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Néstor Fenoglio

Carlos Fuentes vino a Santa Fe -reviso en la colección de El Litoral- el 18 de noviembre de 2004, a la mañana, “desprendido” desde Rosario, donde el día anterior había deslumbrado en el Congreso de la Lengua. Como su visita fue acordada de apuro, me preguntaron -creo que desde el Senado- y casi rogaron que me hiciera cargo de la presentación del escritor, no tanto porque yo fuera un especialista en la obra de Fuentes -no lo soy- sino porque alguien debía hacerlo y un “periodista-escritor” podía dar ese perfil de presentador y moderador al mismo tiempo.

Fue en el Centro Cultural Provincial, un día hábil -jueves- a la mañana. El lugar estaba repleto de gente. Casi no hubo tiempo de promocionar la conferencia del visitante ilustre, pero la sala estaba llena y yo tenía un sereno, intranquilo y genuino julepe, tanto por la convocatoria como, especialmente, por la inteligencia y personalidad de Fuentes.

Recuerdo también que el día anterior, 17 de noviembre, había fallecido Gastón Gori, a quien se le tributó un minuto de silencio en la sala.

Sobre la visita de Fuentes escribí entonces, que nos había visitado “un señor que pertenece a otro nivel y, literaria y literalmente, a otro mundo, que paseó tanto su ‘mexicanidad’ como su pancultura: un hombre de mundo, un señor que se educó en los mejores colegios de Estados Unidos, que vive la mitad del año en Inglaterra y que agasajó por un buen rato a los santafesinos con su fino humor, sus enormes dotes de orador, sus modales suaves pero determinados”.

Impecablemente vestido para dar su charla en el Centro Cultural, nos presentaron ya arriba del escenario: un apretón de manos breve pero firme, para ir a recibir con naturalidad sus aplausos. Escribí también, entonces, que “en rigor de verdad, trajo a Santa Fe un texto escrito antes por él: leyó, no improvisó. Tuvo también la sapiencia de contar con humor exquisito anécdotas de su paso por la Argentina, sesenta años atrás. Leyó una historia que incluía los radioteatros de Evita actriz y su propia iniciación sexual, un texto que Fuentes retomó y retocó de un artículo publicado en La Nación de México, a propósito de ‘Santa Evita’, de Tomás Eloy Martínez. Aquí, anoticiado de que sus anfitriones eran todos peronistas, adelgazó un poco el texto original (que puede leerse todavía en www.literatura.org/TEMartinez/cricf.html), más crítico con Evita. Pero no me alarmé: se puede ser progresista sin dejar de ser cortés, se puede ser inteligente y buen escritor hasta para ‘refritar’. También conocía su gusto y su indudable erudición sobre nuestro cine nacional, de lo que dio acabada muestra en su lectura”.

Decía entonces que Fuentes era un gran orador: imprimió un ritmo demoledor a sus primeras páginas, y nos acostumbró a su respiración y a su tonada apenas mexicana. Atrapó rápido a su auditorio y no lo soltó más, llevándolo y trayéndolo y haciéndolo sonreír -lo que no es fácil- y hasta reír a carcajadas -lo que es mucho más difícil- en algunos pasajes.

Luego debí trasladarle las preguntas del público santafesino, y allí volvió a seducir y a demostrar su inteligencia e información, su sensibilidad y su precisión idiomática: un escalpelo que selecciona y corta con elegante filo.

Después firmó algunos libros, dijo algunas palabras más ante los medios de comunicación santafesinos, negó un reportaje que pretendía ser exclusivo, charló bastante con la gente que se acercó (con igual corrección y firmeza le dijo ‘no’ a dos mujeres que llegaron tarde a buscar su autógrafo) y luego se fue, tragado por el protocolo y el cerrado círculo de funcionarios que lo esperaba para comer.

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El día que vino a Santa Fe

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El escritor fue presentado en el Centro Cultural Provincial por Néstor Fenoglio. Foto: Archivo El Litoral