Edición del Lunes 13 de agosto de 2012

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“La autoridad docente antes se imponía, hoy se debe construir” - Edición Impresa - Educación Educación

Entrevista a Emilio Tenti Fanfani

“La autoridad docente antes se

imponía, hoy se debe construir”

El especialista sostiene que antes un docente sólo por ser adulto y ocupar una cátedra ya era respetado. Ahora, la autoridad no se impone sino que se construye. Algunas claves: ser bueno en el oficio, respetar al alumno, generar orden y motivación en la clase.

“La autoridad docente antes se  imponía, hoy se debe construir”

“¿Cómo puede ser que un maestro no pueda establecer un orden mínimo de respeto en un grupo de niños de 11 años?”, cuestiona el especialista.

Foto: Flavio Raina

 

Mariela Goy

mgoy@ellitoral.com

El halo de respeto y prestigio que tuvo siempre el magisterio se fue desdibujando con los cambios sociales y el cuestionamiento hacia las instituciones en general, entre ellas, la escuela. El Dr. Emilio Tenti Fanfani, licenciado en Ciencias Políticas y especializado en educación, se refirió en diálogo con El Litoral a uno de los temas de debate entre los docentes: la pérdida de autoridad en el aula.

— ¿Cuáles son los desafíos que esperan al maestro en el aula hoy?

— Uno de los grandes desafíos es que deben resolver problemas nuevos para los cuales no tienen recursos ni conocimiento porque las situaciones son totalmente inéditas, novedosas y cambian permanentemente. Cambian los adolescentes, los conocimientos, la familia, los contextos. Vivimos momentos de grandes transformaciones, pero los institutos de formación docente van siempre más lentos. Entonces, cuando un maestro llega al aula a trabajar ya los problemas son novedosos y no encuentran respuestas.

—La pérdida de autoridad en el aula ¿es uno de esos problemas?

— Esto ya es grave. La docencia es un oficio que requiere reconocimiento y respeto. Eso es lo que quieren los periodistas y todos aquellos que ejercen una función pedagógica. Tienen que ser creídos. Si la gente no le cree a un periodista, si cree que es un mentiroso, que no es digno de ser escuchado, todo lo que diga le va a entrar por un oído y salir por otro. Pasa lo mismo con el maestro. Tiene que tener crédito y ser confiable, porque eso es la autoridad.

—Muchos sostienen que la autoridad hay que construirla ¿Qué opina?

— Lo que pasa es que el sistema escolar es viejo. Cuando se fundó, los niños por ser niños ya le daban crédito al maestro sólo por ser adulto. Antes la institución te daba esa autoridad, te ponía al frente de la cátedra en el secundario y hasta al profesor más imbécil era respetado sólo porque el tipo fue nombrado para ocupar ese trono que era estar al frente de la clase. Hoy no es así. Cada vez más depende del esfuerzo; la autoridad hay que construirla. Es decir, es el maestro el que tiene que crear las condiciones de su credibilidad. Si se dice que las familias y los niños ya no respetan al maestro, no les creen, no confían en ellos ¿qué hay que hacer? En España sancionaron una ley para declarar al maestro “autoridad pública”, de manera que si le faltás el respeto, eso configura una carga mayor que si insultás a tu vecino. Eso pasa con los policías que ejercen la autoridad pública.

— ¿Usted estaría de acuerdo con implementar algo así?

— No creo en esta cuestión voluntarista. El respeto, el reconocimiento no se puede imponer, obligar. Siempre el respeto, el reconocimiento es el derivado de algo. El maestro que es bueno en su oficio y que respeta al otro, es respetado. Si un maestro desconoce a sus alumnos, los trata de ignorantes, les dice que escuchan cumbia villera que es de una cultura de segunda, que no hablan sino que emiten ruidos; es decir, si desvalorizan a sus alumnos, ellos le va a responder con la misma moneda. Porque ese chico merece respeto y exige reciprocidad, cosa que antes no ocurría. Cuando fui alumno, sabía que el docente tenía derechos que yo no tenía. Él podía fumar en la clase pero no me dejaba a mí, él podía tutearme pero yo no a él. Hoy en día esto no es así: si no se fuma, no lo hace nadie. Entonces, quizá una primera manera de obtener respeto es empezar por respetar. Nos cuesta porque antes no era así, sino que la autoridad se imponía. Hay que reconocer que los chicos tienen derechos y que no basta con emitir una orden, sino que hay que poder justificarla y argumentarla.

Orden e interés

— ¿Qué otros desafíos tiene el docente?

— Esto de la autoridad se asocia al tema del orden. Tanto en una familia como en una empresa o en un partido político debe haber reglas comunes. Hay escuelas donde prima el desorden, donde no hay reglas y ese es un indicador de debilidad de la institución. Un maestro que dice: “Yo no puedo con mis alumnos”, es algo que yo no concibo. ¿Cómo puede ser que un maestro no pueda establecer un orden mínimo de respeto en un grupo de niños de 11 años? Ése no es un problema de los chicos, es un problema del adulto; él es el profesional de la educación y tiene que saber producir un orden, que tiene que ser democrático, no impuesto. Tenemos que hacer un pacto entre todos y los chicos tienen que participar en la producción de ese orden desde el primer día de clase. Porque el orden no puede ser autofundado ni impuesto por una autoridad superior al estilo “las tablas de la ley” de Dios.

El otro desafío es el interés. Muchos maestros se quejan porque a los chicos no les interesa la matemática, ni la física, no les interesa nada. Cuando me dicen eso en toda América Latina, yo les respondo: ¿Usted puede concebir que a un ser vivo no le interese nada? Puede ser que no le interese lo que vos le estás contando pero que no le interese nada en la vida, no. Entonces, primero hay que reconocer que si no hay interés, no hay aprendizajes, porque el conocimiento no se impone. Segundo, saber reconocer los intereses de los demás. La pregunta que hay que hacerse en todo caso es: ¿el interés es natural o es cultural e histórico? ¿No será mi primera obligación desarrollar el interés en el chico? ¿Hacer que encuentre un sentido en esto que yo le enseño? Incluso antes de tirarle contenidos, hay que generar una motivación.

— Otra de las quejas que se escucha entre los docentes es que tienen que contener a los chicos y que no fueron preparados para eso.

— En la etapa fundacional de la escuela, había una división del trabajo entre la escuela y la familia. Hoy, la escuela tiene que responder a una demanda de sociabilización del chico, tiene que enseñarle cómo comportarse, el respeto a las reglas, a no agredir, no pegar, no escupir en el suelo. Todas cuestiones que en el modelo tradicional correspondía a las familias. Eso se llamaba “educación” y la gente sabe distinguir. “Ese tipo tendrá un doctorado pero es un maleducado terrible, un egoísta, agresivo, mala gente”, se dice. Esos valores antes correspondían inculcarlos a la familia y el maestro daba por descontado que el chico llegaba con esa base a la escuela. Hoy en día no es así sino que se le agrega esta tarea al docente. Entonces se los escucha decir: “Nosotros somos especialistas en pedagogía y nuestra tarea es enseñar conocimientos, instruir, no tener que andar pacificando, calmando a los chicos, controlando sus sentimientos, su comportamiento; ése es un problema del psicólogo o de la familia”. Pero resulta que si un chico no tiene estabilidad emocional, no ha educado sus sentimientos, no tiene la madurez suficiente en sus emociones, no puede aprender. Si son agresivos o vienen excitado, se generan situaciones de violencia en el aula y no puede aprender.


Terapeutización de la pedagogía

— ¿La tarea de contener al niño no le corresponde al docente?

—Algo le corresponde. Si la familia no lo cumple porque la mujer se incorporó al mercado del trabajo, porque hay madres jefes de familia que dejan al niño con la vecina, alguien se tiene que hacer cargo. En Estados Unidos hablan de la “terapeutización” de la pedagogía. O sea que los maestros antes de dar clases, han aprendido técnicas psicoterapéuticas de grupo para calmar a los chicos que llegan excitados y agresivos. Se le exige al maestro tener más herramientas de tipo psicológicos que pedagógicas. Entonces, si le vamos a encargar esto a la escuela, se requiere de otra escuela. No puede ser de 4 horas sino de tiempo completo, con otros especialistas y no sólo docentes. Porque no se le puede exigir a un maestro que no ha sido formado en psicología, realizar la tarea de otro profesional. Entonces, el maestro se siente sobrecargado porque no está cumpliendo con lo específico de él que es la enseñanza.

Tenti Fanfani

Autor de obras como “Nuevos temas en la agenda de política educativa”, “La escuela y la cuestión social”, “La condición docente”, “El oficio de docente”, Emilio Tenti Fanfani es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Cuyo y Diplôme Supérieur d’Etudes et Recherches Politiques (París, 1968-1971). Es investigador independiente del Conicet, profesor titular de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y consultor del IIPE-Unesco en Buenos Aires. Estuvo en junio en Santa Fe para dictar la conferencia “La condición docente: sentidos y desafíos del oficio de la enseñanza en la Argentina actual”, organizada por la Facultad de Humanidades de la Universidad Católica de Santa Fe y la Junta Arquidiocesana de Educación del Arzobispado.

/// LA FIGURA

 


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