El complejo escenario económico
Según la presidenta, el “mundo” es la causa de los problemas del “Modelo”. No es cierto, pero cuando el “mundo” se complique más, será la excusa perfecta.
“No nos caímos del mundo”, afirmó la presidenta. Foto: Archivo El Litoral
Sergio Serrichio
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Increíble, pero real: el jueves 10 de mayo, en uno de los tantos actos en la Casa Rosada a la que asisten cual alumnos disciplinados y claque aplaudidora de ministros, secretarios de Estado, gobernadores y legisladores del palo y chicas y chicos de La Cámpora, Cristina Fernández de Kirchner dijo, palabras más o menos, que no le gustan las decisiones “que dependen de una sola persona” y que uno de los problemas de la economía mundial es que en vez de buscar soluciones algunos se dedican “a buscar culpables”.
Como para demostrar que no era un espejismo ni un chiste, que era de verdad la presidenta quien decía eso, el acto incluyó varias prácticas que hacen inconfundibles sus apariciones estelares: anuncios simultáneos, enlaces por teleconferencia -en este caso con Quequén (Buenos Aires), Tafí Viejo (Tucumán) y Ushuaia (Tierra del Fuego), como para crear la impresión de ubicuidad, de estar en todos lados- y un discurso plagado de advertencias.
El aspecto común, la constante del discurso y de las advertencias, fue la inocultable certeza de que el “Modelo” está en problemas. Por caso, Cristina dijo que “la clave” económica actual es la inversión y que -lejos de la Argentina caerse del mundo- “el mundo se nos cayó encima”. Además, amonestó varias veces a los dirigentes gremiales, restando toda importancia a la acción sindical en la consecución de mejoras para los trabajadores, y reivindicó el “Proyecto X”, al que atribuyó el mérito de la reciente detección de un camión cargado con 840 kilogramos de cocaína cuyo conductor figuraba en los listados del cuestionado programa de espionaje interno a cargo de la Gendarmería. “Cuántas tapas nos comimos diciendo que espiábamos a la gente. Así que quédense tranquilos, salvo que estén haciendo algo que no corresponda”, dijo nuestra presidenta y Gran Hermana.
Palabras menos
La presidenta, sin embargo, sigue sin mencionar en sus apariciones la palabra “inflación”, pese a que este fenómeno concreto, que cualquier habitante de la Argentina puede constatar en su vida diaria, está detrás de los numerosos problemas que el “Modelo” fue acumulando en los últimos años. El de la inflación se complejiza y potencia al combinarse con otros dos: los ya inequívocos signos de recesión económica y la potencialmente explosiva situación cambiaria.
Pero, contra su aseveración de que es más importante encontrar soluciones que buscar culpables, la presidenta no dio el más mínimo indicio de reconocer que la principal causa de las dificultades del “Modelo” es el “Modelo” mismo. Pruebas al canto: en el caso del mercado cambiario, y al igual que en el caso del “Proyecto X”, la batería de medidas y “soluciones” oficiales sigue siendo la vigilancia y la represión financieras aunque -no por casualidad- tuvo una nueva vuelta de tuerca al día siguiente del discurso de Cristina, con una nueva ofensiva para intentar descabezar la Hidra en que se ha transformado el multifacético y policromático dólar paralelo. Sólo el gobierno puede extrañarse de que el lunes, el primer día hábil posterior a su nueva ofensiva, en la punta vendedora de “arbolitos” y “cuevas” porteñas, la moneda estadounidense rozara los 5,30 pesos por unidad. En las provincias, se sabe, conseguir un dólar cuesta más caro aún.
Contexto
La explicación de “el mundo que se nos cae encima” es ridícula cuando el precio de la soja, el principal aportante de divisas de la Argentina, roza picos históricos, y en medio del trimestre y del mes del año de más alta liquidación de divisas por exportación y más alta recaudación fiscal, por la concentración de vencimientos del impuesto a las Ganancias. Si en un momento así recrudecen los problemas con el dólar, es porque éstos son serios. Una complicación, que sí debe reconocerse, es la depreciación del real, la moneda de nuestro principal socio comercial. Pero lejos de tratarse de una casualidad, éste es el resultado de una política sostenida con convicción y firmeza por el gobierno de Dilma Rousseff, al punto que el ministro de Hacienda brasileño, Guido Mantega, festejó el lunes, cuando el dólar llegó a valer dos reales por unidad.
Cualquier intento honesto de entender y enfrentar la inflación y la suba del dólar deberían empezar por reconocer la verdadera magnitud de la primera y algunas variables que están detrás de la segunda.
En cambio, lejos de reconocer una aceleración a más del 2 por ciento mensual (que a su vez remite a un gasto público y a una tasa de emisión cercanas al 40 por ciento anual), el Indec sigue difundiendo cifras de fantasía. Peor todavía es que, aunque alimentan la inflación, esos motores son cada vez más impotentes para revertir las tendencias recesivas. Desde fines del año pasado, constató Mario Jorrat, de la Universidad Nacional de Tucumán, uno de los más rigurosos observadores de la economía real, que vienen cayendo el índice de producción industrial de Fiel, el IVA aduanero y los derechos de importación. Además, el estimador mensual industrial (EMI) del Indec, la venta de automóviles usados, de muebles y de materiales para la construcción locales están estancados, al igual que la venta de supermercados y electrodomésticos y la cantidad de empleados en el sector formal”.
Sin explicaciones
El gobierno sigue sin explicar, además, cómo es que en lo que va del año, pese a que los exportadores le liquidaron al Banco Central unos 5.400 millones de dólares, las reservas de la autoridad monetaria aumentaron apenas 1.200 millones. No se necesita indagar mucho para encontrar la respuesta: lejos de encargarse de que la economía crezca y los precios se mantengan más o menos estables, el BCRA se ha convertido en el prestamista de primera instancia del Tesoro (esto es, del gobierno), que a cambio lo está atiborrando de pagarés, que no hacen otra cosa que devaluar la calidad de su cartera. Cuántos dólares tiene realmente el Central es ya un misterio de una política económica embarcada en una dinámica de control y secretos.
Es cierto que el mundo está complicado y apunta a complicarse mucho más en los próximos meses. Hasta ahora, sin embargo, las tribulaciones del “Modelo” son de su propia factura. Sería bueno que la presidenta tome nota de su sentencia y, en vez de buscar culpables, encuentre soluciones.