Argentina dejó una pobre imagen y sólo cotiza el resultado
Apenas la jerarquía de Romero e Higuaín más algo de Lavezzi. El resto faltó a la cita limeña, empezando por Messi, quien se pareció al de otros tiempos que él quiere olvidar.
No muestra solidez. La ofensiva nacional puede tener partidos malos (como el de ayer), pero lo más probable es que alguno se destaque en cierto momento (Higuaín tuvo una y fue al fondo de la red). Lo que hasta el momento no genera confianza es la última línea: en la imagen, Rojo y Fernández aprietan a Farfán, que complicó siempre a la defensa albiceleste. Foto: EFE
Enrique Cruz (h)
(Enviado especial a Lima, Perú)
Hubo grandes diferencias entre esa Argentina avasallante del viernes, que abrió tempranamente el partido y luego lo supo liquidar aún ante la “adversidad” del empate, con este equipo frío, inexpresivo y que sólo tuvo a su favor el sabor de la contundencia de un Higuaín al que no se lo puede descuidar jamás.
La ausencia de Messi, bien rodeado por un equipo que supo marcarlo con inteligencia y sin tanto empleo del juego brusco, fue clave. A favor de Markarián, el hecho de haber pensado en una marca escalonada con una referencia (primero fue Lovatón y luego lo cambió cuando ya tenía amarilla y corría el riesgo de ser expulsado). En contra de Messi, la escasa movilidad y confianza que tuvo. Dio hasta la impresión de haber arrancado “vencido”, sin fuerzas ni inteligencia para escapar de una marcación que -se sabía- podía ser muy dura y meticulosa por parte del rival.
Argentina repitió viejos errores y agregó otros. A saber: 1) se volvieron a dar ventajas atrás; 2) hubo muchos espacios a las espaldas de Rojo que Perú supo aprovechar; 3) no se controló bien la subida sistemática de Advíncula y en esto también fue partícipe Di María, al punto tal que en el segundo tiempo Sabella lo mandó a Lavezzi a jugar de puntero izquierdo para que este marcador no pasase con tanta facilidad al ataque, pero pasó igual.
Pero el defecto más pronunciado fue el de no haber tenido la pelota, algo que Sabella reconoció con hidalguía en la conferencia luego del partido. Un equipo que se supone es ofensivo y protagonista, como el nuestro, no puede permitir que el rival le maneje tanto el balón, algo que sistemáticamente ocurrió durante la primera parte del primer tiempo y durante una buena porción del segundo. Ausentes Di María y Messi, todo quedaba reducido a lo que hiciese Gago, a las salidas con pelotazos de Mascherano y nada más. Tanto, que Argentina llegó una sola vez en el primer tiempo y fue gol por la enorme capacidad ofensiva de sus delanteros. Sólo por eso.
Markarián planteó un partido inteligente, tomando medidas: 1) anular a Messi en forma escalonada; 2) juntar mucha gente en el medio para tener la pelota; 3) utilizar los laterales para abrir la cancha y atacar. Se nutrió de las subidas de Advíncula, de la movilidad y buen manejo de Farfán más una respuesta interesante del medio hacia atrás, salvo Yotún que estuvo muy complicado cuando Argentina se decidió, aunque sea con cuentagotas, a abrir la cancha por derecha.
Estuvo más cerca Perú, eso no se niega. Markarián dijo que el partido fue parejo y se lo agradecemos por lo generoso que es con nuestra selección. La realidad es otra. Perú estuvo más activo y más metido que Argentina en el partido. Y si Ramírez clavaba aquel muy buen remate que con comba dio en el palo izquierdo de Romero, nadie lo habría discutido.
Es cierto que un partido no es igual a otro, que tampoco es lo mismo enfrentar a una Selección de Paraguay temerosa y muy discreta en la tenencia de la pelota, que a esta de Perú que estuvo empujada y contagiada por el fervor tremendo de su público. Ahí estuvo una de las principales diferencias, las distintas formas de encarar el partido ante el mismo rival que tuvieron los adversarios de Argentina. ¿Mérito tremendo de los peruanos o defecto imperdonable de los paraguayos? Algo de eso hay, más allá de que la Argentina de anoche en Lima no tuvo nada que ver con la que se floreó por momentos en Paraguay.
Decepción. El equipo argentino tuvo su partido más flojo en el presente año y rescató un punto injusto ante Perú. Las dudas volvieron con fallas en la defensa y un Messi ausente en el manejo de la pelota. Foto: Télam
Tampoco los cambios aportaron demasiado. Tanto Sosa como Maximiliano Rodríguez intentaron cubrir un aspecto que nunca funcionó durante el partido. Con Messi convertido en un jugador “común y corriente” (algo que no es, está claro), con Di María totalmente alejado de la pelota y ya sin Gago en la cancha (tuvo un fuerte traumatismo de cráneo), Sabella buscó reemplazantes que entraran a manejar la pelota. Antes había probado también con Guiñazú, otro volante de buen manejo de pelota. La idea fue la de recuperar ese control del partido a través del dominio del balón, pero está claro que en ningún momento de los 90 minutos lo consiguió. El equipo terminó armado con dos líneas de cuatro, dejando a Messi y a Higuaín arriba, esperando que alguna pelota saliera bien jugada del mediocampo.
“Si hubiésemos tenido sano a Paolo Guerrero, al partido lo habríamos ganado”, se animó a decir el bueno de Markarián. Y si bien forma parte del terreno de las hipótesis porque Guerrero entró faltando cinco minutos y en evidente inferioridad física, una dosis de razón le asiste al entrenador uruguayo. Guerrero es un jugador punzante, inteligente, audaz y temerario. Tuvo una posibilidad en la que bajó la pelota (advirtió el juez colombiano que lo hizo con la mano) y de media vuelta estuvo cerca de convertir. Markarián siempre supo que a Argentina había que atacarla para lastimarla. Claro que necesitaba jugadores punzantes, más agresivos. Algo aportó Farfán, con gran tendencia a bajar para recibir la pelota. Pero Pizarro no es Guerrero, al menos en este momento. Y eso terminó beneficiando al bloque más preocupante que tiene esta selección: el defensivo.
Sabella no quiere que haya una dependencia extrema de Messi, aunque la realidad indica que está más cerca de encontrar el punto justo para que el equipo colabore con su lucimiento, que de condenarlo a la confusión en la que él mismo entraba en formaciones sin trabajo táctico como las de Maradona y Batista. No es que Sabella disponga de ese tiempo de laburo tan preciado para cualquier entrenador, pero se nota que el mensaje le llega a este equipo y no lo digo precisamente por el flojo partido que jugaron ayer. Si Gago agarra la pelota, si Mascherano recupera y empuja, si Di María es capaz de cargarse la responsabilidad de ser un buen ladero de Messi y los delanteros la meten como hasta ahora, hay chances de que Argentina siga creciendo gozando de Messi y no rezando por él.
El déficit sigue siendo esa bendita defensa que no termina de armarse. En ese aspecto, el tiempo y las chances de trabajo se pueden llegar a convertir en una necesidad más que un anhelo para Sabella. Lo inteligente del técnico, es que definió un esquema (línea de cuatro) e intérpretes estables para que se consiga más rápidamente el entendimiento que el escaso tiempo de trabajo no puede brindar. Ésa es la búsqueda, que si seguimos así se puede llegar a transformar en algo sin demasiada prisa. Los buenos resultados ayudan a cualquier gestión. Y los cuatro puntos que se lograron en estos dos partidos constituyeron una buena cosecha, más allá de las diferencias sustanciales entre ese equipo avasallante de Córdoba con este lleno de frialdad que se paseó como un fantasma en el Nacional de Lima.
Ganas y velocidad. Ezequiel Lavezzi fue uno de los pocos que se acercó al nivel que debe tener por su jerarquía. Se mostró como opción de desborde por las puntas y fue determinante en el gol de Higuaín. Foto: Télam
Perú 1
Argentina 1
Perú: Raúl Fernández; Luis Advíncula, Alberto Rodríguez, Carlos Zambrano y Yoshimar Yotún; Luis Ramírez, Carlos Lobatón y Rinaldo Cruzado; Jefferson Farfán y André Carrillo; y Claudio Pizarro. DT: Sergio Markarián.
Argentina: Sergio Romero; Hugo Campagnaro, Federico Fernández, Ezequiel Garay y Marcos Rojo; Fernando Gago y Javier Mascherano; Ezequiel Lavezzi, Lionel Messi y Ángel Di María; y Gonzalo Higuaín. DT: Alejandro Sabella.
Goles: en el primer tiempo, 21 min Carlos Zambrano (P) y 37 min Gonzalo Higuaín (A).
Cambios: en el segundo tiempo, antes de comenzar, Josepmir Ballón por Lobatón (P); 15 min Pablo Guiñazú por Gago (A); 29 min Enzo Pérez por Lavezzi (A); 31 min Paolo Hurtado por Carrillo (P); 41 min Paolo Guerrero por Ramírez (P) y 44 min Maxi Rodríguez por Di María (A).
Amonestados: Advíncula, Lobatón, Pizarro, Ramírez (P); Campagnaro, Di María (A).
Árbitro: Wilmar Roldán (Colombia).
Estadio: Nacional de Lima.
BAJO LA LUPA
ROMERO (7).- Atajó un penal e hizo “la de Dios” apenas iniciado el segundo tiempo para tapar un mano a mano. Suficiente para convertirse en el mejor del equipo y en responsable del punto conseguido.
CAMPAGNARO (5).- Un partido apenas discreto, tratando de fortalecer el aspecto defensivo pero sin el suficiente vuelo para aportar algo más que no sea marca.
FERNÁNDEZ (5).- Complicado ante la movilidad de Farfán y cuando Guerrero entró a quemar los pocos cartuchos que tenía por culpa de su lesión.
GARAY (5).- No estuvo a la altura de lo que se espera de un zaguero de selección. Está claro que la idea de Sabella es darle continuidad a la dupla de zagueros, pero ellos deberían aportar un poco más de jerarquía.
ROJO (4).- Más allá de su presencia aérea ofensiva, en defensa dejó huecos y descuidó sus espaldas. Complicado con las subidas de Advíncula.
GAGO (5).- Arrancó bien, pero de a poco se fue dando cuenta de que era el único que intentaba algo. Se fue perdiendo hasta que un fuerte golpe con caída incluida lo dejó afuera con traumatismo de cráneo.
MASCHERANO (6).- Vivo para dejarse caer y generar infracciones a favor, preciso en los pelotazos cruzados, algo que aprendió jugando de líbero en el Barcelona.
DI MARÍA (4).- Venía de jugar grandes partidos en el año, pero lo de anoche fue flojísimo. Fue uno de los que falló a la hora de jugar.
LAVEZZI (6).- Un par de jugadas de peligro (una de ellas tapada por el arquero) y partícipe en la jugada del gol. De lo poquito para rescatar.
MESSI (4).- El gran ausente de la noche. Inteligente Markarián en la forma en que lo marcó, pero también contó con la frialdad del mejor jugador del mundo, que pareció confundido e ido del partido.
HIGUAÍN (6).- La que tuvo fue adentro. No es poco en este fútbol de tanta necesidad de eficacia ni tampoco en el marco de un equipo con tanta pobreza en el nivel de juego.
GUIÑAZÚ (4).- Su ingreso tuvo el objetivo de enmendar lo que Gago no podía hacer. Fracasó en el intento.
PÉREZ.- Otra de las llaves que quiso utilizar Sabella para abrir el grifo del fútbol. No le dio resultado.
MAXIMILIANO RODRÍGUEZ.- El último sustituto con buen pie que tenía Sabella en el banco.