Vogue, la más influyente
La moda, sus publicaciones y la sociedad
Como orientadoras del consumo, las publicaciones alcanzan una decisiva influencia en el campo de la moda, un verdadero lugar de poder.
Vogue, la más influyente
La moda, sus publicaciones y la sociedad
Como orientadoras del consumo, las publicaciones alcanzan una decisiva influencia en el campo de la moda, un verdadero lugar de poder.

Patricia Alejandra Vasconi
El campo de la moda, espacio de contradicciones y acuerdos, comprende la presencia y participación de diferentes agentes. Los diseñadores, las casas de alta costura, fabricantes de tejidos, publicistas y modelos, entre otros, protagonizan distintos aspectos de esta actividad. Pero las publicaciones en el campo de la moda ocupan un rol destacado, al que nos vamos a referir. Comenzaron a aparecer en la Europa del siglo XVII, aisladamente al principio y más sistemáticamente después. Encontramos publicaciones sobre la moda en los países occidentales más desarrollados, profusamente desde la segunda mitad del siglo XIX.
Éstas realizan un proceso de decantamiento de las propuestas originarias de los diseñadores, seleccionando, según los criterios de sus equipos técnicos, las prendas que van a configurar el estilo de cada temporada. Por ejemplo, Vogue Latinoamericana (agosto 2009) nos dice: “Hemos elegido las 20 claves del verano para que sepas qué comprar, a quién debes conocer y cómo debes vivir (...)”. Como orientadoras del consumo, alcanzan una decisiva influencia en el campo de la moda, un verdadero lugar de poder.
Las publicaciones de la moda, por otra parte, a través de sus notas, fotografías, ambientaciones, etcétera, expresan y construyen algunas pautas culturales de los sectores sociales a los que van dirigidas (especialmente a los sectores medios y medios altos). Así, se convierten en testimonios de una época y de una parte de la sociedad. Pueden ser vistas como aquellos indicios que, según Carlo Guinzburg, ayudan a comprender aspectos de un momento histórico.
Tiraje millonario
En el ámbito internacional la revista más influyente, sin dudas, ha sido y es Vogue, nacida en el año 1892 en Nueva York. En la actualidad cuenta con una circulación anual de 132.000.000 de ejemplares solamente en EE.UU. y se edita en más de 20 países. La palabra Vogue significa en francés moda. Cabe preguntarnos, por qué una revista estadounidense buscó tener “ese aire francés” en su título. Puede explicarse si recordamos que en aquella época, a fines del siglo XIX, el centro hegemónico de difusión de las artes y la moda era París, hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial, en que es reemplazado en gran medida por Nueva York.
Las tapas de Vogue muestran los cambios en la vestimenta- primero sólo femenina y desde 2005 también masculina-, expresando algunas propuestas estéticas cada época y las transformaciones socioculturales. La primera revista aparece en el año 1892 y en su portada ilustrada, aparecen, en la parte superior, dos delicadas figuras femeninas enmarcadas con flores y columnas. En el lugar central de la tapa, otra imagen femenina llevando un ramo de flores en la mano. Está rodeada por más flores que caen, mientras un pájaro revolotea a su alrededor, vestida al estilo “princesa”, en boga en ese momento, en alusión a la princesa Alejandra, esposa del rey Eduardo VII de Inglaterra. Se propone una mujer con silueta S: talle extremadamente estrecho, pecho abundante y abultamiento en la parte trasera de la pollera. Era una silueta esculpida a fuerza de accesorios como el corsé y los polizones. Todo el conjunto remite a la estética del modernismo o art nouveau, con sus líneas sinuosas, que obedecen a las formas orgánicas de la naturaleza. A ello también contribuyen los pliegues de las telas, las ondas de los cabellos y las delicadas poses.
Este estilo se mantiene hasta 1910, aproximadamente, en que es reemplazado por la propuesta del revolucionario diseñador Paul Poiret, quien en 1906 presenta un vestido -que denomina helénico- liberado del corsé, con cintura alta. Al mismo tiempo, comienza a introducirse una importante influencia de la vestimenta oriental (pantalones babucha, turbantes, sombreros con velos, etc.) manifestación en la moda del sistema colonial europeo en plena vigencia.
Con la Primera Guerra Mundial, obviamente, la moda pasa a un lugar muy secundario en cuanto a las preocupaciones y actividades de la gente. También se generan problemas con el abastecimiento de insumos para la confección de prendas. De este período nos interesa destacar una tapa de mayo de 1918, en la que aparece dibujada una mujer vestida con uniforme de enfermera (los uniformes también eran atravesados por la moda), sobre un fondo dominado por la Cruz Roja.
Con los nuevos roles
Desde mediados de la década del 20 hasta finales de los 30, con distinta frecuencia, según los años, y con la participación trascendente del dibujante Eduardo García Benito, las ilustraciones de las tapas de Vogue son claramente influenciadas por la geometrización del art decó. Las mujeres llevan prendas con cortes rectos, cintura baja y guardas que nos remiten a los motivos de las culturas prehispanas azteca, maya o inca. También a los estampes griegos y egipcios. La tipografía del nombre de la revista está realizada con estilizaciones de figuras geométricas.
Otras tapas nos recuerdan a las mujeres que pintara Modigliani, con los ojos almendrados, la boca pequeña, y el óvalo del rostro y el cuello alargados. También es frecuente que aparezcan las ilustraciones de mujeres en actitudes que tienen relación con los nuevos roles y protagonismos que, como género, van adquiriendo en la sociedad (vgr. al volante de un automóvil, fumando, practicando deportes, etc.)
En las décadas del 30 y 40 no podemos dejar de mencionar las contribuciones del surrealismo. Salvador Dalí tiene a su cargo la realización de las portadas de 1939, 1944, 1946 (también más adelante, en 1971 aparece un retrato dibujado del artista, quien edita e ilustra todo ese número especial).
La presencia de la diseñadora Elsa Schiaparelli, proyección en la moda de aquella vanguardia, se concreta en la portada de noviembre de 1935, con una creación propia y sosteniendo una máscara en sus manos, jugando a la ambigüedad realidad- ficción, idea de juego que se refuerza con la ironía de su expresión.
En 1939 en una de las tapas vemos un autorretrato de la artista mexicana Frida Kahlo, que nos mira fijamente, de frente, marcando su presencia e interpelándonos. Lleva una corona de espinas, quizás un indicio de su propio martirologio de enfermedades y accidentes, dolores en su cuerpo y en su alma, sumados al divorcio del muralista Diego Rivera, que se había producido en aquel entonces. Frida se pinta con un collar de espinas del cual pende un picaflor muerto, símbolo para los mexicanos de la buena suerte en el amor. ¿Espera volver a ser feliz en el amor? La acompañan sus mascotas, un gato y un mono. Todo sobre un fondo entre surrealista y naif de vegetación tropical.
Las transformaciones
A partir de 1932, con la fotografía color la ilustración va desapareciendo progresivamente. Las tapas, primero con modelos, y con el correr de las décadas incorporando actrices, cantantes, celebridades y hasta mujeres vinculadas a la vida política, van reflejando las transformaciones del mundo.
Así, a mediados de los cuarenta, después de la escasez y las privaciones de la Segunda Guerra Mundial, llegan tapas que muestran el glamour y el lujo de las propuestas de Cristian Dior, con su new look, mostrando una sociedad que quiere olvidar los horrores de los años pasados en el conflicto. Es de destacar la tapa que aparece cuando la guerra termina: un cielo azul en el cual se están yendo las últimas nubes.
Entre 1948 y 1952 EE.UU. transfiere a Europa trece mil millones de dólares en el marco de plan Marshall para la reconstrucción de los países que habían participado en la guerra. En lo político, se avanza en la instauración del Estado keynesiano que reconoce los derechos sociales y en especial los laborales y negocia con una clase obrera organizada. Económicamente, el resurgimiento de Europa posibilitará la expansión de las empresas corporativas norteamericanas. Todo esto produce para los países del Primer Mundo la reducción del desempleo, buenos salarios, precios relativamente estables y, como consecuencia, mejores niveles de consumo. La industria de la moda renace, pero no volverá a ser la misma. Un nuevo actor social ha surgido en la sociedad de consumo: la juventud. Caracterizada por un estilo propio, la juventud se convierte en sujeto de consumo.
A tono con la época, vemos por aquellos años en las tapas de Vogue el diseño pret a porter, la presencia de modelos juveniles, como la emblemática Twiggy, la minifalda, el futurismo de Courreges, entre otras expresiones. También aparecen diseños vinculados con nuevas vanguardias artísticas: el op art, el arte cinético y la psicodelia.
La renovación
Por otra parte, en la tapa se empiezan a incorporar textos. Anuncian las notas más importantes que contiene cada edición. Esta modalidad irá creciendo hasta configurar un verdadero horror vacui, superponiendo textos a imágenes que, a nuestro juicio, hizo perder la calidad de las antiguas portadas.
Las décadas del 70, con el desarrollo de las tecnologías informáticas y de la comunicación, y del 80, con la caída del bloque comunista, generan las condiciones del actual proceso de globalización, que incluye la interconexión entre las diversas regiones del mundo con sus particularidades.
En este contexto Vogue también se diversifica. Así aparecen Vogue Latinoamérica, Vogue India, Vogue China, Vogue Rusia, entre otras. Las fotografías de las portadas se hacen distintas para cada región, respondiendo a una política de la revista de mostrar una mayor “amplitud de mirada” hacia nuevos modelos estéticos femeninos. También, respondiendo a una nueva demanda de género, aparecen en la última década mujeres de “tallas grandes” (Vogue Milán, 2010).
Para concluir, recordamos al sociólogo Wright Mills, quien llamó Imaginación Sociológica a ejercicios de esta naturaleza, en los que se usa la información de la vida cotidiana para realizar nuevas lecturas del acontecer del mundo.










