La interpretación ambiental, llevada de la facultad al “corazón verde”
La interpretación ambiental, llevada de la facultad al “corazón verde”
Ser guía de la reserva: el noble
oficio de preservar lo natural

Sobre la “persiana” de agua. Un pájaro vuela en libertad sobre el espejo de agua de la reserva. Postal de un lugar único en la ciudad, donde conviven infinidad de especies vernáculas.
En la reserva ecológica local se realiza un curso de formación de guías, destinado a estudiantes y profesionales de carreras naturalistas. La experiencia de un joven que se dedica a transmitir a niños y adultos el valor de la flora y fauna autóctonas.
Luciano Andreychuk
Ser un guía de la reserva ecológica es como ser un alquimista de los sentidos. Sólo con la palabra y el gesto, un guía debe despertar en los oyentes el encantamiento por la naturaleza en su estado más puro. Debe enseñar a entrenar el sentido del olfato para apreciar el aire limpio, tamizado por la densa vegetación; el oído, para identificar un pájaro en vuelo; la vista, para contemplar la correntada suave de la laguna, y la imaginación, para dejar volar imágenes sobre leyendas aborígenes de romances épicos a la sombra de un ceibo.
Todo aquello se aprende y se transmite como un oficio cualquiera, y Cristian Walker lo sabe. El joven -de sólo 25 años- es guía de la Reserva Ecológica de Ciudad Universitaria (Recu). Casi sin proponérselo hace docencia no ya en un aula, sino parado sobre el musgo húmedo, rodeado de vegetación virgen y animales en libertad: en el hábitat de la reserva. “Mi trabajo es guiar a los contingentes de todas las edades que llegan a visitar el lugar. Introducirlos en el entorno de la reserva”, cuenta a El Litoral el guía, que es estudiante de Lic. en Biodiversidad de la UNL.
Divulgar los secretos de la naturaleza y contribuir a los sentidos de preservación ambiental, de eso se trata su trabajo. Tamaña tarea se ha propuesto Walker en la era del encierro virtual de la Play Station y los entornos digitales, tendencias tan en boga por estas épocas.
La aventura expedicionaria con que se pueden encontrar los visitantes en la reserva -ubicada en la Costanera Este- comienza en la tranquera de acceso. Sigue por los senderos internos desde donde se ven pastizales, arbustales de variadas especies y animales autóctonos; luego llega a la zona de los bosques más secos, donde están los árboles de gran porte como el sauce criollo, el aliso de río, el curupí y la toda la vegetación acuática. El recorrido culmina en un centro de interpretación de la naturaleza, que es una especie de museo a pequeña escala, con cartelería y demás elementos gráficos explicativos que ayudan a aprender los detalles naturales de la reserva.
“Se trata de lograr que se reconozcan ambientes ecosistémicos típicos del valle de inundación del río Paraná”, dice Cristian, mate en mano. “Pero lo fundamental es hacer que la gente se acerque a la naturaleza en su estado puro. Queremos que todos se lleven la impresión verdadera de lo hermoso que es este paisaje natural. El avistaje de aves, por ejemplo, es algo digno de conocer por toda la familia”. Y reflexiona: “Tenemos una competencia muy grande que son el televisor, la computadora y la Play Station. Pero cuando los chicos llegan acá, se sorprenden de las maravillas naturales que encuentran, y les cuesta irse”, agrega.
Estrategias
Durante el paseo guiado -que dura más de una hora-, ¿con qué estrategias didácticas el guía trata de sostener el interés y la curiosidad de los visitantes? “Y, no es fácil...”, reconoce Cristian. Pero revela su secreto: “Los chicos desconocen, por ejemplo, que la mayoría de los elementos que sirven para elaborar medicamentos están en la naturaleza. Ellos se sorprenden cuando les cuento que del sauce criollo se aisló por primera vez la materia prima que permitió hacer la aspirina. Apelo a esos detalles llamativos”.
Y ni qué hablar de las leyendas aborígenes relacionadas con la naturaleza. “El relato oral de las historias de indios y conquistadores, la leyenda del ceibo o del timbó colorado, todas son fábulas que a los chicos les fascinan. Se trata de poner el acento en estos elementos, que son atractivos para cualquier oyente”, afirma.
/// en imágenes

Por la naturaleza. Cristian Walker es un guía apasionado de lo que hace. A su lado, Julieta Di Filippo, coordinadora de la Recu. Foto: Amancio Alem
Al pie del lago. Otra ave autóctona disfruta de la mañana al pie del lago. La reserva reúne los ecosistemas típicos del valle de inundación del río Paraná.
Por los senderos. El lugar se encuentra atravesado por senderos que permiten un recorrido seguro. Al final se ve el mirador de aves, restaurado con la “técnica del hornero”. Fotos: Amancio Alem
+ información
Web
www.habitatydesarrollo.org.ar
Curso para guías
En la Reserva de la UNL se realizó un nuevo curso gratuito de formación para guías de la reserva ecológica. La capacitación, que comenzó ayer y terminó hoy, estuvo destinada a estudiantes avanzados de las carreras de Ciencias Naturales, Biodiversidad, Ingeniería Ambiental y Turismo, entre otras.
Este espacio educativo brinda las herramientas necesarias para aprender a interpretar la naturaleza de la región. Las bases que plantea el curso involucran aspectos sobre la responsabilidad que tomará el futuro guía para generar conciencia medioambiental, sensibilizando respecto de los problemas a los que está sujeto el entorno.
“Al curso lo dictaron especialistas de la UNL, y también expertos de Buenos Aires. Se trató de darle estas herramientas al guía para que pueda hacer interpretación ambiental para los chicos”, contó Julieta Di Filippo, coordinadora de la Recu. El curso incluía una parte de recreación y lúdica en relación con la naturaleza. Habrá un titiritero y un ‘ludoeducador’, para dar herramientas sobre el juego y recreación como formas de aprendizaje”, contó.