los remedios propuestos por el flamante presidente no harán más que incrementar y agravar las penurias de los más pobres.

Entre tanto, en la Argentina el escenario parece menos grave que en España, sobre todo porque los salarios de los trabajadores son más bajos que los de sus pares europeos. Asimismo, el relativo aislamiento de su economía, particularmente de su sector financiero, la favorece en la coyuntura.

Así y todo no se debe perder de vista que los trabajadores más afectados por la desocupación pertenecen a los sectores menos calificados, es decir, que tanto en Europa como en la Argentina el desempleo amenaza con insistencia a grupos cuyo trabajo exige sólo esfuerzo físico.

En nuestro país, la revolución del conocimiento también será indispensable si efectivamente queremos dar un salto cualitativo en el nivel de vida. Se trata de una exigencia que en general es aceptada por las clases dirigentes locales, pero los resultados que se han dado hasta la fecha son más bien modestos, y están muy por debajo de los niveles que reclaman los nuevos tiempos.