EDITORIAL
EDITORIAL
La cultura del piquete echó raíces profundas
Hace tiempo que, a través de sus discursos, Cristina Fernández de Kirchner viene reclamando que los piquetes sean reemplazados en la Argentina por otras modalidades de protestas sociales que no impliquen tantos contratiempos para el resto de los ciudadanos.
Ya en febrero del año pasado, la Presidenta cuestionó las protestas callejeras y pidió que se permitiera la libre circulación por calles y rutas del país. El 21 de abril de este año, volvió a referirse a esta problemática. Al hablar en Piedra Buena, provincia de Santa Cruz, advirtió que había quedado atrás aquella Argentina en la que nacieron las protestas piqueteras, y recordó cortes históricos de rutas, como los realizados en Cutral Co y en Plaza Huincul. “Quienes por entonces protestaban carecía de derechos” y que “ahora tenemos un país diferente”, insistió.
Incluso, sostuvo que aquellos que son llevados a este tipo de protestas lo hacen por “ignorancia, falta de asesoramiento o marketing político”.
Sin embargo y a pesar del exhorto presidencial, la metodología de realizar piquetes para ejercer el derecho de protesta se encuentra absolutamente instalada en la cultura político-social de la Argentina.
Tanto es así que, según un relevamiento recientemente difundido por la consultora Diagnóstico Político, durante el pasado mes de abril se produjeron en el país 435 casos de cortes de rutas o calles, lo que representó un aumento del 21% de casos con respecto a lo que había sucedido en marzo.
La cantidad de bloqueos se disparó en la Capital Federal, donde se registraron 83 interrupciones de tránsito. Muy cerca se ubicó la provincia Buenos Aires, con 75. Se trata de cifras récord para ambos distritos, si se compara lo sucedido mes a mes desde marzo de 2009.
En el ranking de provincias con mayores números de piquetes continúan Santa Fe (31), Santa Cruz (25), Neuquén (23) y Tucumán (22). En cambio, las provincias menos conflictivas fueron San Luis (1), San Juan (4) y Santiago del Estero (4).
Pero el aumento en la cantidad de protestas que interrumpen el tránsito no es el único fenómeno que merece ser tenido en cuenta. Resulta llamativo, además, el grado de diversificación de los protagonistas de estos reclamos.
Según la misma consultora, el mes pasado el 22% de los piquetes del país fueron realizados por simples vecinos, que no mostraron vinculación alguna con estructuras partidarias políticas, sindicales o representantes de movimientos sociales organizados. En esta lista siguen los casos liderados por trabajadores estatales (17%), piqueteros y organizaciones sociales (15%) y trabajadores privados (14%). Más lejos aparecen grupos de desocupados, ambientalistas, aborígenes, fuerzas políticas, ruralistas, jubilados, excombatientes y estudiantes.
Este grado de diversificación no sólo complica cualquier posibilidad de alcanzar una suerte de pacto social que implique revertir la tendencia, sino que además demuestra que la metodología ya forma parte constitutiva de la cultura político-social del país.