EDITORIAL

El diálogo logró la reforma tributaria

El gobierno provincial tiene finalmente la ley de reforma fiscal que había pedido para poder afrontar el año próximo, y -además de pagar sueldos y aguinaldos- poder llevar adelante más inversiones en infraestructura y contar con mejores condiciones económicas para enfrentar la inseguridad.

 

La ley que necesitaba el gobernador Antonio Bonfatti surgió del consenso entre el oficialismo y una parte importante de la oposición. Y más allá del reclamo legítimo de sectores afectados permitió comprobar que las instituciones funcionaron y que la gobernabilidad se sostiene pese a que las dos cámaras legislativas están en manos de la oposición.

Para conseguir este objetivo, el gobernador tuvo que conversar con todos los sectores de la oposición que se mostraran permeables a la propuesta, tanto en Senadores como en Diputados.

No es la primera vez que un gobernador carece de “número” propio para obtener las leyes propuestas, pero es inédita la situación institucional de un Ejecutivo con la Cámara de Diputados en manos opositoras.

La Constitución Provincial expresa que, de los 50 diputados, 28 son del “partido que obtenga mayor número de votos” y 22 a los demás, en proporción a sus votos.

Esa norma constitucional de 1962, inspirada en el derecho italiano, buscaba asegurar la gobernabilidad del sistema político. Con un agregado: que el ganador no tuviera los dos tercios. Sin embargo, la reforma electoral -sistema de boleta única-, que responde a otra lógica, creó las condiciones para que la oposición se impusiera en esa Cámara. Fue el fin de la llamada mayoría automática.

Es difícil sintetizar la realidad política local. El gobernador electo por un frente que agrupa a socialistas, radicales y demoprogresistas tiene sólo un puñado de legisladores que le responden en ambas Cámaras. Y por otra parte, la principal fuerza opositora en la Legislatura, el peronismo, ganó sus escaños en una competencia electoral por la Casa Gris en la que llegó tercero.

Ya casi se ha olvidado que el partido que gobernó Santa Fe desde 1983 hasta 2007 logró algo más de la mitad de los votos del Frente Progresista, y que Bonfatti aventajó a Miguel Torres del Sel -del PRO- por tan sólo 61 mil votos.

Acaso esos resultados hicieron que el peronismo santafesino -kirchneristas de diversas líneas, obeidistas, ex reutemannistas y dirigentes sindicales-, crearan 9 bloques. Y que el PRO, con ingredientes peronistas, actúe generalmente con sus ex compañeros de bloque (los 9 diputados de esa fuerza ya se dividieron en tres).

Es por tanto en este cuadro de situación, con condimentos de balcanización política, que se debe evaluar el resultado de un diálogo que arribó al consenso. Deja, entre algunas sospechas y no pocas imperfecciones, una lección de convivencia política, concretada el preciso día en que una parte significativa de la sociedad argentina demandaba diálogo y más democracia en las plazas del país.