¿Sabiduría?
¿Sabiduría?
Por Arturo Lomello
Los conocimientos que hemos adquirido a través de siglos bien utilizados han servido para otorgarnos la conciencia de que cada paso que damos es una puerta que se abre para ensanchar nuestra visión de una realidad inagotable e infinita. Podríamos decir que cada paso que damos al abrir una puerta multiplica las posibilidades de encontrarnos nuevas puertas. Sócrates decía: “Sólo sé que no sé nada”. En verdad sabemos que la realidad es un misterio y que ese misterio constituye la belleza y la alegría de la vida paradójicamente.
Entre tanto hay conquistas científicas, filosóficas, sobre aspectos de la realidad total, pero en definitiva no ha variado el núcleo de nuestra vida. Tanta en la época de la tracción a sangre o de la iluminación con vela hasta llegar a la actualidad de la informática y de la teoría de la relatividad, sigue siendo la presencia del amor la única vía para encontrar la plenitud.
Nadie puede hablar de felicidad por poseer el falso poder que le otorga el dinero. En todo caso encontrará placer efímero que causa la voluptuosidad de poseer, pero el vacío de una vida sin sentido frustrará siempre el logro de la felicidad.
Tanto en la más remota antigüedad como dentro de miles de siglos si perdura el hombre sobre la tierra, así estemos en las más lejanas galaxias, la experiencia esencial, el conocimiento fundamental será el proveniente del amor, del amor concreto de la caridad como dice el Evangelio.
El mundo que habitamos con sus maravillas y los tremendos dramas originados por la desorientación, muestra la convivencia de monstruos capaces de matar física y psicológicamente a un niño y las cumbres de la santidad de personas que entregan su vida al prójimo. Es cierto que en el sentido del que hablaba Sócrates no sabemos nada, pero en cambio sabemos que el amor es más que el tiempo y que esa verdad es inmodificable. Por eso Dios eligió el sacrificio de su hijo para evidenciar de una vez para siempre que el amor es la primera y última realidad.
Todos los conocimientos que hemos adquirido a través de los siglos, los más simples y los más complejos nos hacen sentir orgullosos de la inteligencia humana pero no nos engañemos, solo terminarán destruyéndonos si están impulsados por el odio y el egoísmo.