Dos generaciones, tres poetas

Clotilde Gianello de Suárez

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Leoncio Gianello. Fotos: Archivo El Litoral

Quisiera recordar a tres escritores de mi familia: mi padre Leoncio Gianello (1908-1993), mi hermano Leoncio (1934-1972) y mi hermana Susana (1937-2011). En dos generaciones aparecieron estos tres poetas, con estilos tan distintos uno de los otros. La poesía, parte importantísima en sus vidas, los llevó a integrar grupos literarios en los que compartían poesía y amistad.

Si tuviéramos que clasificar los poemas de mi padre por sus temas podríamos agruparlos en románticos, como Aquel amor callado, 1930, que tanto le gustaba recitar: “Nunca te dije nada de este querer: Tenía casi el presentimiento de que te iba a ofender... Y preferí callarlo, y encanté su agonía nombrando muchas veces tu nombre de mujer”; religiosos, como el Canto a Jesús, Primer premio en los Juegos Florales de Río Cuarto, 1928, o los Sonetos de Semana Santa; de tema histórico, como los Cantos a San Martín, premiados en 1944 y 1950 o el Canto a Entre Ríos, primer premio del Gobierno de Entre Ríos, en 1944. La mayoría de los poemas sobre su tierra fueron incorporados en su Casi Antología, como “Cuños” y “Gesta” y allí también están los de la infancia que recuerdan a Gualeguay y a sus queridos abuelos: este erguido Quijote, montonero y artista que midió la provincia con galopes de pingo debió sentir lo raro de su apellido gringo cuando quebró en Ñaembé su lanza jordanista...” (“El abuelo criollo”) y “Esta Misia María, pequeña y regordeta, con sus dos manzanitas de grana en los carrillos, vino de un panorama de pueblitos sencillos bautizados con nombre de frontón de paleta. “...Y una noche de junio de vientos con enojos, Pirineos de fiebre le cerraron los ojos y su aldea de Francia se murió entre su sueño!” (“La abuela vasca”). Refiriéndose a este último poema, el Prof. Pedrazzoli (1) comenta que en él hay “escasos datos sobre el físico, el carácter y las instancias de vida de la abuela y sin embargo el poeta compone un retrato, una semblanza y una historia completa en virtud de la fuerza sugerente de (las) alusiones”.

Jorge Taverna Irigoyen (2) comenta que mi hermano, Copete, como lo llamábamos familiares y amigos, “sin ser un poeta social... no le dio la espalda a problemas y hechos de la vida diaria. Poeta vivo, no podía desoír los reclamos de la calle, vendarse los ojos ante la injusticia. Son los años en que escribe, entre otros, ‘El injusto edificio’. ‘Vienen los estudiantes. Afirman que quieren un mundo mejor que el ofrecido. Que el mundo es imperfecto es cosa sabida desde la construcción inicial...’ ”. Y Taverna Irigoyen agrega más adelante: “Pero es el amor el que nutre los versos más plenos de esos años (...) al lado del amor hay un sufrimiento constante, un ‘dolorido sentir’, que... a veces, es la muerte presente, en la forma de un epitafio posible. ‘Hoy que es tuya la habitación de esta tierra colocada con fervorosa piedad sobre tu cuerpo, una voz escogida entre el acaecer de las voces nos falta en este anfiteatro del Mundo en el que el hombre es aún lobo para el hombre y escasa mano un nido’ (“Despedida a un poeta”). A veces, el dolor frente a los que no tienen voz: ‘Hay niños sin panes... ¡Pero si el pan es uno! - Hay niños sin panes... ¡Pero si el horno es uno!’ (“Tierra entera”)”. Este amor y esta ternura nutren sus versos “Mendigo en la mansión de la palabra”, dedicado a su padre; “Hermanas del verano”, a sus hermanas; “JMG”, escrito para su esposa, y “De sus manos niñas” para sus hijas.

Respecto de Susana, el profesor Miguel Ángel Zanelli (3) considera que “la totalidad del poemario evidencia un anhelo místico junto a preguntas metafísicas y a un (...) sentimiento religioso. El libro (muestra) un alma delicada y solitaria, en auténtico contacto con la Divinidad y con el misterio del amor y de la muerte”. “Tú elegirás el día deslumbrador que todo lo conoce... En la lucha incesante, júzgame por aquello que he amado, por lo que he intentado y he perdido, por los dolores profundos que he callado” (“Tú elegirás el día”). Con amor de madre expresa su ternura hacia sus hijas en Ciclo “... La ternura en los hijos se detiene, erguida en centinela que los cuida... Cuando el tiempo cambie tu vida de niña y tu piel dorada emerja vibrante como joven planta, seré el alto árbol que tu sueño guarde”.

Sobre la poesía y lo que es ser poeta, los tres se expresan de manera clara: “Ser poeta es tener un alma de cristal, sonora, transparente, frágil; el roce con la realidad la empaña siempre y, a veces, la quiebra. Es vivir de recuerdos, que son el Pasado, o de esperanzas que quisiéramos fuera el Futuro, es no existir jamás en el Presente. Es llevar dentro un ruiseñor que canta y que nos va comiendo el corazón...” (Leoncio Gianello, padre) (4). Susana dice que “se escribe, entre otras razones, porque la literatura es el lugar de encuentro de dos seres. Al hacerlo sobre cosas, personas o sucesos, al decir del poeta español José Luis Ruiz, no se habla de ellos tal como son, sino como nosotros hemos creído que eran”. Finalmente Leoncio (h) en La Remota brasa: “También en nosotros, sedientos infinitos, distraídos en asuntos extraños a nuestro vivir, el canto es una brasa remota de la sangre y en la duda de ser o no ser dilapidamos con demasiada prisa nuestra hacienda”.

En Canto a Entre Ríos, Leoncio Gianello habla del amor a su tierra entrerriana: “... Dios te salve, Entre Ríos, llena eres de gracia y de valor; bendita seas entre todas las tierras, y bendito el fruto que alborea en tu vientre moreno... y que por siempre el Señor sea contigo en tu rosa, en tu espada y en tu trigo”. En la poesía de Leoncio (h): “De todo esto me alejo como de un domingo lleno de campanas y de los caminos de la infancia feliz junto al Salado con peces húmedos y caballos con olor de pinos...” (“Salvación de la distancia”), y en la de Susana también se percibe la unión con el terruño: “Esta tierra natal que me contiene ha esperado mi canto tras un largo silencio... Pude haber visto la luz en otros sitios, llevar en la mirada un paisaje distinto... ésta es la tierra a la que pertenezco, que cobijó los días de mi infancia”.

Además de este amor cantado a la tierra en que nacieron y la vocación a la poesía, el eje común en los tres es el amor y la ternura a la familia, y el reconocimiento a Dios y a la creación.

(1) Pedrazzoli, Julio. “Leoncio Gianello y sus recuerdos de Gualeguay”. Conferencia, 1972.

(2) Taverna Irigoyen, Jorge. Prólogo en La Remota Brasa.

(3) Zanelli, Miguel Ángel. Prólogo en Travesía de pájaros migrantes.

(4) Gianello, Leoncio. Epígrafe del soneto dedicado al poeta entrerriano Daniel Elías.


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Susana Gianello.

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Leoncio Gianello (h).