EDITORIAL
EDITORIAL
Turbulencias en el rumbo económico
En esta Argentina en la que los márgenes para disentir se ven progresivamente asfixiados por la lógica maniquea del amigo-enemigo y del todo-nada, el gobierno debería reconocer que se multiplican las señales de alerta en la economía cotidiana. No se trata de anunciar ninguna catástrofe, ni de plantear que no existen soluciones para los problemas actuales.
Nada de eso. Simplemente, se trata de reclamar del gobierno un verdadero sinceramiento que va mucho más allá del relato de la “sintonía fina” tan pregonada, hasta hace poco, por Cristina Fernández.
La prohibición casi absoluta de adquirir dólares en el mercado formal, hizo que algunos irresponsables plantearan públicamente la posibilidad de un nuevo corralito bancario para aquellos depósitos efectuados en moneda extranjeras. Se sabe que en estos momentos no existen las condiciones como para que el gobierno se vea obligado a tomar tal medida.
Sin embargo, el riesgo de la “profecía autocumplida” está siempre latente, sobre todo cuando desde el poder se empeñan en negar la realidad y en adoptar medidas que contradicen lo que se plantea desde el discurso. Es que, si la economía del país apenas necesita de un pequeño cambio de sintonía, por qué tomar medidas tan extremas como prohibir la compra de dólares e impedir el ingreso al país de artículos que son de extrema necesidad o imprescindibles para sostener la producción nacional.
Recientemente, El Litoral publicó un informe en el que se da cuenta de un dato que resulta incuestionable. Según la Unión Industrial Argentina, la actividad creció en el primer trimestre de este año un 2,6 por ciento, cuando en igual período del año pasado el crecimiento había sido del 7,8 por ciento.
Es cierto que la industria sigue creciendo y que algunos rubros lo hacen de manera impactante. Pero también es verdad que se redujo el nivel de expansión y que en algunos casos comienzan a plantearse fuertes inconvenientes, sobre todo por la pérdida de competitividad que generan los elevados niveles inflacionarios, que son negados por el gobierno.
Al mismo tiempo y de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), acaba de conocerse que la venta de maquinaria agrícola cayó el 27 por ciento durante el primer trimestre de 2012, con respecto a los niveles de comercialización del año pasado. La venta de cosechadoras se redujo 51%, al pasar de 503 el año pasado a 242 en 2012. Lo mismo ocurrió con las sembradoras, pues este año se vendieron 234, contra las 487 comercializadas en los tres primeros meses de 2011.
El mundo está en crisis y, a pesar del supuesto blindaje del que en su momento habló el gobierno, el país no puede evitar los coletazos. Sin embargo, habría que preguntarse por qué los dólares se van de la Argentina, mientras que en países como Chile o Brasil las inversiones se mantienen constantes e, incluso, aumentan.
Exageran quienes aseguran que la economía nacional se encuentra al borde del precipicio.
Y mienten de manera irresponsable los que insisten en negar que se han cometido errores, ya que éstos deberían ser subsanados cuanto antes.