Música y ciencia ficción
Música y ciencia ficción
Nidya Mondino de Forni
Al final del Siglo XIX el cuento de horror o de fantasmas experimentó un gran avance con las aportaciones de grandes cultivadores que le imprimen profundas renovaciones en cuanto a estilo, temas y contenidos. Entre ellos, en la primera década del Siglo XX, se encuentra el escritor norteamericano Howard Philips Lovecraft (1890-1937), cuya principal referencia (según él mismo confesaba) era su compatriota Edgar Allan Poe. Lovecraft lograría sintetizar la tradición que partía de lo gótico (atmósferas de misterio, suspenso, terror, castillos, cementerios, eventos sobrenaturales, emociones desbocadas...) con la ciencia ficción.
“Creo que la escritura fantástica ofrece un campo de trabajo serio nada indigno de los mejores artistas literarios; aunque uno muy limitado, ya que refleja solamente una pequeña sección de los infinitamente complejos sentimientos humano. La ficción espectral debe ser realista y centrarse en la atmósfera; confinar su salida de la naturaleza al único canal sobrenatural elegido, y recordar que el escenario, el tono y los fenómenos son más importantes para comunicar lo que hay que comunicar que los personajes y la trama. La ‘gracia’ de un cuento verdaderamente extraño es simplemente alguna violación y superación de una ley cósmica fija, una escapada imaginativa de los ‘héroes’ lógicos (...) La razón por la cual escribo cuentos fantásticos es porque me producen una satisfacción personal y me acerca a la vaga, escurridiza, fragmentaria sensación de lo maravilloso, de lo bello y de las visiones que me llenan con ciertas perspectivas, ideas, ocurrencias e imágenes (...) Uno de mis anhelos más fuerte en el de lograr la suspensión o violación momentánea de las irritantes limitaciones del tiempo, del espacio y de las leyes naturales que nos rigen y frustran nuestros deseos de indagar en las infinitas regiones del cosmos”. (Lovecraft)
La introducción de elementos y contenidos propios de la ciencia ficción, tendría también enormes repercusiones en toda la literatura, además en el cine... y la música.
En cuanto a ella, desde sus comienzos, el grupo de rock británico, llamado Pink Floyd (1) se relaciona con el tema. La ciencia ficción, lo espacial y lo misterioso han sido constantes en su evolución. Los elementos de esta música espacial, dentro de la subterráneo y contracultural, constituyen un “viaje” a través de las mismas sensaciones presentes en la obra de Lovecraft. Ambos relatan los elementos de un mismo viaje bajo distintas claves. Un viaje alucinante presente en estructuras musicales narrativas, cargadas de contenidos oníricos. Para el escritor, el “horror cósmico” surge con la alteración de las percepciones normales del tiempo y el espacio. El tiempo se dilata y superpone como ocurre en el sueño, el espacio adquiere nuevas dimensiones: abismos, caídas a través de espacios interestelares.
El miedo que subyace en todos los relatos del norteamericano surge precisamente por la atracción que esta realidad sobrehumana ejerce sobre los protagonistas. Ese vacío, las dimensiones desconocidas, ocasionan la ambivalencia “atracción-repulsión” al suponer una ruptura total del orden lógico.
A través de sus propios materiales, la reconocida e influyente banda de rock, se acerca a todo esto. Las nociones del tiempo musical comunes al rock son alteradas por medio de grandes pausas, espacios lentos que transportan, construyendo ese clima de tensión-relajación que relata un viaje a través de distintas intensidades, siempre utilizando puntos de referencia cósmicos. Fugas hacia lo desconocido buscando siempre un efecto de miedo por choques sónicos, masas enormes que irrumpen amenazadamente o un clima creciente, el mismo que constituye un verdadero relato de fondo lovecraftiano. Las descripciones profusa y exageradamente adjetivadas del escritor se corresponden con el preciosismo y la abundancia de efectos de la banda. La existencia de realidades ocultas e infinitas, lograda por la combinación de distintas series armónicas que van desde lo experimental hasta lo clásico (coros finales), construyen una verdadera catedral sonora; “jugando siempre con analogías y volúmenes musicales, lo que Lovecraft buscó en sus relatos: la ilusión es la realidad única y la sustancia es la gran impostora” (2). El misterio posee una frialdad sobrehumana. El amor y la felicidad son omitidos por el deseo de ir más allá y por la pasión absoluta de lo desconocido. Todo se reduce al placer del viaje.
La lectura simultánea de Lovecraft y Pink Floyd demuestra que se trata de experiencias similares: oníricas y alucinantes como parte de un viaje hacia la otra cara de la realidad.
“Siempre existirá un número determinado de personas que tenga gran curiosidad por el desconocido espacio exterior, y un deseo ardiente por escapar de la morada-prisión de lo conocido y lo real, para deambular por las regiones encantadas llenas de aventuras y posibilidades infinitas a las que sólo los sueños pueden acercarse: las profundidades de los bosques añosos, la maravilla de fantásticas torres y las llameantes y asombrosas puestas de sol” (Lovecraft).
(1) Pink Floyd banda integrada inicialmente por Bob Klose, Nick Mason, Richard Wright, Roger Waters y Syd Barret.
(2) Revista “Ozono” Madrid 1977.