Lengua viva

Una charla entre docentes

Evangelina Simón de Poggia

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Conversaba con una excelente docente preocupada por la situación educativa, por el aparente fracaso del sistema ante el hecho de que a muchos de nuestros educandos les cuesta aprender, les cuesta pensar y razonar, les cuesta comprender, comunicarse, acceder al conocimiento... Continuamos charlando en la búsqueda del motivo y sin darnos cuentas estábamos caminando por las debilidades y fortalezas del accionar de los agentes por el contexto educativo.

Nos planteamos, con convencimiento, que hay dos personajes fundamentales en el proceso: los padres y los docentes, y que ambos deben integrarse en pro de los objetivos que se desea lograr con los alumnos, que son los verdaderos actores de este escenario educativo.

Hay padres colaboradores, pero cada vez el porcentual es menor: o porque trabajan durante largas horas y no tienen tiempo de reuniones y el cansancio los domina, perdiendo de vista el control de cuadernos, tareas y aprendizajes de sus hijos, o porque no pueden hacerlo invadidos por la problemática de la supervivencia, exentos de capacidad o posibilidades de superación, arrastrando en esa corriente a sus hijos, o porque su vida se encuentra inmersa en el humo de la inconsciencia, etc, etc.

Por otro lado, algunos docentes se encuentran con una preparación relativa para asumir su función ostentando limitadas estrategias para llegar a sus educandos e interesarlos por ese espacio tan maravilloso que es el conocimiento. Seguimos inmersas en nuestro diálogo y llegamos a reconocer, apesadumbradas, la soledad en la que muchas veces se encuentra el profesional, no encontrando el apoyo esperado en las autoridades competentes ante las tremendas problemáticas que se les presenta desde lo cognitivo y lo conductual; muchas veces, las presiones e incoherencias están instaladas: el alumno debe de pasar de grado o nivel más allá del conocimiento, planteándose tamaña injusticia frente a aquellos que cumplen con sus obligaciones escolares con •ptimos resultados.

En el desarrollo de nuestra conversación nos planteamos el interrogante ¿Todo vale? y concluimos en que “no, no todo vale”; entonces ¿quién es el responsable de los fracasos académicos? La respuesta es: TODOS, el sistema, los padres , los docentes y, a medida que crecen, el joven, al que tampoco le dimos la posibilidad de reconocer su responsabilidad en los hechos, ni le inculcamos la importancia del desarrollo de la voluntad para llegar a los objetivos que se proponga. Nos quedamos demasiado tranquilos en un tema: el valor del esfuerzo; por momentos, los responsables estuvieron demasiado ocupados en el desarrollo de la demagogia y del facilismo. Como ya sabemos, un interrogante lleva a otro en pro de satisfacer nuestra curiosidad y enriquecer nuestras reflexiones: nuestros jóvenes docentes ¿lo son por convencimiento o por necesidad? No ignoramos que los Profesorados están plagados de alumnos que buscan una rápida salida laboral. El caso es que no cualquiera puede ser docente, como no puede ser abogado, médico o ingenieroà El “maestro” tiene un alma especial que lo lleva a prestar su tiempo fuera de horario para aquel alumno que lo necesita, tiene autoridad, sabe poner límites y su aula es un ejemplo de orden, trabajo, producción de saberes y solidaridad, la generosidad lo posee, se preocupa por los procesos cognitivos de sus educandos , por sus actitudes y conductas, por la educación en valores, por el desarrollo de buenos hábitos , por su evolución y crecimiento emocional e intelectual. Si el alumno no entiende, el docente, se preocupa, el que no posee esa alma se enoja.

Ya era tarde, avanzaba el tiempo hasta la madrugada y decidimos retirarnos a nuestros aposentos. Nuestros espíritus estaban pletóricos de dicha, pues habíamos logrado reflexionar armónicamente sobre un tema que amamos: los alumnos y el conocimiento.