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Una montaña humeante entre los glaciares

Una montaña humeante entre los glaciares
 

Las nubes juegan a esconderla. Tapan su punta más deseada y la convierten en un tesoro para quienes quieren tomar la postal. Se trata del cerro Fitz Roy o antiguamente llamado El Chaltén (montaña que humea), bautizado por los Tehuelches dado que las nubes que se deslizan sobre su pico parecen hacer humear a esta montaña admirada por escaladores de todo el mundo.

TEXTOS. ALINA POZZOLO. FOTOS. ALINA POZZOLO Y PABLO BENIGNI.

El Chaltén es uno de los poblados turísticos más pequeños de la Argentina y Santa Cruz. Enclavado en el Parque Nacional Los Glaciares se ha convertido en los últimos años en la capital nacional de trekking. Confluyen entre sus cerros y alrededores una gran variedad de senderos que permiten recorrer lo más interno de las montañas.

Pero entre sus más admirados tesoros se encuentran las imponentes cumbres del Cerro Fitz Roy de 3.405 metros de altura y muy próximo a él se encuentra el Cerro Torre de 3.102 metros. Durante años miles de andinistas han intentado alcanzar su punta no tanto por la altura sino por la dificultad de sus paredes graníticas que se presentan casi verticales y altamente resbaladizas. Sus agujas forman parte del paisaje que recrea El Chaltén, aunque muchas veces se encuentran tapadas por las nubes.

SENSACIÓN DE ESTAR AHÍ

Poco más de 220 kilómetros separan a El Calafate de esta villa mágica, pero desde su camino de ingreso es posible apreciar el manto de hielo del Glaciar Viedma. Perteneciente también a la masa de Hielos Patagónicos, su frente imponente se abre hacia el lago homónimo permitiendo a los amantes de la aventura y la navegación disfrutar de él plenamente. Allí nos decidimos a realizar una de las travesías más cautivantes: caminar sobre el glaciar.

Todavía guardo la sensación de la dureza del frío en mis manos. Es que el hielo se convierte en una dura piedra que -además de filosa- quema poco a poco hasta sentirse. Creo que la experiencia fue el resumen perfecto de lo que implica sentir la inmensidad.

Anduvimos dos horas a bordo de una embarcación de tamaño mediano. A nuestros costados iban apareciendo los primeros témpanos que días atrás había desprendido el glaciar. Sus formas y colores habían cambiado desde nuestro anterior paseo, pero seguían allí como testigos de los movimientos de esta masa de hielos viva en medio del paisaje. El recorrido comienza a convertirse en un objetivo: llegar hasta el promontorio rocoso donde descenderemos.

La nave se frena y uno a uno comenzamos a tomar nuestras mochilas. Aunque el tiempo en lo alto siempre es frío, ese día el viento era el factor determinante: abrigo, gorros y guantes para frío y nieve (su importancia radica no solamente en la temperatura, sino que evita accidentes contra los filosos bordes que el hielo produce en sus quiebres). Unos 15 minutos de caminata por roca y de golpe estábamos allí sobre sus imponentes bases heladas. No creo haber imaginado jamás su forma tal como la presentaba, pero sé que no olvidaré.

Con los grampones atados comenzamos la caminata de dos horas. Sobre su base no hay planicie; por el contrario, se trata de picos y formaciones descontracturadas que contienen en su parte superior una gran cantidad de piedras y sedimentos que el glaciar fue arrastrando durante su avance y composición, pero también es posible ver las grietas y cuevas que -en su deshielo y en su retroceso- se han ido formando y que se convierten en paradas obligadas para las fotografías.

Los caminos nunca son los mismos. La erupción y el deshielo hacen que la base del glaciar vaya cambiando su forma poco a poco, quizás, los próximos visitantes no encuentren la misma cueva donde helé mis manos caminando por su interior, o no puedan ver las mismas formaciones. Pero el glaciar seguirá allí ofreciendo su majestuosidad.

AMANTES DEL CAMINO

Llegan hasta la villa caminantes de todo el mundo para pasar entre tres y cuatro días perdidos entre la naturaleza del camino. Otras posibilidades son los senderos más cortos de algunas horas o de pequeños recorridos por la zona, interesantes para quienes no buscan tanta actividad o simplemente para los visitantes de paso.

Sobre sus caminos es posible conocer lagunas, cascadas naturales que dan en cristalinos arroyos, y bosques de cuentos. Además, en los sitios más alejados es posible encontrarse con la fauna autóctona.

Anduvimos por el camino de Laguna Capri, un sendero de dificultad baja, desde el cual se puede llegar hasta una laguna de aguas cristalinas. El tiempo parecía descomponer de a poco, pero igual a nuestro andar se sumaban caminantes con mochilas a cuestas prestos a pasar una larga estadía en las alturas, como así también viajeros como nosotros que incursionaban por primera vez en el trekking de montaña.

Los senderos están muy bien señalizados pero es importante -antes de emprender cualquier travesía- consultar las condiciones climáticas en las alturas. En la oficina de Parques Nacionales es posible acceder a mapas con toda la información (dificultades, tiempo estimado de caminata, servicios en la zona).

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El Lago del Desierto se convierte en una cita obligada en la visita a El Chaltén.

CAMINANDO PARA LLEAR AL GLACIAR VIEDMA.JPG

Una de las travesías más cautivantes: caminar sobre el Glaciar Viedma.

Un dato curioso

El Chaltén fue creado con el objetivo de convertirse en un asentamiento para la defensa de la soberanía argentina en ese momento (era un área conflictiva con Chile) y poco a poco se ha ido convirtiendo en un destino turístico que aún conserva ciertas costumbres de permanecer alejado del resto del mundo y vivir en naturaleza. No hay señal de celular e Internet sólo es posible de conseguir en algunos hoteles y en las dos cabinas de teléfono que se encuentran habilitadas.

Sus 135 hectáreas pertenecían al Parque Nacional y fueron cedidas con este objetivo. Sus pobladores actuales provienen de distintos puntos del país, muchos -al igual que en distintos destinos de nuestra Patagonia- han llegado en busca de una vida más tranquila.

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El cerro Fitz Roy antiguamente era llamado El Chaltén, que significa montaña que humea.

Lugares que no hay que dejar de conocer

- Lago del desierto: su historia ha sido parte de libros y relatos y todavía recuerdan algunos pobladores el famoso conflicto de límites que tuvo su desenlace a favor de la Argentina. Hoy, aquello es sólo un dato y el Lago del Desierto se convierte en una cita obligada en la visita a El Chaltén. A tan sólo 35 kilómetros de la Villa, el camino de ripio se va abriendo al borde de cascadas y una vegetación única. Un sendero permite caminar durante una hora hasta llegar al Glaciar Huemul o embarcarse para conocer el cordón Vespigniani. Se trata de un lugar ideal para pasar una tarde al sol a orillas de las aguas cristalinas.

- Caminata sobre el glaciar: todas las excursiones de embarcación (tanto sea por el recorrido al lago Viedma, la caminata sobre Glaciar o la excursión de Viedma Pro, que incluye escalada al glaciar) parten desde el puerto Bahía Túnel, ubicado a unos kilómetros de la Villa. Los horarios son variados dependiendo de las actividades. La caminata sobre el Glaciar Viedma cuenta con dos salidas por la mañana y durante el mediodía. Tiene una duración aproximada de 5 horas (6 horas con el transfer desde el hotel) con embarcación hasta el glaciar, dos horas de caminata y vuelta al puerto.



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