Un espíritu solidario que defiende el derecho a la salud

Un espíritu solidario que  defiende el derecho a la salud Por las comunidades olvidadas

 

Foto. Tristán Pfund.

Con motivo de los 40 años de la creación de Médicos Sin Fronteras, la organización presentó una muestra fotográfica en Paraná y ofreció charlas en esa ciudad y la nuestra. El director de Argentina y un bioquímico santotomesino dialogaron con Nosotros sobre el accionar médico-humanitario que realizan.

TEXTOS. MARIANA RIVERA. FOTOS. gentileza PRENSA MÉDICOS SIN FRONTERA y diego mendicino.

“En lo personal, haber participado en dos misiones de Médicos Sin Fronteras (MSF) fue muy enriquecedor por lo que podés conocer de otras personas (tanto los compañeros como de la gente de los lugares donde intervinimos, de quienes se aprenden otros valores) pero también porque uno se conoce a sí mismo”.

Las palabras de Diego Mendicino, un bioquímico santotomesino de 41 años, demuestran la vocación que tienen que tener aquellos trabajadores de la salud que deciden incorporarse como voluntarios a esta organización médico-humanitaria internacional, que aporta su ayuda a poblaciones en situación precaria y a víctimas de catástrofes de origen natural o humano y de conflictos armados, sin ninguna discriminación por raza, religión o ideología política.

Desde 2010, cuando ingresó a MSF, ya participó de dos misiones: una de seis meses en Paraguay, con los pueblos originarios, en un proyecto sobre la enfermedad de Chagas, y otra de tres meses en Etiopía, con pastores nómades de religión musulmana que deambulan con sus cabras y camellos por una región semidesértica donde vive población de etnia somalí.

Diego Mendicino fue uno de los expositores en las charlas que MSF ofreció a la comunidad santafesina y paranaense recientemente, junto al director de Médicos Sin Fronteras Argentina, el Dr. Luis Paiz Bekker. Lo hicieron en el marco de la muestra fotográfica e informativa realizada en Paraná, titulada “Médicos Sin Fronteras: 40 años de acción humanitaria independiente”.

A pesar de que asegura que no se arrepiente, que “es lo que a mí me gustaba y me parecía que MSF era la mejor manera de hacerlo”, basado en la meta de “poder asistir a la población ya que nosotros defendemos el derecho universal a la salud”, admite que “duele a veces ver que hay tantos problemas y cómo hay gente que saca provecho de toda esa situación”.

En el caso de Paraguay -recordó-, se advierte cómo son desplazados los pueblos originarios, robándoles sus montes y reduciendo su lugar de vida. También se aprovechan de esto grupos económicos y de distintos tipos. Y en Etiopía ves cómo -a pesar de la escasez de recursos que tienen- hay gente que vende armas y aprovecha la situación para hacer sus negocios. Uno preferiría que fueran cada vez menos los lugares de este tipo para trabajar pero lamentablemente hay muchos.

UNA SALIDA A LA FRUSTRACIÓN

Luis Paiz Bekker, director de la Oficina de Médicos Sin Frontera en Argentina (que tiene influencia en la mayoría de los países de América Latina de habla hispana), también dialogó con Nosotros durante su visita a nuestra ciudad.

Explicó que la muestra fotográfica por los 40 años de MSF que presentaron en Paraná “intentó poder compartir, a través de las imágenes, las principales crisis médico-humanitarias en las cuales MSF ha intervenido a lo largo de estos 40 años. También pretendió reflexionar sobre el contexto mundial y los retos que tenemos como organización para trabajar y poder llevar salud, no solamente salvar vidas y aliviar el sufrimiento, que es el objetivo de MSF”.

En tanto, recordó cómo surgió esta organización. “La fundación de Médicos Sin Fronteras ocurrió en 1971, en París, cuando un grupo de médicos y periodistas decidieron crearla con el afán de poder asistir a la población y hablar sobre las violaciones de los derechos humanos que presencien los equipos en terreno. Surgió de la frustración y el cansancio de estos médicos y periodistas de haber trabajado con otras organizaciones a través de las cuales no podían intervenir directamente, aun viendo el sufrimiento de la gente y las necesidades, si no había una autorización que llegara de los gobiernos o de las entidades involucradas en esos conflictos”.

Cansados de esa situación -continuó- deciden reunirse y crear una organización en donde no tuvieran esa limitación, poder trabajar y acceder a las sociedades civiles que estén siendo afectadas por catástrofes, conflictos armados, etc. y poder intervenir directamente, independientemente de si se tiene la autorización o no. La idea es poder asistir a la población porque nosotros defendemos el derecho universal a la salud.

Y agregó: “Las acciones de difusión y denuncia también son parte de la estrategia y la identidad de MSF. La participación de los periodistas sirve, entonces, para poder comunicar las violaciones de los derechos humanos que observan nuestros equipos directamente en terreno. Nunca usamos una fuente secundaria de información, sino que nos basamos única y exclusivamente en lo que observan nuestros equipos”.

LAS INUNDACIONES DEL SALADO

MSF realizó su última intervención en Argentina durante las inundaciones ocurridas en nuestra ciudad, en 2003, y desde entonces no tienen operaciones en el país. Sin embargo, Paiz Bekker aseguró que “por supuesto que estamos dispuestos a intervenir en la Argentina en el momento que haga falta: si hay un desastre natural o cualquier evento en el que podamos ofrecer un valor agregado”.

Pero aclaró que esto surge como consecuencia de que “la organización cuenta con recursos limitados para actuar en las mayores crisis que hoy están aconteciendo en el mundo. Por eso, se priorizan aquellos países donde la infraestructura es mínima, muy precaria o no existe, y por eso no es el caso actual de la Argentina, donde contamos con un grupo de más de 100 profesionales argentinos que están trabajando con nosotros, como el bioquímico santotomesino Diego Mendicino y el médico paranaense José Ignacio Micheloud, quien estuvo en Yemen. Van y vuelven, no están todos ahora en terreno haciendo misiones. Sabemos que en algunos lugares hay ciertas deficiencias pero existe una infraestructura sólida, como el Ministerio de Salud, que puede responder a esas necesidades”.

Consultado en relación a si los profesionales trabajan ad honorem para la organización, Paiz Bekker aclaró que “defendemos el espíritu del voluntariado porque trabajamos en contextos sumamente difíciles y con convicciones bastante básicas. Pero obviamente pedimos calidad a los profesionales, años de experiencia y manejo de idiomas. Por lo tanto, se le da una remuneración que no es competitiva. No queremos que los profesionales se acerquen por el dinero que puede ofrecer MSF sino por el espíritu solidario de ayuda y acompañamiento de las poblaciones que lo necesitan. Esa remuneración está destinada a que los profesionales básicamente puedan pagar sus facturas cuando vuelven de misión”.

NUEVOS COLABORADORES

Por último, Paiz Bekker se refirió a la ayuda permanente que requiere la organización por parte de la comunidad. “Las necesidades siempre superan nuestra capacidad de respuesta. Así que constantemente estamos necesitando profesionales que quieran unirse a esta organización para poder brindar su aporte directamente a las poblaciones que más lo necesitan”, dijo.

También le pedimos al público -agregó- que tenga la capacidad de permitirnos seguir trabajando que realice su donación. A ellos los llamamos socios, más que donantes. Esto se puede hacer a través de nuestra página web: www.msf.org.ar; un teléfono gratuito: 0-810-222-MSFA (6732), de lunes a viernes, de 9 a 21; comunicándose a nuestro teléfono (011) 4551-4460 o e-mail: [email protected].

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MSF tiene como objetivo llevar la salud adonde haga falta y denunciar -si existen- violaciones a los derechos humanos en donde intervienen.

Por las comunidades olvidadas

El bioquímico santafesino Diego Mendicino -quien actualmente desarrolla su profesión en el Hospital de Niños y en la Facultad de Bioquímica de la UNL- admitió que “sabía del trabajo de Médicos Sin Fronteras desde hacía mucho tiempo y era algo que quería hacer”.

Su vocación de trabajo con la comunidad ya se venía perfilando: cuando ingresó en la UNL trabajó en el Centro de Investigación de Endemias Nacionales, donde se indaga -fundamentalmente- sobre enfermedad de Chagas.

Primero se desempeñó como pasante y después como becario, y se incorporó en un proyecto de trabajo con la comunidad, “que era lo que me gustaba: lo hicimos con comunidades aborígenes de la provincia, poblaciones rurales e inmigrantes. También estuve en una de las misiones del Tren Alma (un tren hospital pediátrico de la Fundación Alma, totalmente equipado para prestar atención sanitaria gratuita en el norte argentino) y después me decidí a aplicar para MSF”.

En 2010 se anotó en la convocatoria de MSF a través de Internet. Y después pasó por un riguroso proceso de selección que consistió en entrevistas telefónicas, personales, evaluaciones de tipo técnicas, de idiomas, psicológicas. Y finalmente logró su fin: incorporarse a la organización.

Según explicó, MSF trabaja en catástrofes naturales o guerras pero también atendiendo a las denominadas “enfermedades olvidadas”. En realidad -aclaró- son enfermedades que sufren las comunidades olvidadas, como Chagas o Leishmaniasis, entre otras.

EN PARAGUAY, CHAGAS

Su primer destino fue Paraguay, Boquerón, en el Chaco Paraguayo, para trabajar en un proyecto de enfermedad de Chagas. Según contó, “MSF siempre trabaja con las poblaciones más vulnerables dentro de cada lugar donde decide intervenir. Dentro de Paraguay, se veía que el Chaco Paraguayo (del río Paraguay al oeste, que incluye el 60% del territorio pero en él vive el 3% de la población) era lo que estaba menos atendido y con más necesidades. Son poblaciones muy aisladas y mayoritariamente integradas por personas de diferentes pueblos originarios, algunos muy poco contactados con el resto de la civilización”.

El trabajo consistió en brindar educación y comunicación sobre enfermedad de Chagas. Incluyó varias partes: prevención, diagnóstico (que se hace en el hospital de Mariscal Estigarribia, que es la capital del departamento Boquerón) y diagnóstico en terreno. “Viajábamos en condiciones complicadas porque hay una sola ruta asfaltada que cruza Paraguay desde Asunción hasta Bolivia y después se iba a terreno por caminos precarios, para trabajar con las comunidades. Hacíamos diagnóstico presuntivo de Chagas: se tomaban muestras de sangre, que después se confirmaban en el laboratorio de Mariscal Estigarribia, además de dar tratamiento y control vectorial”.

Y agregó: “En esa región de Paraguay no se estaba trabajando en enfermedad de Chagas; era muy poco lo que se hacía. En un principio, MSF trabajó en comunicación con el Ministerio de Salud de ese país pero después empezaron a hacerlo en conjunto, y en una última etapa -en la que debe estar actualmente el proyecto- MSF sólo hace una supervisión de las actividades que encara el ministerio, el que se va haciendo cargo de este trabajo”.

EN ETIOPÍA, ATENCIÓN PRIMARIA

El otro proyecto en el que le tocó trabajar al bioquímico santafesino fue el mejoramiento de la atención primaria de la salud en la región somalí de Etiopía, que es semidesértica. “Allí vive la gente de etnia somalí: pastores nómades que tienen cabras y camellos. Hablan somalí y son todos de religión musulmana. Era la primera vez que me tocaba África y población musulmana, que es muy particular, al igual que los somalíes, pero son gente de brindarse”, recordó.

Pero advirtió que “durante este proyecto se agregó otra cuestión: por la sequía había una situación de crisis nutricional bastante grave, con desplazados desde Somalia (que está al lado), donde también hay gente de la etnia somalí. La población migra y se mueve constantemente, cambiando de países. Además, había tuberculosis, que siempre va de la mano de la crisis nutricional, al igual que la malaria (pero en la época en la que estuve no había tanta). A esto debe sumarse una situación política inestable, ya que hay un grupo rebelde en la zona”.

En este punto, precisó que “MSF está trabajando en Etiopía desde hace mucho tiempo, así que ya conoce cómo es la situación y, para minimizar los riesgos, se trabaja en comunicación con la población, para que sepa qué vamos a hacer y que no tenemos una agenda ni intervención política. Muchas veces aparecen agencias de ayuda humanitaria que son de algún país en particular y, a veces, algunos están inmiscuidos en ciertos conflictos”.

En tanto, explicó que “trabajábamos en el hospital de Degabur, en la región somalí, y se hacían clínicas móviles porque la mayoría de la población es nómade. Con ellos trabajábamos en terreno en los lugares donde estaban asentados”.

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El santotomesino diego mendicino trabajó tres meses en etiopía. Foto. Behzad Arta.




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El bioquímico diego mendicino y el dr. luis paiz bekker explicaron a nosotros las tareas que realizan en médicos sin fronteras.


Las misiones, en fotos

Entre el 22 de mayo y el 5 de junio pasado, Médicos Sin Fronteras (MSF) presentó en la ciudad de Paraná una muestra fotográfica e informativa que recorre sus 40 años de historia, titulada “Médicos Sin Fronteras: 40 años de acción humanitaria independiente”.

Además se proyectó el documental “Invisibles”, que retrata cinco crisis olvidadas, con el fin de acercar a la población local a la asistencia que MSF brinda a millones de personas en más de 60 países. Tanto en Paraná como en nuestra ciudad ofrecieron sendas charlas, destinadas al público en general, para explicar qué es la organización. Estuvieron a cargo del director de Médicos Sin Fronteras Argentina, el Dr. Luis Paiz Bekker, y otros miembros de la organización.

Compuesta por más de 35 fotos, la exposición fotográfica conmemora la historia y los principios de neutralidad e independencia que han guiado las intervenciones médico-humanitarias de la organización -que recibió el Premio Nobel de la Paz 1999- en conflictos armados, desplazamientos forzados, epidemias, catástrofes naturales y enfermedades olvidadas, desde hace cuatro décadas. Abarca las principales emergencias humanitarias en las que intervino, pasando por la primera guerra en Irak y el genocidio en Ruanda, hasta el terremoto de Haití.

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En paraguay, mendicino trabajó con los pueblos originarios sobre enfermedad de chagas. Foto. Behzad Arta.


Neutralidad e independencia

Médicos Sin Fronteras realiza su tarea siguiendo dos principios: neutralidad e independencia, a los que también se refirió el Dr. Luis Paiz Bekker, director de la Oficina de Argentina.

“Defendemos la neutralidad porque es una de las herramientas principales que nos permite acceder a las poblaciones civiles afectadas en cualquier contexto. Jamás tomamos partido por ningún bando involucrado en un conflicto; lo único que llevamos es salud, independientemente de raza, credo, religión o afiliación política. Por ejemplo, si una parte de la población civil está de un lado del frente de la guerra y otra del otro lado, nosotros atendemos a las dos, independientemente de quiénes sean los actores de la guerra”, planteó.

Y agregó: “La independencia nos permite hablar libre y claramente sobre las acciones, las injusticias, las violaciones que vemos directamente, sobre todo porque no tenemos ninguna vinculación económica con ningún poder político”.

En este sentido, agregó que “MSF se financia con el apoyo solidario de cualquier persona alrededor del mundo que se solidariza con nuestra organización (actualmente contamos con más de 5 millones de socios). Nos brindan un aporte mensual o esporádico para que nuestros equipos puedan llevar salud adonde más se necesita. Es nuestra principal fuente de financiación y es una decisión consciente de la organización de manera de poder tener la legitimidad que necesitamos para hacer nuestro trabajo y la libertad también de poder hablar sin ningún tipo de presión”.

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La organización internacional participa en conflictos armados, desplazamientos forzados, epidemias, catástrofes naturales y enfermedades olvidadas. Foto. HJ Burkjard.

Ayuda sin discriminar

Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización médico-humanitaria de carácter internacional que aporta su ayuda a poblaciones en situación precaria y a víctimas de catástrofes de origen natural o humano y de conflictos armados, sin ninguna discriminación por raza, religión o ideología política.

Nació en 1971 de la mano de un grupo de médicos y periodistas frustrados, unos porque el mandato de la organización en la que trabajaban les impedía prestar testimonio sobre las crisis que presenciaban, y otros por la ineficacia con que se atendía a las víctimas.

Cada año, MSF envía a terreno a más de 2.400 profesionales, que colaboran con 25.000 trabajadores locales también contratados por la organización. Actualmente, cuenta con 425 proyectos de acción médica y humanitaria en 60 países, y con 5 millones de socios y colaboradores en todo el mundo.

Cuenta con una oficina en Buenos Aires que centra su actividad en la difusión de la acción humanitaria de la organización así como en la captación de recursos humanos y financieros para sostener las operaciones que MSF lleva a cabo alrededor del mundo.

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En 1971, médicos y periodistas crearon en parís msf para asistir a la población necesitada, sin restricciones. Foto. d.r.

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Foto. Gael Turine / VU.


Experiencias

El director de Médicos Sin Fronteras Argentina, Dr. Luis Paiz Bekker, nació en Guatemala pero vive de manera temporal en nuestro país. Según contó, “llevo 18 años trabajando para la organización en misiones pero ahora estoy apoyando la difusión de nuestras actividades en todo el mundo, en especial en América del Sur. Soy médico de profesión e hice una especialización en enfermedades tropicales en Inglaterra. A partir de ahí empecé a trabajar con MSF y he estado en muchísimas misiones, en Asia, África, Europa, América del Sur y Centroamérica”.

El bioquímico Diego Mendicino está casado y tiene dos hijos, de 12 y 9 años. Opinó que “a mi familia no le debe ser fácil adaptarse a que esté 6 meses afuera. Supongo que deben tener alguna clase de temores pero es lo que elegí. Además, saben que la organización es muy profesional en la forma de trabajar”. Por este año, decidió no aceptar otras misiones ya que su hijo mayor, Emiliano, termina la primaria “y quiero estar acompañándolo”.