Dos diseños de Paul Poiret, el primer “grande” de la haute-couture.

Dos diseños de Paul Poiret, el primer “grande” de la haute-couture.
historia
De la Corte a la pasarela: la moda, según pasan los años
Con telas artesanales, con lujos nacidos en Europa; atravesada por la Revolución Industrial y por las guerras mundiales; adaptada al espacio que fueron ocupando hombres y mujeres en cada momento histórico, la moda fue cambiando hasta tener un protagonismo indiscutible.
TEXTOS. ANA MARÍA ZANCADA.
¿Podría decirse que la moda es una frivolidad? Lo cierto es que apasiona tanto a hombres como mujeres y, desde tiempos inmemoriales, tuvo su influencia y marcó a fuego los estamentos sociales.
¿Es un hábito, una costumbre, una necesidad, algo inherente a la naturaleza humana? ¿O simplemente una manifestación de sofisticación y vanidad?
Sería un error atribuir su invención solamente a las mujeres ya que desde mucho tiempo atrás fueron los reyes, en su persona y a través de ellos, los que marcaron las tendencias y, precisamente, desde las cortes holgazanas de los palacios, nacían las corrientes que luego, mucho más accesibles, iba adoptando el vulgo.
Pero también la moda en el uso de la vestimenta estuvo relacionada con las necesidades que imponía la vida diaria y, por supuesto, el clima y las ocupaciones, dejando de lado las revoluciones industriales que tuvieron mucho que ver en cuanto a la evolución de los tejidos, ya que la aparición de las máquinas de coser, los telares y el desarrollo de la industria textil -con Inglaterra a la cabeza- fueron cambiando notablemente el uso de las telas.
Susana Saulquin, en su valioso estudio “La moda en la Argentina”, habla de la industria textil artesanal, por ejemplo, en Catamarca, donde los telares fabricaban los paños finos que eran usados tanto para la ropa de la casa como para la confección. Pero las codiciadas eran las que llegaban de París, Londres, o Manchester, y hacían suspirar a nuestras encumbradas damas porteñas.
EN ARGENTINA, PERO MIRANDO A EUROPA
Vamos a dar un salto en el tiempo para ubicarnos en las primeras décadas del siglo XX, cuando comienza a gestarse un cambio en la vida de las mujeres y, precisamente, la evolución femenina está ligada a la movilidad social. Y la alta costura que nació con Worth en la época de Napoleón III, se instala en Buenos Aires.
La mujer argentina se distinguió siempre por su belleza y su elegancia. Lucía sus atuendos paseando por Florida, en las veladas del Teatro Colón o en los encuentros sociales.
Así fueron apareciendo los nombres que se instalaron en el gusto argentino, por supuesto siempre mirando a París.
Paul Poiret fue el primer grande de la haute-couture. En la primera década del siglo XX devolvió la soltura al cuerpo femenino, eliminando el corsé, e introdujo el color en sus diseños. Amaba la vida nocturna y concebía la moda como un sueño de lujo y placer. Sus fiestas marcaban el ritmo parisiense de los “años locos”. Pero la guerra quebró sus delirios y nuevos creadores ganaron su lugar. Se retiró en 1919, luego de su último desfile.
Madeleine Vionnet, considerada la mejor diseñadora del siglo XX, se formó con los famosos como Paquin y las hermanas Callot, a quienes reconoció como las responsables de su éxito: “con ellos aprendí a hacer Rolls Royces, de lo contrario sólo hubiese hecho Fords”.
Desde 1923 hasta 1939, año en que cerró su fabuloso salón, era visitada por las mujeres más hermosas y acaudaladas del mundo. Su sello personal fue el corte al bies y los profundos escotes en la espalda. No hacía bocetos, manipulaba la tela directamente sobre una muñeca de 60 cm. de alto. Una de sus mejores clientes fue la argentina Dulce Liberal de Martínez de Hoz quien, después de la Primera Guerra Mundial, la ayudó a conseguir fondos para reabrir su maison. En 1975 moría Vionnet, sin dejar herederos.
La primera guerra marcó un antes y un después en el mundo, y la vestimenta no podía estar ajena. Hubo una gran transformación en los usos, gustos y costumbres. Mar del Plata comienza a formar parte de la vida de los argentinos con gran poder adquisitivo, y la mujer sigue mirando a Europa para su guardarropas. También el maquillaje cambia: cejas depiladas, labios bien delineados y rojos, y el largo de los vestidos va subiendo hasta llegar osadamente a la media pierna. Uno de los diseñadores elegidos por las encumbradas damas de nuestra sociedad porteña fue Lucien Lelong. Francés de nacimiento, se casó con la princesa Natalie Paley, matrimonio que ayudó a su posicionamiento en el gusto de las elegantes del momento. Fue contemporáneo de Chanel, Vionnet, Lanvin, Molyneaux y Patou. Fue precursor del pret-á-porter, dedicándose finalmente a una clientela de menos recursos. En su taller se formaron Dior, Balmain y Givenchy.
Hacia 1922 se baja la cintura y es para esos años en que el descubrimiento de la tumba de Tutankamon pone en el tapete a Egipto con los bordados jeroglíficos, escarabajos y lotos en las alhajas, mientras la duquesa de Windsor enloquece a Cartier con sus diseños exclusivos. El nombre de moda es entonces Molyneaux quien, junto a Paquin y Chanel, lanzan la línea sirena.
También el cine influye en el gusto y elección de las mujeres argentinas y desde el Norte se imponen el pelo platinado de Jean Harlow, la línea masculina de Greta Garbo o los labios rojos de Joan Crawford.
Jacques Fath es uno de los diseñadores del momento. Su maison, inaugurada en 1937, sobrevivió a la guerra. Junto con Dior y Balenciaga, lideró el gusto femenino en las décadas del ‘40 y principios de 1950, hasta su inesperada muerte a los 42 años. Su línea se caracterizaba por los grandes lazos y los pliegues asimétricos.
LAS NUEVAS TENDENCIAS
Pero el mundo seguía andando con sus contradicciones y grandes cambios. Hombres y mujeres fueron adictos a la moda que llegaba de los grandes centros productores de tendencias. Cocó Chanel,
Balenciaga
Hay un nombre que en este veloz repaso no podemos ignorar: Cristóbal Balenciaga, para muchos de sus colegas “El Maestro”, con mayúsculas. También fue el Hombre Misterio, El Emperador y El Magnífico.
Su origen no pudo ser más humilde. Nació en un pueblito de pescadores sobre el Cantábrico. Su madre, viuda con tres hijos pequeños, enseñaba costura; el pequeño Cristóbal jugaba a sus pies con los hilos y los retazos de tela. El destino puso en su camino a una marquesa, clienta de su madre, que vio en el joven a un futuro diseñador. Luego de un breve aprendizaje abrió su propia maison en San Sebastián. Tenía sólo 24 años.
Su primer encargo importante fue un vestido de novia que impactó a todos. No tardó mucho tiempo en tener a la realeza a sus pies. Sus visitas al palacio de Miramar fueron muy frecuentes.
En 1933 se instaló en Madrid. La Guerra Civil no fue inconveniente para sus periódicas visitas a París, donde frecuentaba los salones de M. Vionnet, Chanel o Schiaparelli, y aprendía.
En 1937 se instala en París. Su éxito fue rotundo. Sus clientas fueron las millonarias del mundo: la duquesa de Windsor, Bárbara Hutton, Helena Rubinstein. También las actrices de moda: Ginger Rogers, Carole Lombard, Marlene Dietrich. Su última creación fue para la Duquesa de Cádiz. Murió demasiado pronto de un ataque al corazón, en 1972.

La silueta femenina, en una publicidad de la revista Atlántida.
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Diseños de Cristóbal Balenciaga, considerado un verdadero artista de la moda.
una de las más grandes, manifestó: “la moda que no se hace para las masas no es moda, pues muere al nacer”. Ella lo sabía.
Otra mujer que tuvo peso propio fue Elsa Schiaparelli. Había nacido en Roma en 1890, en el seno de una aristocrática familia. Luego de varias peripecias, conoció a Paul Poiret y a partir de allí se anima a diseñar su ropa y la de sus amigas. En 1927 presenta su primera colección y la historia comienza a andar. Su moda nace en París pero pronto se exporta a Norteamérica. A ella se le debe haber introducido nuevas texturas en la elaboración del guardarropas.
Sigue pasando el tiempo y, en 1947, un desconocido llamado Christian Dior presenta su colección de alta costura. En la década del ‘50 declaró tener en su taller un maniquí hecho con las medidas de Eva Perón. También dijo que la única verdadera reina que había vestido había sido la primera dama argentina.
Nuevos cambios se presentarían en las costumbres, en la industria, crisis económicas; el creciente protagonismo de la mujer en múltiples ámbitos también influyó en su manera de actuar y de vestirse. Pero la industria de la moda no murió. Al contrario, sigue produciendo jugosos dividendos, arrancando suspiros tanto femeninos como masculinos en un mundo cada vez más sofisticado. El cine marca también las tendencias, la locura sobre pasarelas cobra proporciones inauditas. Y la distancia marca el tiempo para el recuerdo, cuando nuestras abuelas no podían salir sin sombrero o ni siquiera se atrevían a pensar en una audaz ropa interior.
Ahora la moda es una gigantesca industria que mueve millones en el mundo. Hace pocos días, Buenos Aires fue el centro de atención con su BAF Week, edición 2012, toda una semana con 35 desfiles mostrando las nuevas tendencias otoño-invierno y, por primera vez, la elegancia de la mujer argentina tuvo su marco de gala en el Teatro Colón con un desfile inspirado en la ópera Carmen -de Georges Bizet- a cargo del diseñador Pablo Ramírez.
La idea de usar los teatros más renombrados como lujosas pasarelas comenzó en Europa, con la Scala de Milán y la Opera de París. Un marco ideal para la belleza de la mujer argentina, sin duda una de las más hermosas y elegantes en el mundo.
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FUENTES
• “La moda en la Argentina”, Susana Saulquin, Emecé (1990).
• La Nación: 2-03-2012.


Diseños de Vionnet para ser lucidos por dos jóvenes de la alta sociedad porteña.

Una creación de Elsa Schiaparelli.