editorial

Relevo en la Auditoría

El relevo de Leandro Despouy al frente de la Auditoría General de la Nación desató un debate político inesperado, potenciado por medios nacionales enfrentados con el gobierno nacional y capitalizado por el kirchnerismo -también a través del periodismo afín-, al tratarse de objeciones vinculadas con el manejo de un organismo de control que, por una vez, no lo tienen como principal destinatario, sino que recaen sobre la fuerza opositora con mayor representación parlamentaria.

Efectivamente, si bien Despouy protagonizó intensas polémicas con el oficialismo por los embates de éste contra las atribuciones del organismo, en este caso la discusión tiene como base la disposición constitucional que -en una de las sabias y acaso menospreciadas previsiones incorporadas por la última reforma- pone en cabeza del principal partido opositor la responsabilidad de decidir quien lo encabeza.

En ese marco, el titular de la UCR consideró oportuno cerrar el ciclo de diez años del actual titular de la AGN y promover a un reemplazante. Más allá de las disidencias internas y la eventual puja acerca del candidato, y sobre todo a partir de la resistencia del funcionario a dar un paso al costado, el tema habilitó diversas lecturas.

Así, otros dirigentes opositores se apoyaron en el buen desempeño de Despouy para cuestionar su desplazamiento, mientras que distintos referentes de opinión sembraron dudas sobre la presunta intención de la cúpula radical de obsequiarle al gobierno una Auditoría más complaciente. Estos comentarios partían de la incomodidad que su actual presidente supone, y del perfil más conciliador y dialoguista de quien se mencionaba para ocupar su lugar.

Probablemente estas afirmaciones o sugerencias hayan estado movidas por lógicas diferentes a la estrictamente institucional, pero en cualquier caso corresponde reconocer la tarea llevada a cabo por la AGN, en un contexto en el que la mayoría de los organismos de control fueron desactivados o copados por el partido gobernante.

Un dato revelador al respecto es que, sólo en los últimos dos años, el organismo emitió 248 dictámenes críticos, en materia de comunicaciones, transporte, agua y energía, seguridad social, deuda pública, transferencia de fondos a provincias, control sobre bancos públicos, cuentas de inversión y otros rubros, en diversos casos de desvío de fondos, defectos de fiscalización o transacciones dudosas. Informes que, por lo demás, fueron prolija y sistemáticamente fondeados en el Congreso.

La naturaleza del trabajo de Despouy y el aumento del poder político kirchnerista -incluyendo la mayoría en ambas cámaras parlamentarias- exige una continuidad acorde. Esto no significa que el actual titular de la AGN deba ser considerado inamovible, ya que muchas veces la renovación resulta aconsejable. Pero es en este caso responsabilidad del radicalismo que la Auditoría siga estando a la altura de las circunstancias, y de su tan honrosa como imprescindible historia reciente.