Descontento con el gobierno nacional

El reclamo se sintió en todo el país

Las expresiones fueron para rechazar la reelección, la inseguridad y el rumbo económico. Hubo protestas en Capital Federal, Córdoba, Rosario, Mendoza y La Plata.

De la redacción de El Litoral

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Una multitudinaria manifestación y cacerolazo se realizó anoche con consignas en contra del gobierno, que tuvo como epicentro la Plaza de Mayo y concentraciones en distintas ciudades del país como Córdoba, Mendoza, Rosario, San Miguel de Tucumán y La Plata. Sin identificaciones partidarias, los manifestantes comenzaron a llegar a la Plaza de Mayo poco antes de las 20 desde distintos puntos de la ciudad, con cacerolas, silbatos, botellas rellenas con monedas y otros objetos que hicieron repicar de manera constante, durante las casi dos horas que se extendió la manifestación.

“No tenemos miedo” fue una de las consignas que surgió desde una camioneta con altavoces, que iba recorriendo las inmediaciones de la Catedral, y que era repetida por los ciudadanos que aplaudían a su paso. La concentración comenzó en distintas esquinas porteñas como Acoyte y Rivadavia, y Santa Fe y Callao, desde donde comenzaron a marchar primero hacia el Obelisco y luego ingresaron por la Diagonal Norte hasta el Cabildo y se distribuyeron por la plaza.

Con una amplia proporción de mujeres y mayores de 50 años, los grupos que se acercaron a la Casa Rosada tenían una variedad de reclamos entre los que predominaron el rechazo a la re-reelección, el pedido de mayor seguridad, el rumbo de la economía y las restricciones cambiarias que se fueron endureciendo en los últimos meses.

Sin choripanes

A diferencia de las concentraciones políticas, esta vez no hubo puestos con choripanes y, en cambio, se intercalaron vendedores de manzanas acarameladas y algunos pocos que ofrecían banderas argentinas y silbatos. Mientras se realizaba la manifestación, la presidenta Cristina Fernández -principal destinataria de los insultos y críticas- permanecía en la ciudad de San Juan, donde encabezó un acto junto al gobernador de la provincia, José Luis Gioja. En medio de los reclamos, un grupo buscó superar la valla que dividía la plaza en dos sectores, aislando la Casa Rosada, y fueron disuadidos por efectivos policiales uniformados y algunos que se encontraban vestidos de civil.

“La vida no es la misma si la libertad se pierde; lo dijo el General Manuel Belgrano”, decía una pancarta de elaboración casera que sostenía una mujer de mediana edad en las escalinatas de la Catedral, mientras unos jóvenes se sacaban fotos para publicar en las redes sociales con la leyenda: “Boudou miente”.

Una mujer de 60 años reveló que uno de los principales motivos de su presencia allí era que estaba “harta de escuchar los disparates de la presidenta por cadena nacional”, además de su disconformidad por el “ritmo de la economía”.

Por momentos, se revivieron postales de las protestas realizadas en 2001 por el “que se vayan todos”, que se volvió a oír aunque con menos fuerza que en las manifestaciones que forzaron la salida del poder de Fernando de la Rúa.

No obstante, hubo cánticos de “Argentina sin Cristina”, que se mezclaron con “se va a acabar, se va a acabar, la dictadura de los K”.

/// OPINIÓN

Antes de que sea tarde

Rogelio Alaniz

Escribo sobre caliente, un riesgo que corren los periodistas y del cual los historiadores están exentos. Algunos rasgos distintivos de las movilizaciones de anoche: la espontaneidad, la independencia de cualquier facción política, la masividad y la amplitud de las consignas. Todas estas afirmaciones merecen relativizarse. Veamos. La convocatoria a través de las redes sociales ¿habilita a hablar de una movilización “espontánea”? La independencia de cualquier facción política, ¿es una virtud o un límite, un acierto del presente o una carencia del futuro? La amplitud de las consignas, ¿puede hacer perder de vista el sesgo abiertamente opositor al gobierno y el rechazo manifiesto respecto de algunas de las expresiones más irritativas de una mandataria -y sus colaboradores inmediatos-, empecinados en tirar de la cuerda más allá de toda prudencia? La masividad, ¿habilita a hablar de que el pueblo estuvo en la calle o, por el contrario, de que se trató de una manifestación de las clases medias “gorilas” ajenas al interés nacional?

Como se podrá apreciar, a la hora de las interpretaciones el abanico es amplio, porque las realidades son complejas. El oficialismo, por lo pronto, tiene motivos para preocuparse, ya que ningún gobierno en el mundo puede ser indiferente a una manifestación callejera de este volumen y modalidad. ¿Tendrá el gobierno capacidad para asimilar lo sucedido y promover los cambios necesarios? A juzgar por las declaraciones de algunos dirigentes oficialistas, la señal ha sido recogida. Curiosamente, la declaración más ambigua fue la de la presidente, quien sólo se ha limitado a decir que no se va a poner nerviosa. ¿Una confesión de templanza o una advertencia algo irónica a sus adversarios?

Los políticos opositores también deben tomar nota de lo sucedido. El voto popular les asignó ese lugar y deben preguntarse si lo están representando correctamente. En una democracia es deseable que las energías opositoras se encaucen a través de canales orgánicos. Es lo que no sucede ahora. ¿La advertencia alcanzará para despertar a algunos de ellos de esa suerte de letargo en el que están sumergidos? No lo sabemos.

Después está la cuestión de la calle. En democracia, la calle es también un escenario de lucha. Ese escenario fue ocupado anoche por una oposición social cuya beligerancia contra la presidente y sus colaboradores es evidente. ¿El oficialismo responderá con marchas de lealtad? ¿disputará la calle y evaluará las consecuencias de ese desafío? Todo está por verse.

Por último, algunas consideraciones. Sería una exageración afirmar que “el pueblo” como masa indiferenciada y unánime estuvo en la calle, pero sería faltar a la verdad ignorar que salió mucha gente. ¿Es la clase media gorila? ¿Son los nostálgicos de la dictadura? Planteado en esos términos caros a la militancia kirchnerista, las afirmaciones se parecen más a una imputación que a un dato de la realidad.

No nos engañemos. Quienes estuvieron en la calle son argentinos, más allá de cualquier consideración sociológica o ideológica, argentinos que trabajan, estudian y defienden algunos valores que el gobierno en algún momento se comprometió a respetar. Esos argentinos no son mejores que nadie, pero tampoco son menos que nadie. No sería deseable, por lo tanto, que la Argentina profundice la confrontación, pero dependerá del gobierno, de su sabiduría y prudencia, impedir que lo que hoy emerge como una señal derive en una fractura social irreversible y dolorosa.

El reclamo se sintió en todo el país

En la Plaza de Mayo porteña se dieron cita varios miles de personas.

Foto: EFE

Nerviosa no

La presidenta Cristina Fernández aseguró que “nadie” la “va a poner nerviosa” y volvió a cuestionar a los integrantes de lo que llamó la “cadena nacional del desánimo, el miedo y el pesimismo”. En declaraciones pronunciadas en San Juan anoche, mientras empezaban las movilizaciones, defendió el uso de la cadena nacional que “llega a tantos y a unos pocos les molesta”. Y por primera vez en un discurso público se pronunció a favor del proyecto oficial para habilitar el voto de los jóvenes a partir de los 16 años.

/// EL DATO

En pocas palabras

“Fue impresionante. Tal vez, el movimiento espontáneo y pacífico más grande que haya habido en estos últimos 30 años de democracia”. Mauricio Macri (PRO)

“Hubo una manifestación importante. No escuché cuáles son los planteos que están haciendo”. Aníbal Fernández (senador FPV)

“Hay una tradición y es que cuando se agota la paciencia, la ciudadanía toma la calle y se expresa”. Fernando “Pino” Solanas (Proyecto Sur)

“Fue tan pobre que no merece que hagamos una contramarcha. Es muy bueno que los ricos de Santa Fe y Callao marchen”. Luis D’Elía (ex funcionario y ex piquetero)

“La gente quiere una presidenta que se ocupe de los problemas, no una locutora”. Mario Barletta (UCR)

“Es necesario tomar nota de esta importante movilización, con cuyos fundamentos no estoy de acuerdo”. Horacio González (titular de la Biblioteca Nacional)

“No hay tiempo que perder, hay que conformar un frente de unión nacional y ver en qué estamos de acuerdo”. Francisco de Narváez (Peronismo Federal)

“La oposición tiene que tomar cuenta de todo esto. Pero los primeros que deberían hacerlo son los del gobierno”. Margarita Stolbizer (GEN)