editorial

El cáncer infantil no debe ser un tabú

El tema duele, asusta, incomoda. No resulta sencillo mirarlo de frente. No se trata de mala voluntad, sino de una combinación de prejuicios, desconocimiento y hasta de cuestiones culturales fuertemente arraigadas en gran parte de la población.

La semana pasada se conmemoró el Día Mundial contra el Cáncer Infantil. Y en Santa Fe se lo hizo con una serie de actos simbólicos como, por ejemplo, la convocatoria realizada en la costanera de la ciudad por instituciones que trabajan sobre la problemática. Allí estuvieron, entre otros, niños que padecen la enfermedad y que se encuentran en tratamiento o recuperación. Jugaron, corrieron, soltaron globos.

Cuando se le preguntó a los responsable de la Fundación Mateo Esquivo cuál es la mejor forma de ayudar, simplemente respondieron que lo fundamental es la presencia de la gente en este tipo de encuentros. No pidieron dinero, ni tecnología de punta -que obviamente son necesarios-; sino que bregaron para que el ciudadano común se comprometa participando, hablando del tema, perdiendo de a poco ese miedo paralizante que en ningún caso sirve para mejorar la situación de quienes, de una u otra forma, están relacionados con la enfermedad.

Según el Registro Oncopediátrico Hospitalario Argentino (Roha), en el país se diagnostican por año entre 1.300 a 1.400 nuevos casos de niños -menores de 15 años- con cáncer. En la provincia de Santa Fe la cifra oscila en los 100 niños enfermos por año.

En la ciudad, los hospitales Iturraspe y Alassia son los centros referenciales en el tratamiento de estas patologías. Según los médicos, se logra la curación de entre un 60 y 65 por ciento de los pacientes que padecen tumores, cifras que aún están por debajo de las alcanzadas en los países más desarrollados. En cuento a los niños con leucemia, las posibilidades de tratamientos exitosos en la región oscilan en el 75 por ciento.

Durante los últimos años se lograron avances importantes en Santa Fe. Hasta 2009, por ejemplo, el hospital Orlando Alassia debía derivar a los pacientes que padecían leucemia o tumores malignos. Pero desde entonces, gracias a la ayuda de la Fundación Mateo Esquivo, al compromiso de los profesionales médicos y al apoyo económico del Estado provincial, se adecuaron habitaciones y se logró la compra de equipos tecnológicos de última generación.

En estos momentos, el gobierno avanza en el llamado a licitación para concretar la obra del pabellón exclusivo para pacientes oncohematológicos, lo que transformaría al Alassia en un centro de atención de primer nivel, comparable con los mejores centros médicos internacionales.

Los avances científicos, humanos y en materia de infraestructura son importantes. Sin embargo, aún resta mucho por hacer.

Recorrer este arduo camino resultará menos tortuoso si se logra el compromiso necesario de gobiernos, profesionales y particulares. Evitar el tema no ayudará a nadie. Hacer visible la enfermedad, es el primer paso para continuar avanzando.